octubre 24, 2021
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A mayor edad, mayor felicidad

Cuando comenzamos a reconocer que nuestros años están limitados, cambiamos nuestra perspectiva de la vida. El horizonte de nuestra finitud nos motiva a estar más y más presentes en lo que en realidad importa.

A mayor edad, mayor felicidad
Adultos mayores / Ilustración / Pixabay

El día de hoy Gaby Vargas nos comenta que al llegar a nuestras décadas de los cuarenta, cincuenta, sesenta y ochenta sin duda nos confronta con la decisión sobre la actitud que tomaremos en los años por venir. Tenemos que optar entre crecer con sabiduría y dignidad, o bien, añorar y lamentarnos porque todo tiempo pasado fue mejor.

A las personas que han vivido la mitad de la vida y piensan que nada mejora con la edad, pues sus mejores años quedaron atrás, les tengo una noticia: las investigaciones muestran que están muy lejos de la verdad.

Se sorprenderán, querido lector y querida lectora, de que a partir de la segunda mitad de la vida, las personas estamos más contentas y satisfechas que cuando éramos jóvenes. Experimentamos emociones más positivas y menos negativas y nuestro estado emocional es más estable; además somos menos sensibles a las vicisitudes de la negatividad diaria o el estrés.

Si bien no se sabe con exactitud cuál es el rango de edad en que una persona se siente más contenta, ya que distintas investigaciones muestran diferentes resultados, la profesora en psicología Sonja Lyubomirsky, de la Universidad de California, nos dice en su libro The Myths of Happiness que tres estudios recientes confirman que esto ocurre a los 74, 75 y 79 años. Lo que sí queda claro es que los años de lozanía y juventud no sólo son los más soleados, sino muy probablemente los más negativos de nuestra vida. ¿Lo imaginabas!

¿Por qué a mayor edad, mayor felicidad?

El Centro de Longevidad de la Universidad de Stanford concluye:

  • Cuando comenzamos a reconocer que nuestros años están limitados, cambiamos nuestra perspectiva de la vida. El horizonte de nuestra finitud nos motiva a estar más y más presentes en lo que en realidad importa.
  • Las relaciones que nos interesan se vuelven la prioridad; nos deja de importar tomar riesgos o conocer a personas nuevas.
  • Apreciamos mucho más lo positivo que ocurre en nuestra vida y aprendemos a obtener más felicidad de las experiencias.
  • Reconocemos que la vida es frágil, que nada es para siempre y agradecemos los años que nos quedan por vivir.

Conoce más en la cápsula de hoy.