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No renunció. La 4T despidió a uno de los más grandes expertos en secuestro

A Gualberto Ramírez le habían quitado recientemente elementos altamente especializados en crimen organizado para ponerlos a combatir otros delitos que eran prioridad del presidente López Obrador

Redacción MVS Noticias Miércoles 10 De Julio, 2019 · 09:02 am
No renunció. La 4T despidió a uno de los más grandes expertos en secuestro
Gualberto Ramírez no solo conducía una de las unidades de seguridad con mejores resultados a nivel federal, sino que gozaba de una buena relación con víctimas y activistas de la sociedad civil
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Por Óscar Balderas, colaborador de MVS Noticias

Gualberto Ramírez Gutiérrez era uno de esos servidores públicos raros. Rarísimos. Al interior de la Procuraduría General de la República, ahora Fiscalía General, se le conocía como el “Hombre Maravillas“, principalmente por una proeza difícil de igualar: en plena guerra contra el narcotráfico había logrado mantenerse por tres sexenios como el titular de la Unidad Especializada en Investigación de Delitos en Materia de Secuestros de la Subprocuraduría Especializada en Investigación de Delincuencia Organizada, la poderosa SEIDO.

Lo fue con Felipe Calderón, con Enrique Peña Nieto y lo estaba haciendo con el presidente Andrés Manuel López Obrador, pero este martes se supo de su renuncia al cargo, sorprendiendo a propios y extraños: Gualberto Ramírez no solo conducía una de las unidades de seguridad con mejores resultados a nivel federal, sino que gozaba de una buena relación con víctimas y activistas de la sociedad civil que luchan contra el secuestro y hasta tenía el visto bueno del gobierno de Estados Unidos, que constantemente le becaba cursos en el extranjero.

Información relacionada: Renuncia Gualberto Ramírez a la Unidad de Secuestros de la Seido

¿Por qué una de las más veteranas autoridades en el tema de secuestro deja la Cuarta Transformación justo en una crisis de raptos? ¿Por qué ni siquiera decir que dejaba el puesto “por cuestiones personales”?

Porque no fue una renuncia, sino un despido, según fuentes cercanísimas a Gualberto Ramírez. Y detrás de ello hay una historia de traición.

Primero, contextualicemos el entorno en el que Gualberto Ramírez estaba trabajando dentro de la #4T, con una austeridad republicana que le estaba golpeando duro. No solo eran los recortes presupuestarios que rondaban el 30% que obligaban a agentes a hacer investigaciones a pie o en autobús en zonas de alto riesgo o que le impedían mejorar herramientas clave para su trabajo como el banco de voz de secuestradores que piden rescates.

A Gualberto Ramírez le habían quitado recientemente elementos altamente especializados en crimen organizado para ponerlos a combatir otros delitos que eran prioridad del presidente, como el huachicoleo. En sustitución, la unidad del Jefe Antisecuestros se llenó de novatos de los que el titular comenzó a desconfiar: veía en ellos una fuerte inclinación a corromperse por los grupos delictivos.

Pese a ello, Gualberto Ramírez seguía dando resultados. Incluso, en áreas que no se ceñían al secuestro. Él, de la mano de Omar García Harfuch, extitular de la Agencia de Inteligencia Criminal federal y hoy jefe de la Policía de Investigación de la Ciudad de México, se encargó de dar duros golpes a cárteles de la droga como Los Zetas o recientemente el Cártel de Tláhuac; uno de los operativo más exitosos fue en octubre del año pasado cuando logró la detención, sin un solo disparo, del líder de La Unión Tepito, El Pistache, y su mano derecha, El Tiger, los capos millennials del secuestro, extorsión, venta de drogas y hasta trata de personas mediante la página de explotación sexual Zona Divas.

El involucramiento de Gualberto Ramírez en temas más allá del secuestro era conocido: el hombre tenía una memoria prodigiosa, capaz de retener nombres de organizaciones criminales, integrantes, modus operandis y tácticas delictivas. Esa habilidad, cuentan allegados y enemigos, terminó por precipitar su salida del gobierno federal.

Hace unos meses, bajo su supervisión, un grupo de agentes antisecuestros peinaban la zona alta de la alcaldía Tlalpan, seguros de que ahí se escondían varias casas de seguridad. Durante los cateos, su gente se topó con un narcolaboratorio. Y al indagar más supieron que habían pisado un inmueble que se sostenía en alianza de lo que queda del Cártel de los Beltrán Leyva y Cártel Jalisco Nueva Generación.

El hallazgo era una bomba. Contenía datos altamente sensible. Gualberto Ramírez quiso mantener esa información lo más secreta posib en su círculo cercano. Pero alguien lo traicionó y filtró información. Las fuentes que han confirmado que su renuncia no fue renuncia, sino despido, dicen que la filtración tenía como objetivo que perdiera la confianza del fiscal general Alejandro Gertz Manero y que lo corrieran del puesto, un deseo compartido por muchos funcionarios que veían con malos ojos la poderosa figura en la que se había convertido Gualberto, involucrado no solo en temas de secuestro, sino en los casos de más alto perfil para el país.

Y lo lograron: Guadalberto Ramírez, el “Hombre Maravillas”, hoy está fuera. Su salida de la estrategia de seguridad se suma a la de Patricia Bugarín, veterana respetada, que dijo adiós prematuramente a la Subsecretaría de Seguridad de la Secretaría de Seguridad y Protección Ciudadana.

No renunció. Le pidieron su renuncia. Adiós al mayor experto en temas de secuestros… en plena crisis de secuestros en el país.