HÉCTOR ZAGAL

Los músicos también aman

A pesar de que Beethoven dedicó varias de sus obras a mujeres muy cercanas a él, nunca llegó el altar. Sus amores fueron pasajeros o simplemente no se concretaron

Ludwig van Beethoven.
Ludwig van Beethoven.Créditos: Foto: EFE-Ilustrativa
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Para preparar el programa de este sábado en El Banquete del Dr. Zagal, cayó en nuestras manos un libro llamado “Los clásicos también pecan” de Fernando Argenta. El libro recopila anécdotas curiosas y pícaras de la vida de músicos famosos de la historia.

Desfilan en sus páginas las excentricidades de diversos genios musicales. Se habla, por ejemplo, de los largos viajes a pie que Johann Sebastian Bach (1685-1750) solía emprender en su juventud para escuchar a los grandes músicos de su tiempo o de las condiciones poco higiénicas en las que Ludwig van Beethoven (1770-1827) escribía sus manuscritos. En efecto, Beethoven vivía y comía en unas habitaciones inmundas, con el original desbordado y restos de comida echada a perder.

El libro explora la relación entre la vida personal del artista y su música. ¿Hasta qué punto los afectos y experiencias de un autor se revela en su obra? Algunos dicen que los cambios bruscos en la música de Beethoven, que se aprecian maravillosamente en su “Sinfonía no. 5”, hablan de alguien que, al tiempo que era huraño y hermético, estaba necesitado de afecto.

A pesar de que Beethoven dedicó varias de sus obras a mujeres muy cercanas a él, nunca llegó el altar. Sus amores fueron pasajeros o simplemente no se concretaron. Aun así, gracias a una carta que encontraron en su habitación poco después de morir, se sabe que el músico sí llegó a tener un gran amor. La identidad de éste, sin embargo, es desconocida pues Beethoven sólo se refirió a ella como su “Amada Inmortal”.

El egocentrismos de Richard Wagner (1813-1883) es bien conocido, Franz Joseph Haydn (1732-1809), en cambio, el segundo era reconocido por su afabilidad. Algo muy similar se aprecia cuando comparamos la potencia de “La cabalgata de las Valkirias” con la amabilidad de muchas obras de Haydn.

El caso de Amadeus Mozart (1756-1791) es excepcional. El tipo era un genio quien, además de la música, amaba el billar. Se cree que mentalmente iba componiendo obras mientras jugaba partidas de billar. Esta habilidad creadora la tenía desde muy pequeño: a los ocho años compuso su primera sinfonía, y a los catorce, su primera ópera completa.

Mozart, sin embargo, no tenía un filtro entre lo que pensaba y lo que decía. La correspondencia con una de sus primas está salpicada de expresiones soeces, algo impropio de la época. Tradicionalmente, el lenguaje escrito, especialmente entre un varón y una mujer, no era zafio. De hecho, se sabe que Mozart compuso un canon a seis voces llamado “Leck mich im Arsch”, cuya traducción al español es bastante vulgar…. (se los dejamos de tarea).  Algunos conjeturan que tal comportamiento se debía al síndrome de Tourette, aunque esta hipótesis ya ha sido rechazada por muchos expertos.

¿Ustedes creen que todos los grandes genios tienen excentricidades? Nosotros pensamos que todos tenemos las nuestras. Lo que pasa es que, claro, con el tiempo nadie se acuerda de las de la gente común. En cambio, las excentricidades de los genios perduran y se conservan gracias a sus biografías.

¿Cuáles son sus excentricidades?

(Héctor Zagal y Oscar Sakaguchi, coautor de este artículo, conducen el programa de radio “El Banquete del Dr. Zagal)

¡Atrévete a saber! Sapere aude!

@hzagal