octubre 27, 2021
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Síndrome de la manzana

El día de hoy Gaby Vargas habla del síndrome de la manzana. ¿Qué nos ocurre al llegar a un lugar por primera vez, cuando probamos un sabor nuevo?

Síndrome de la manzana
Hombre comiendo una manzana / Ilustración / Unsplash

El día de hoy Gaby Vargas habla del síndrome de la manzana. ¿Qué nos ocurre al llegar a un lugar por primera vez, cuando probamos un sabor nuevo, cuando experimentamos algo hasta entonces desconocido y nos impacta? Nos impresionamos pero, la emoción de la novedad es efímera y nos sucede lo que al cazador hambriento al encontrarse una manzana en el camino: con la primera con la que tropezó dio brincos de felicidad; con la segunda, se alegró mucho; con la tercera sonrió; la cuarta la recogió y la echó a la bolsa de manera indiferente; la quinta y así hasta la décima las ignoró y las dejó en el suelo. Esto es algo que podríamos llamar el “Síndrome de la Manzana Diez”.

Más rápido que tarde nos acostumbramos a todo y caemos en un estado de adormilamiento. Nos desensibilizamos de tal forma del entorno que asumimos que ese entumecimiento es la manera correcta de percibir el mundo y la verdad sobre las cosas. Sólo “despertamos” en ciertas circunstancias o condiciones y con experiencias que nos transportan a estados elevados de conciencia, como en la naturaleza, con la música, el amor, la meditación o los lugares sagrados; incluso el dolor nos sacude así.

Diversas corrientes filosóficas o místicas, así como culturas antiguas, afirman que lo que experimentamos como la realidad “normal” es un estado muy limitado y que nuestra conciencia permanece “dormida” la mayor parte de nuestra existencia. De esta manera nos perdemos de apreciar y sentir una vida más plena, más rica y con mayor sentido.

Steve Taylor, el profesor de espiritualidad y ciencia de la Leeds Beckett University en Inglaterra, encuentra dos motivos o características de dicho estado:

  1. Nos sentimos separados de lo demás sin ser un todo. Nosotros estamos “aquí” y el mundo “allá”. Es decir; el yo que vive dentro de la mente está totalmente apartado del mundo exterior. Esta sensación tan fuerte crea una sensación de aislamiento y carencia terribles, que nos hacen percibirnos como incompletos e insignificantes. Lo cual se convierte en la raíz y la razón de nuestra búsqueda de obtener valía personal mediante la acumulación obsesiva de objetos, riqueza, poder y estatus. De la misma manera nos sentimos separados de nuestro cuerpo. En lugar de “esto somos”, podemos sentirlo como algo que habitamos, como un vehículo que nos transporta. A lo largo de la historia esta separación ha causado un disgusto hacia él, por ejemplo, nos hemos reprimido sexualmente.

Conoce más en la cápsula de hoy.

 

Niña / Ilustración / Unsplash
Niña / Ilustración / Unsplash