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Busca UNAM biomarcadores moleculares para diagnosticar cáncer gástrico en etapa temprana

Gonzalo Castillo Rojas, quien participa en este proyecto multidisciplinario, indicó que la mortalidad en el mundo por ese padecimiento es del 75 por ciento de los enfermos.

Rocío Méndez Viernes 27 De Diciembre, 2013 · 08:25 am
Busca UNAM biomarcadores moleculares para diagnosticar cáncer gástrico en etapa temprana

Un grupo de investigadores, médicos, endoscopistas, físicos y matemáticos de la UNAM, estudia en pacientes mexicanos la progresión del cáncer gástrico en busca de biomarcadores que permitan establecer un método de detección temprana de esta neoplasia, segunda en incidencia en el planeta.

Gonzalo Castillo Rojas, quien participa en este proyecto multidisciplinario, indicó que la mortalidad en el mundo por ese padecimiento es del 75 por ciento de los enfermos; en el año 2000, de 900 mil fallecieron entre 650 y 750 mil. En México, se observa una tendencia similar, con una mortalidad cercana al 77 por ciento.

Estadísticas de la Secretaría de Salud registraron en 2008 cinco mil 509 decesos y ese mismo año reportaron 5.2 casos ocurridos por cada 100 mil habitantes. Representa la cuarta causa de muerte entre hombres y la quinta en mujeres y la proporción es de dos varones por una mujer.

La mayor incidencia del cáncer gástrico por edad se encuentra entre los 50 y 70 años y tiene su máxima alrededor de los 60. Los factores de riesgo son la infección por Helicobacter pylori, bacteria Gram negativa que infecta al humano desde la infancia; el tabaquismo; la alta ingesta de sal; consumo de alimentos ahumados; obesidad y bajo consumo de frutas y verduras, entre otros.

En países de Asia con alta incidencia, se realiza una prueba de escrutinio para detectarlo en etapas tempranas; en Japón hay un seguimiento, vía endoscopía, desde los 20 años de edad y si se detecta, se practica una rescisión gástrica (se corta el estómago), con lo que se logra una buena sobrevivencia, ejemplificó el universitario.

En México no se practica la endoscopía en sujetos jóvenes, lo que complica la detección temprana de esa afección silente, cuya sintomatología es inespecífica; en algunos casos se presentan síntomas de dispepsia y datos clínicos de alarma, como anemia y/o vómito persistente, pérdida de peso y masa abdominal palpable, añadió el investigador de la Facultad de Medicina.

Eventualmente, reiteró, en un pequeño porcentaje de pacientes puede presentarse dispepsia (dolor gástrico, agruras, quemazón, sensación de saciedad), pero son señales inespecíficas, pues el 30 por ciento de la población general las presenta y sólo en uno o dos por ciento se ha encontrado cáncer gástrico tras una evaluación endoscópica.

Ante este problema de salud pública, Castillo Rojas y sus colaboradores buscan desarrollar, con base en biomarcadores, un método más sensible y no invasivo como la endoscopía (se introduce un tubo hacia el estómago para visualizar el órgano y tomar biopsias para estudios histopatológicos) para detectarlo en etapas tempranas.

Con los biomarcadores o marcadores biológicos (cambios medibles a nivel molecular, bioquímico o celular, que permiten localizar la presencia de la exposición al microorganismo, así como determinar las consecuencias biológicas de esta exposición) probablemente se pueda detectar a los sujetos en riesgo de desarrollar cáncer. Así, se les daría un pronóstico adecuado y seguimiento médico oportuno.

Para lograr su meta, el grupo de científicos de la UNAM estudia la progresión en pacientes de hospitales de México. Pelayo Correa, patólogo colombiano, estableció que en esa progresión, la gastritis crónica atrófica (se pierde la función de las glándulas) es una de las primera etapas precursoras de la neoplasia. Luego se desarrolla la metaplasia intestinal (cambia el epitelio) y de ahí progresa a displasia y cáncer gástrico en etapas tempranas y avanzadas.

Además, estudian a los pacientes en esas diferentes etapas para determinar perfiles de expresión génica y las alteraciones en las fases de progresión. Pretenden establecer patrones específicos y saber si en éstos hay alguna molécula que pudiera ser un biomarcador para el diagnóstico.

El biomarcador o marcador biológico, explicó, debe ser una molécula que se muestre “en altos niveles en la lesión tumoral y esté disminuida su expresión en tejido normal”; que la expresión elevada ocurra en “etapas tempranas y permanezca así durante el proceso neoplásico”; que se encuentre elevada en la mayoría de los sujetos enfermos (entre el 80 y 90 por ciento de los casos) y “expresada en la superficie celular, es decir, secretada para facilitar su detección”. Lo ideal sería que se pudiera descubrir a nivel sérico.

De igual manera, buscan saber si hay o no un biomarcador molecular que indique el riesgo-progresión en etapas tempranas para la neoplasia o al menos que revele si el paciente está en riesgo de desarrollar cáncer, para darle seguimiento o una intervención temprana.

Aún no se tiene un biomarcador molecular, aclaró Castillo Rojas; una vez que se obtengan algunas moléculas, se tendrían que hacer estudios para determinar su utilidad en clínica. “Buscamos que pueda ser detectado en una muestra de suero”.

A nivel mundial, precisó el investigador adscrito al Programa de Inmunología Molecular Microbiana de la Facultad de Medicina no se ha determinado un biomarcador como tal, el cáncer gástrico no ha sido completamente estudiado ni entendido, no se conocen claramente los mecanismos de la carcinogénesis. Se han propuesto algunos genes, pero no explican todo el proceso neoplásico.

Además, el cáncer gástrico es de origen multifactorial. Aunque la causa principal es la infección por Helicobacter pylori, depende también del tipo de población, que es diversa genéticamente y en su alimentación, por lo que recomendó evitar factores de riesgo.

En este proyecto multicéntrico participan la FM y los institutos de Matemáticas y de Investigaciones Biomédicas de la UNAM, los hospitales General de México y ABC, así como el Instituto Nacional de Ciencias Médicas y Nutrición Salvador Zubirán.

Cabe señalar que se han usado antimicrobianos para eliminar la bacteria con el fin de prevenir el desarrollo de lesiones preneoplásicas, pero los resultados han sido controversiales. “A favor y en contra, por lo que se requieren más estudios”, concluyó.