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Capitalismo desenfrenado y egoísmo frenan la paz: Benedicto XVI

La mañana de este martes Benedicto XVI celebró una misa en la Basílica de San Pedro del Vaticano, ante más de cuatro mil fieles, para recibir el 2013 y en la solemnidad católica de María Santísima Madre de Dios.

Notimex Martes 1 De Enero, 2013 · 12:41 pm
Capitalismo desenfrenado y egoísmo frenan la paz: Benedicto XVI
Capitalismo desenfrenado y egoísmo frenan la paz: Benedicto XVI

Al iniciar el Año Nuevo, el Papa enumeró los principales obstáculos a la paz mundial, desde una mentalidad egoísta hasta los efectos del capitalismo desenfrenado, pero dijo que los creyentes pueden superar esos flagelos con su fe.

La mañana de este martes Benedicto XVI celebró una misa en la Basílica de San Pedro del Vaticano, ante más de cuatro mil fieles, para recibir el 2013 y en la solemnidad católica de María Santísima Madre de Dios.

La ceremonia recordó también la 46 Jornada Mundial de la Paz, que la Iglesia celebra este día en todo el mundo bajo el lema: “Bienaventurados los que trabajan por la paz”.

En su sermón el pontífice constató que el mundo está marcado por focos de tensión causados por las “crecientes desigualdades” entre ricos y pobres, del prevalecer de una mentalidad egoísta e individualista expresada por un capitalismo financiero sin reglas, además de diversas formas de terrorismo y de criminalidad.

“(No obstante) estoy convencido que las múltiples obras de paz de las cuales está lleno el mundo, atestiguan la innata vocación de la humanidad a la paz”, dijo en italiano.

“En cada persona el deseo de paz es aspiración esencial y coincide, en cierta manera, con el deseo de una vida humana plena, feliz y bien realizada. El hombre está hecho para la paz, que es don de Dios”, agregó.

Estableció además que la paz es el “bien por excelencia”, que se debe invocar como don de Dios pero, al mismo tiempo, se debe construir con todo esfuerzo.

Según el líder católico, el fundamento de la paz para los católicos es la certeza de contemplar, en Jesucristo, el esplendor del rostro de Dios, y tener así, en el camino de la vida, la misma seguridad que el niño prueba en los brazos de un padre bueno y omnipotente.

“Nada puede quitar a los creyentes esta paz, ni siquiera las dificultades y los sufrimiento de la vida. De hecho, los sufrimientos, las pruebas y la oscuridad no corroen, sino acrecientan nuestra esperanza, una esperanza que no desilusiona”, apuntó.