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Todo sigue valiendo la pena

Ansiedad, anhelo, desesperación, reflexión, esfuerzo… los sentimientos que genera el “encierro” en decenas personas, esta es la historia de Juan.

Redacción MVS Noticias Miércoles 27 De Mayo, 2020 · 20:47 pm
Todo sigue valiendo la pena
Foto: Ilustrativa - Reuters
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Por: Berenice Aburto Montalvo

Historia de Juan:

Recuerdo ver las noticias locales y nacionales a finales de febrero, el virus se había propagado por algunas zonas de Estados Unidos, no sé exactamente cuándo se introdujo, pero sí que era importante. Todos tomaron precauciones, en la televisión te invitaban a resguardarte en casa, pues decían que era muy contagioso el nuevo virus. El trabajo se suspendió, ya no habría remodelaciones por el momento. Me pereció buena idea por unos días quedarme en casa, los pendientes y la ropa sucia me estaban esperando.

Un respiro fue lo que sentí, sacudí mis zapatos, lavé mis tenis e hice algunos cambios en mi departamento: ¡ya era hora de cambiar la pintura!, y la habitación vacía me pareció más atractiva en ese momento para nueva recámara.  Fue genial descansar, unas pequeñas vacaciones no me caerían mal. Todo iba bien hasta que me empezó a sobrar el tiempo, ya no tenía más tareas en que entretenerme y el aburrimiento llegó.

*Información relacionada: Un lugar común para la realidad

Las compras en el supermercado fueron una sorpresa que me paralizó, no había papel de baño, ni cereal, ni galletas, ni mi jugo favorito, las compras de pánico se hicieron presentes y me di cuenta que algo no estaba nada bien. Reconozco que en ocasiones llegué a creer que no era real la situación de contagio y muertes a causa de rumores desmintiendo la existencia del Covid-19 hasta que vi a mis vecinos aislarse; me parecía irreal, sin embargo nunca sentí tanta angustia.

Traté de distraerme en el parque por un momento, correr y mantenerme en forma pero de nada servía, al llegar a casa regresaban los dolores de cabeza y las ideas en mi mente, los días eran muy largos y nada me llenaba. Un día simplemente llegué y me recosté en medio de la sala, yo era el tapete, puse mis pies en alto y quedé profundamente dormido. Nadie estuvo para levantarme.

No sé cómo llegó el momento de quiebre, mis lágrimas salieron sin darme cuenta al ver los noticieros, preferí no hacerlo tan seguido. Creo que todo se juntó cuando parecía ir todo bien, me sentí tan solo y el saber que nadie más podía escucharme me hacía sentirlo aún más. ¿Qué hago aquí?, ¿tiene sentido estar aquí solo?, ¿valdrá la pena seguir acumulando cosas? Todas las preguntas llegaron de repente y me perdí en el momento exacto después de saber lo que quería.

Mi viaje a México se arruinó, la ilusión de ver a mis padres y amigos se prolongó una vez más pues si decidía irme, no sabía si podía regresar detrás del probable cierre de fronteras. No me arriesgué, al final de cuentas soy más útil de este lado pues ya dieron luz verde para la próxima remodelación. Sí, soy afortunado de regresar a trabajar, algunos otros no corrieron la misma suerte: supe que mi amigo de Guatemala tuvo algunos síntomas y no la estaba pasando muy bien, el tiene permiso de trabajo y puede ir a atenderse, pero muchos otros no; le tienen más miedo a la deportación que a la muerte.

El camino para el nuevo proyecto es largo, la señal del celular es bastante mala y el recorrido en auto se me hace más pesado de lo normal, más el regreso. Hace frío en mayo –que extraño-. Casi del diario llueve, en ocasiones dura todo el día y no me puedo detener a admirar las montañas, ya habrá tiempo. La comida para llevar no siempre me gusta pero al cansancio y el fastidio no me permitiría preparar nada, bueno, por lo menos puedo decidir que cenaré el día de hoy.

Saber que mis padres, mis hermanos y sobrino están bien me ayuda a mantener la calma. El mal humor me acompaña algunas veces pero prefiero eso a sentirme triste. Me rapé, tuve trastorno del sueño, comí mal, lloré, pero también reí, disfruté un pequeño momento con mi familia en Carolina del Norte y tuve paisajes hermosos en la carretera durante estos tres meses. Ahora sé que todo vale la pena: estar lejos de mi familia, las largas horas en el trabajo y en los trayectos, la necesaria pero reconfortante soledad de mi departamento, todo sigue valiendo la pena, porque si de algo estoy seguro, es que será mejor que antes.

Juan es uno de los muchos migrantes mexicanos que trabaja en el país vecino. La pandemia fue algo que le tomó por sorpresa en una nación que no es la suya, de esta manera nos relata lo que vivió durante aproximadamente tres meses esto al norte de Virginia. El distanciamiento de su familia y la falta de interacción con las demás personas lo llevaron a la desesperación en algún punto del confinamiento.

De acuerdo con cifras de la Current Population Survey (CPS),  solo hasta el 2018, 12.3 millones de personas nacidas en México residen en Estados Unidos por motivos de trabajo. Padres, hijos, sobrinos y amigos mexicanos se encuentran en esta o en una situación parecida, con pocas posibilidades de viajar a causa de la estricta movilidad impuesta por las medidas de seguridad sanitaria de ambos países.