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Judea de coras representa rito de iniciación para jóvenes

El coordinador de la organización civil Decanos de la Danza, Sergio Sartiaguín Montes, señaló que los indígenas coras fueron los últimos en ser conquistados y para cuidar su origen, asemejaron sus costumbres a las de la religión católica.

 

Notimex Viernes 3 De Abril, 2015 · 19:52 pm
Judea de coras representa rito de iniciación para jóvenes
Foto NTMX

La Judea o Sumu’uavika, la mayor celebración de la Semana Santa entre los grupos indígenas del estado, principalmente el cora, que se realiza en la sierra alta de Nayarit, representa un rito de iniciación para los jóvenes.

El coordinador de la organización civil Decanos de la Danza, Sergio Sartiaguín Montes, señaló que los indígenas coras fueron los últimos en ser conquistados y para cuidar su origen, asemejaron sus costumbres a las de la religión católica.

La Judea o Sumu’uavika es una fiesta pagana con tintes católicos, que revela la transmisión de conocimientos sobre sexualidad que ofrecen los hombres adultos a los jóvenes.

Durante la celebración, los hombres se pintan o “borran” el cuerpo y forman un ejército que simboliza demonios para sitiar las comunidades durante tres días y llevar a cabo una serie de rituales relacionados con el bien, el mal y la fecundación de la tierra.

Para los coras, “borrarse” es olvidar al humano y transformarse en un ser maligno.

La representación étnica de la Semana Santa es un complejo cultural que se desarrolla en la región del Gran Nayar, que incluye el sur de Sinaloa, el norte de Jalisco y todo el poniente de la sierra de Durango, Nayarit y Zacatecas, aunque cada pueblo tiene sus propias características.

Por ejemplo en Jesús María, en la Cora Alta, se pintan el cuerpo y usan una máscara (Xayaka); en la sierra baja de Ruiz, Acaponeta, Rosamorada no utilizan máscaras, sólo se embarran con barro la cara y el cabello.

En Santa Teresa usan un sombrero con cabello de papel como si fuera una máscara, porque lo que se trata es que no se vea la cara o la personalidad. Esta caracterización representa a los soldados malévolos de Herodes que andan buscando al niño Jesús.

Entre las prácticas de la Semana santa en Jesús María, relató Sartiaguín Montes, el miércoles por la noche se desarrolla una fiesta muy especial para fecundar la tierra, a través de la Danza de la Tortuga, donde los niños y los jóvenes adquieren los conocimientos para el sexo.

En un gran círculo cuando la Luna está en su cenit, cerca de las 22:00 horas, “el capitán”, acompañado de un pitero y un tamborilero que tocan la danza de la tortuga, empieza a bailar con movimientos eróticos; cuando él termina, los niños y jóvenes de la comunidad van repitiendo los movimientos que les indicó “el capitán”.

“Ya muy de madrugada, a los niños más chicos se los llevan al río y allá hacen unos hoyos en la tierra, llevan con ellos unas arpillas con olotes y los queman dentro”, dijo.

La mañana del jueves, todos los hombres se reúnen en unas piedras que hay en Jesús María, se les da un olote a cada quien y lo muelen con una piedra; le echan agua y esa pasta que se hace es la que utilizan para pintarse o “borrarse”.

Aproximadamente a las 07:00 horas, contó Sartiaguín Montes, los que se estaban borrando el cuerpo se reúnen en la entrada principal del pueblo para tomarlo.

Hay una leyenda en el pueblo que dice que del río sale una culebra prieta que es la que les come la personalidad y los convierte en demonios.

Para representar esto, “el capitán” saca una soga muy larga, hecha con crin de caballo y la tensan enfrente de la fila de borrados, y a la orden de éste la azotan contra el cuerpo de los hombres y caen al suelo -los tumba la culebra negra-; cuando se levantan ya son demonios y se comportan como ellos.

Una vez que son convertidos en demonios, uno de los “capitanes” encabeza una fila de borrados y suben por el cerro de San Miguel, y otra fila va por la playa del río, rodean el pueblo hasta que llegan a la iglesia, sacan al cura y a todas las personas; se queda ahí un pelotón, toma la alcaldía, sacan a las autoridades y en ese momento los borrados son ya la autoridad.

También son los encargados de vigilar que se cumplan las leyes que se imponen para esos días, por ejemplo nadie debe tocar el agua del río porque es sagrada, “si van las parejas no deben tomarse de las manos, no se deben tomar fotografías, no debes cruzarte donde pasan los borrados porque pueden lastimarte”.

“”Uno tiene que respetar el reglamento, nadie debe de transgredir ninguna de las leyes que ellos emiten y que se encuentran en papeles pegados en el pueblo, que dicen cómo debe uno comportarse; si no lo haces te detienen y te llevan a la cárcel”, advirtió Sartiaguín Montes.

En la tarde se reúnen los borrados en un lugar para tomar los alimentos que llevan las mujeres, pero que les son aventados porque “se supone que son demonios, y aquellos se pelean por la comida”, mencionó.

El viernes por la mañana, se vuelven a reunir en la playa del río San Pedro, se retocan la pintura ceremonial, pero ahora se agregan otros colores: blanco, ocre y amarillo, a través de esos colores se puede distinguir qué cargos militares tienen cada uno de ellos.

Los iniciados siguen pintados de negro, después del segundo año ya se pueden agregar colores, pero también hay símbolos en el cuerpo que dicen cuántos años tienen dentro de la Judea.

Por la tarde se reúnen en una de las calles del pueblo para combatir el ejercito del bien y del mal; hacen dos líneas y pelean con sus sables, se golpean, hasta que caen todos, escenificando que el bien destruye al mal. Una vez que ocurre esto, se levantan todos y se van a la casa principal en el barrio de San Miguel.

Aunque algunos se quedan por el pueblo haciendo desmanes vestidos de soldados, de apaches, todo eso ocurre en la noche.

El sábado por la mañana como a las 08:00 horas se abre la gloria, se quema el judas, luego todos corren al río, se avientan al agua para lavarse la pintura ceremonial y empiezan a despersonalizarse de aquellos seres diabólicos.

Poco a poco resurge el ser humano que esta detrás, las máscaras o Xayaka se desbaratan, se tiran al río; los sables se quiebran y así paulatinamente todos se empiezan a reintegrar a sus actividades.