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La Chía, además de prevenir cura enfermedades, estiman académicos de la FES Cuautitlán

En la FES Cuautitlán de la UNAM ya trabajan en la caracterización de las variedades de la salvia hispánica (chía) para probar sus diversos beneficios.

Rocío Méndez Jueves 17 De Septiembre, 2015 · 08:04 am
La Chía, además de prevenir cura enfermedades, estiman académicos de la FES Cuautitlán
Foto: Ilustración

Académicos de la Universidad Nacional Autónoma de México ya trabajan en la caracterización de las prolaminas presentes en distintas variedades de la salvia hispánica (chía), una semilla nativa de México para establecer la “huella dactilar” de la herbácea  y probar diversos beneficios, que van desde incrementar su uso comestible hasta fomentar su siembra en el territorio; la chía “es un nutracéutico”, precisan.  

En la Facultad de Estudios Superiores (FES) Cuautitlán de la UNAM, María Gabriela Vargas Martínez, en colaboración con María Andrea Trejo Márquez, de la misma entidad, y José Alfonso Hernández Gómez, de la Universidad Autónoma Chapingo (UACh), trabajan en la semilla cuyo uso y cultivo fue suspendido por la llegada de distintos cereales a partir de la conquista española.

La chía se empleó como parte de la alimentación diaria durante la época prehispánica. Sobrevivió en algunas áreas montañosas, concentradas en Acatic, Jalisco, donde se rescató su producción. Actualmente es exportada a Estados Unidos, Japón y algunos países europeos.  

Tras permanecer en el olvido, resurgió con gran fuerza en la última década debido a sus grandes propiedades nutrimentales, pues está compuesta de 19 a 23 por ciento con proteína de mejor calidad y más digerible que otros granos convencionales; mientras que de 32 a 39 por ciento se constituye de ácidos grasos omega 3, valiosos para el ser humano.  

Es rica en calcio, hierro, potasio, vitamina C, fibra y antioxidantes, más que los alimentos que destacan por dichas propiedades. Por ello es conocida como un nutracéutico, término que deriva de la combinación de las palabras nutrición y farmacéutico y que define a los comestibles que proporcionan beneficios medicinales, previenen enfermedades y, a su vez, complementan el tratamiento de las mismas.  

Desde esta perspectiva, el equipo liderado por la también encargada del Laboratorio de Desarrollo de Métodos Analíticos de la FES Cuautitlán plantea la identificación y cuantificación de los fenoles, prolaminas y ácidos grasos presentes en las diversidades de la chía.

De hecho, México es el único país en el que habitan múltiples variaciones.   Puebla, Michoacán, Jalisco y Colima son los estados a los que pertenecen los diferentes tipos analizados y que fueron sometidos a tres innovadoras técnicas: la electroforesis capilar y las cromatografías de líquidos y de gases. Éstas permitieron catalogar las variedades por su estructura y valor nutricional.  

Reportes científicos establecen que las prolaminas son proteínas únicas, pues establecen la “huella digital” del ejemplar examinado. Por esta razón, los expertos sustraen los perfiles de las prolaminas contenidas para utilizarlos posteriormente como un patrón de clasificación del genotipo de dicha especie vegetal.  

El primer paso de los especialistas fue realizar un muestreo con la ayuda de José Alfonso Hernández, quien ya había cultivado 18 muestras en la UACh (tres comerciales y 15 silvestres); cada una sembrada mediante un control en el que se atendieron condiciones como suelo, humedad y clima. El precedente fue indispensable debido a que se obtuvieron resultados fiables.

Posteriormente, llevaron a cabo una primera caracterización física con la intención de evaluar su calidad: particularizaron la morfología y color, así como la medición del peso y tamaño de las semillas. Considerados los detalles botánicos, dieron paso a la exploración química, que inició con la separación de los elementos más importantes de este alimento funcional.  

Los antioxidantes son un tópico de tendencia, fiables por los resultados benéficos en la salud humana, pues proporcionan efectos preventivos para enfermedades alarmantes —cáncer, degeneración neurológica o desórdenes inflamatorios—, padecimientos recurrentes de la población actual, relacionados a problemas cardiovasculares, o bien, son útiles para disminuir los efectos del envejecimiento.  

El consumo de la chía nos ofrece un lindero de posibilidades, incluso con un impacto positivo en el sector agrícola nacional, que se vería favorecido si su demanda interna se incrementara; también por la ganancia económica de mercados extranjeros que explotan bienes mexicanos —actualmente Australia es el mayor productor de chía—. Además, sería una solución tangible ante los problemas de desnutrición en zonas rurales, detalla la UNAM en un comunicado.