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Angustia e incertidumbre, historia de un taxista en tiempos de Covid-19

Ansiedad, anhelo, desesperación, reflexión, esfuerzo… los sentimientos que genera el “encierro” en decenas personas, esta es la historia de Pedro.

Redacción MVS Noticias / Raymundo Rangel Miércoles 1 De Julio, 2020 · 19:07 pm
Angustia e incertidumbre, historia de un taxista en tiempos de Covid-19
Foto: Taxista en CDMX / Ilustrativa /
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Son las 4 horas 20 minutos, suena la alarma, me estiro, me levanto, me dirijo al baño, me doy una ducha y me cambio; bajo las escaleras, me dirijo al garaje, enciendo el coche para “calentarlo” y en los costados siempre tengo una franela, la que uso para limpiarlo. Una vez el taxi afuera, cierro la puerta y me persigno. Mi nombre es Pedro, así comenzaba mi jornada laboral, la cual se vio afectada por el coronavirus.

El primer pasaje del día era a las 5:00 de la mañana, iba por “El Canelo”, muy buena persona, manejaba un camión de transporte de limpia, con él platicaba de futbol, de su trabajo o bien las experiencias en mi ‘ruleteada’. Lo dejaba en su empleo a las 5:15 y a las 5:30 recogía a otro señor, no recuerdo su nombre, laboraba en un expendio de la Conasupo, él me contaba de la venta de la leche y de lo que vendían ahí, una vez que lo dejaba en su trabajo, levantaba al señor David en Nextengo, para llevarlo a la colonia Vallejo, cerca del metro Politécnico. Ahí mismo me pedía taxi “José”, a él lo llevaba al mercado de Azcapotzalco, todos eran pasajes seguros, sin embargo todo eso se acabó una vez que apareció el Covid-19.

*Información relacionada: Pedaleando en la pandemia

Recuerdo que había gente que platicaba muy bien, unas se quedaban calladas, otras hablaban solas, y claro que no faltaba la persona “desmadrosa” que de todo se está riendo. Un día un señor se subió en la Avenida de las Armas y lo llevé hasta las faldas del volcán, por Amecameca, llevaba una vestimenta de traje y zapatos de charol, estaba muy contento por hacer un negocio, decía que la gente lo quería por su dinero.

Una vez llegando al destino me llevo la sorpresa de que iba a ser padrino de una quinceañera, todos sus familiares y amigos al verlo llegar lo vitorearon y le comentaron que no había pastel, me pidió que lo llevara a comprarlo. Regresado a la fiesta le pedí que me dejara hacer del baño, ahí me percate que había dos grandes tinacos de carnitas y mucha gente, todos lo admiraban. Tras salir del baño me lavé las manos y me dio unos tacos, posterior a ello le dijo al taquero “dale ese pedazo de muslo y dale esa cebolla”, era un kilo aproximadamente, “lléveselo a su familia”, saliendo a la calle me dijo cuánto era y sacó un fajo de billetes de 500 pesos y todavía me regaló 200 más. Este era uno de los tantos pasajes que levantaba en la calle, pero también tenía mis “seguros”.

Los pasajes seguros me dejaban cerca de 160 pesos diarios, además de que no ponían en riesgo mi integridad, pues con la inseguridad era mejor ese tipo de entradas, una vez que amanecía ya levantaba a cualquier persona en la calle. Entre 9:30 y 10:30 almorzaba, iba a la casa, aunque si estaba buena la chamba no paraba, desayunaba en cualquier lado: comía tacos, tortas, lo que fuera, todo eso en diferentes lados de la ciudad, ahora con el coronavirus no sé si vaya a volver a trabajar, porque el riesgo del virus es altísimo, yo no creía al principio, tal vez poco porque estaba muy lejos (en China), hasta que empezaron a morir personas muy cercanas a mi familia, uno de ellos, mi amigo, Roberto Gamboa, con quien jugué futbol.

Desde enero la gente hablaba del virus, unos decían que era mentira y otros que era cierto, al dispararse el número de muertos en Italia la gente lo mencionaba en el taxi y aumentó más cuándo los casos crecieron en España, ahí me dio miedo, fue cuando mis hijos me pidieron que dejara de trabajar porque soy una persona de 67 años.

Recuerdo que los últimos días previo a quedarme en casa, escuchaba W Radio, Radio fórmula o bien música, me gusta mucho Pink Floyd, aunque cuando voy con pasaje lo apago, hay gente a la que no le gusta y a otra sí, pero como taxista con más de 30 años de experiencia, puedo decir que al menos conmigo la gente ha sido buena, depende mucho del trato y el servicio que tú les brindes, he tenido un solo altercado “fuerte” en todo este tiempo, todos los demás se portaron muy decentes.

Cláxones, ruidos, mentadas, niños gritando: “chicles, muéganos, cacahuates, papitas” señores diciendo “llévese su periódico”, otros conductores diciéndose de cosas, unos se bajan, se pelan, otros no más dicen y se arrancan, todo eso lo extraño.

Taxis

No me acuerdo cuál fue mi último pasaje, desde el 15 de marzo no laboro debido al riesgo que el virus implica para mí por ser un adulto mayor. Gracias a mis tres hijos hay comida en la mesa, pero extraño mi dinero, ser productivo, escuchar a la gente, sus historias, el simple hecho de salir a la calle, era bonito interactuar con la gente, aprendes a conocer, analizar y estudiar a las personas, soy ingeniero textil pero debido a la falta de oportunidades decidí optar por el taxi puesto que se gana mejor que trabajando en lo de mi carrera.

Entiendo esta situación, tengo miedo, mi familia también, ojalá esto se termine pronto. Han pasado tres meses y ya quiero salir, no mas que mis hijos no me dejan, para mí que nos llevaremos todo el año con la pandemia y no se me olvida que he perdido más de 20 mil pesos de dinero por el Sars-Cov-2 a lo largo de este tiempo.

Pedro es una, de las tantas personas afectadas laboralmente por el coronavirus y es que, de acuerdo con la Organización de Taxistas Unidos por México, estos reportan una merma de 80% en términos de su actividad productiva.

Hay que decir que miles de personas en el mundo han perdido sus trabajos a causa del Covid-19, tan solo en América Latina  47 millones de empleos se han perdido por la pandemia, de acuerdo con datos de la Organización Mundial del Trabajo.