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We dream America

Alex, un joven soldado del ejército Ucraniano, omito su apellido a petición de parte, insistió en regalarme una excursión en motocicleta por su cuidad natal, Borispol.

Lunes 10 De Marzo, 2014 · 19:25 pm
We dream America
Foto archivo

Kiev, Ucrania.-  Quedamos a las dos de la tarde en el hotel, ayer lo conocí mientras me tenían retenido en el Aeropuerto de la capital de Ucrania.

Alex, un joven soldado del ejército Ucraniano, omito su apellido a petición de parte, insistió en regalarme una excursión en motocicleta por su cuidad natal, Borispol. Ha llegado con puntualidad excesiva y trae con él a un amigo que habla un poco más de inglés, bromeamos porque ayer pasamos horas hablando gracias al traductor de Google en nuestros teléfonos móviles.

Dzhek, como Alex, es joven, tiene apenas 19 años de edad y estudia química en la Universidad por mandato de su familia, a él no le gusta la carrera ni tampoco le gusta su nombre en ruso por lo que me pide llamarle Jack, que sería, dice él, la traducción aproximada.

Para pagar sus estudios trabaja en un taxi de su papá que también es taxista.

Emprendemos el viaje a Borispol, es una ciudad a 20 kilómetros de Kiev, mientras viajamos por la carretera me preguntan si tengo hambre, es la hora de comer, ansioso por probar nuevos sabores respondo de inmediato que sí… ¿qué podemos comer?, ambos contestan al mismo tiempo: ¡McDonals!

Por un momento pienso que es una broma o que no quieren presentarme la cocina local por una cortesía de mi nacionalidad o algo así, pero no, ellos realmente están felices por comprar una Big Mac.

Cuando llegamos al Drive de McDonals me sorprende la cantidad de gente, en su mayoría jóvenes, el lugar está a reventar, nadie quiere un borsch, todos optan por una hamburguesa con papas fritas.

Compramos para llevar en el autómovil y kilómetros más tarde nos paramos a comer a la orilla de la carretera. Para ellos, la comida es un manjar.

Seguimos nuestro camino hasta el taller de motos de Alex en Borispol, me muestra la máquina en la que esta trabajando: una vieja motocicleta rusa que quedará lista cuando logre ahorrar mil dólares.

Ahí, justo cuando prende un cigarro, ambos confiesan su más grande sueño, pareciera que están pidiendo algo imposible: quieren tener una Harley-Davidson y recorrer América como en la película Harley Davidson and The Marlboro Men, al mismo tiempo en su celular se toca la canción de Bon Jovi “Dead or Alive”.

Recorremos Borispol en la moto, es un trayecto rápido que terminamos apenas en diez minutos, me invitan al lugar donde les gusta divertirse, es un café ubicado en una gasolinería a la salida de su pueblo, les gusta porque nunca cierra y porque así se sienten como motociclistas que recorren las carreteras.

Ellos dicen que aman a su país pero que estarían dispuestos a dejarlo atrás si una oportunidad se presentara, cuando les pregunto por Rusia dicen que la detestan, hacen gestos de asco, para ellos los rusos representan a las viejas generaciones.

Insisten en que no viaje a Crimea, donde están los soldados rusos, aún así me acompañan.

Mañana, el viaje a la zona Rusa.