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Un violador serial habla desde prisión: entrevista con “El Chacal” (Parte 1/2)

A Miguel Ramírez le han llamado de todo: criminal, depravado, monstruo, pederasta. Lo único que no le han llamado es víctima

Redacción Miércoles 2 De Octubre, 2019 · 09:52 am
Un violador serial habla desde prisión: entrevista con “El Chacal” (Parte 1/2)
El mundo del niño Miguel se hizo diminuto. Entendió que en esta vida solo hay dos tipos de personas: las víctimas y los victimarios / Foto Ilustrativa
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Por Oscar Balderas

Buenos días… ¿Me podrías decir quién eres y dónde estamos?

(3) Mi nombre es Miguel Ramírez García, nací el 2 de julio de 1956. Estamos en el Reclusorio Preventivo Varonil Sur y aquí adentro me dedico a pastorear a la gente. Soy pastor cristiano… Estoy por los delitos de violación…

A Miguel Ramírez le han llamado de todo: criminal, depravado, monstruo, pederasta. Lo único que no le han llamado es víctima. Porque, ¿quién sentiría compasión por un reo que asegura ser el violador serial más depredador del México moderno?

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Pero si queremos conocer su historia, hay que hacerlo desde el principio: cuando tenía 4 años y vivía en una zona marginada del Cuautla, Morelos, de los años 50. Hijo de un hombre alcohólico y una empleada doméstica, tan pobres que lo obligaban a salir a la calle sin ropa. Esa desnudez forzada atrajo la atención de un hombre que Miguel recuerda como “Felipe”, dueño de la única tienda a la redonda. A cambio de dulces, Felipe abusaba sexualmente de él.

A los 7 años, Miguel imitó en otros niños lo que Felipe le hacía en la trastienda. Y a los 9, después de que denunció a Felipe con su papá y su mamá y a cambio recibió una paliza, huyó a la Ciudad de México para escapar del abuso. Vivió en la plaza de Garibaldi, en las alcantarillas, en los parques públicos. Creyó que la gran urbe lo protegería, pero lo devoró: aquí fue cazado por adultos que le ofrecían una sopa caliente a cambio de sexo.

El mundo del niño Miguel se hizo diminuto. Entendió que en esta vida solo hay dos tipos de personas: las víctimas y los victimarios. Y que para sobrevivir había que ser de los segundos.

Miguel apenas tenía 11 años y ya era un niño obsesionado por el sexo. Comenzó a relacionarse con niñas, mujeres y hombres de su círculo cercano o lo que él llamaba “la clientela” de la calle. Y si no podía tener sexo, lo arrebataba. Para los 16, Miguel ya había atacado a mujeres en lugares oscuros, callejones y lotes baldíos. Y antes de cumplir 20, ya había violado a sus tres hermanas. Años más tarde, violaría también a los hijos de sus hermanas.

Pero lo peor ocurrió al cumplir 24. Su adicción a la violencia sexual lo convirtió en lo que él llama un “violador de tiempo completo”. Según sus recuerdos, Miguel llegó a abusar de hasta tres personas distintas en un mismo día, en una vida desbocada por al alcohol, las drogas y su obsesión por dañar tanto las personas lo habían dañado a él desde niño. Si le preguntas, Miguel te dirá que violó a cientos de mujeres, hombres, niños, niñas…

Eran los años sin redes sociales, sin publicaciones virales con retratos hablados o modus operandi de los agresores ni cámaras de vigilancia en las calles o en los teléfonos. Además, era un tiempo aún peor para que una mujer denunciara una violación ante la policía. Todo eso ayudó a que, durante años, Miguel violara con total impunidad.

Sin embargo, incluso sin decenas de denuncias, la policía ya lo buscaba obsesivamente. Hasta le habían puesto un apodo que resonaría en las crónicas de nota roja: “El Chacal”, famoso por violento y veloz. Tan escurridizo que, técnicamente, la policía no lo atrapó: él se dejó atrapar en Coyoacán un 15 de septiembre, tras una década de romper vidas.

Aquel día, “El Chacal” supo que 4 valientes mujeres lo habían denunciado y que eso había precipitado su arresto. Y él confesó que, en realidad, eran cientos de víctimas. Cuando terminó de vomitar sus memorias, “El Chacal” se quedó solo seis días en unas galeras por el Centro Histórico y no dejó de temblar de miedo.

Un escalofrío lo paralizó cuando un policía le anunció que sería trasladado al Reclusorio Sur. “Ahí recibirás tu merecido”, escuchó.

Era tiempo de pagar por sus crímenes…