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Se respiran más de 120 bacterias vivas en el aire de la CDMX: Cinvestav

Son microbios que se mantienen viables en la atmósfera baja y se han podido dispersar; eso significaría que pueden llegar a cualquier superficie y contaminar alimentos o utensilios.

Rocío Méndez Martes 3 De Mayo, 2016 · 13:28 pm
Se respiran más de 120 bacterias vivas en el aire de la CDMX: Cinvestav
Foto: Ilustración

Con frecuencia, la Ciudad de México experimenta crisis ambientales al registrarse la presencia de altos niveles de partículas suspendidas de tipo químico en el aire; sin embargo existe otra clase de contaminantes potenciales de origen biológico en la atmósfera baja de la urbe, a los que no se les da la debida importancia.

Jaime García Mena, investigador del Departamento de Genética y Biología Molecular del Cinvestav, reporta la presencia de más de 120 bacterias diferentes en el aire que se respira en la ciudad.

Los reportes bacteriológicos médicos muestran que generalmente estos microorganismos se relacionan con enfermedades intrahospitalarias; pero no afectan a personas sanas. “No son peligrosas, siempre han existido, son parte de nosotros, de la atmósfera y entorno; generalmente un buen estado de salud nos mantiene a salvo de adquirir una infección por ellos”, aseguró García Mena.

Las bacterias presentes en el ambiente sólo podrían representar peligro en personas inmunocomprometidas o que reciben tratamiento en hospitales, si no se toman las medidas sanitarias apropiadas que eviten contaminar materiales capaces de generar una infección intrahospitalaria. Normalmente en los servicios de salud se evita la contaminación por dispersión de bioaerosoles, por el ejercicio de los protocolos de limpieza.

En el estudio “La diversidad de bacterias de la atmósfera baja de la Zona Metropolitana del Valle de México”, publicado en la revista Microbial Ecology, se registró la presencia de una diversidad de microorganismos entre los que destacan muchas bacterias que forman y no forman esporas, y se mueven en la atmósfera.

Tradicionalmente el monitoreo ambiental de la Zona Metropolitana del Valle de México (ZMVM), mide contaminantes químicos, pero en este estudio la aproximación fue diferente, se buscaron agentes biológicos vivos y se encontró que bacterias vivas no formadoras de esporas integran parte de las partículas suspendidas en el ambiente.

“La actividad humana que implica el movimiento de personas o vehículos, barrer, mover sustancias o apilar material genera un bioareosol, que contiene partículas de origen químico y biológico: es el material suspendido en la atmósfera y su concentración aumenta en periodos de contingencia”, señaló Selvasankar Murugesan, miembro del Laboratorio de Genómica Ambiental del Cinvestav, quien también participó en el trabajo.

En la ZMVM se tienen canales de aguas negras, áreas de concentración de desechos, plantas potabilizadoras a cielo abierto y las actividades cotidianas que dispersan microbios.

Además, en la zona metropolitana conviven más de 20 millones de personas que estornudan, tosen y hacen sus necesidades, entonces el aporte de bacterias, virus y hongos al ambiente es significativo, pero no hay una medición directa de eso.

La lista de microorganismos es grande, se pueden mencionar las pseudomonas, acinetobacter, estafilococos y estreptococos, entre otras bacterias sin formas resistentes conocidas.

Son microbios que se mantienen viables en la atmósfera baja y se han podido dispersar; eso significaría que pueden llegar a cualquier superficie y contaminar alimentos o utensilios.

El estudio hizo un muestreo en 67 sitios en varias zonas de la ciudad, siguiendo las rutas de transporte masivo superficial o subterráneo, usando un método que por gravedad colecta bacterias vivas del ambiente y que también informa su capacidad de desintegrar glóbulos rojos de la sangre o causar hemólisis.

El estudio hizo la caracterización de las bacterias existentes en la atmósfera baja de ciudad, que no son datos conocidos de manera común, para crear un acervo estratégico y conocer cuáles son los más predominantes, así como observar su variación a lo largo del año para detectar anormalidades en el entorno.

“La aplicación de estos datos es inmediata porque si se lograr sensibilizar a las autoridades se podría establecer un observatorio microbiológico para la ciudad, porque es necesario dar seguimiento a la presencia de las bacterias, además de los virus y hongos que se dispersan en la atmósfera”, finalizó.