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Los lugares a los que iban los difuntos de acuerdo a creencias prehispánicas

Dentro de la cosmovisión prehispánica las almas que  iban a un “más allá”(creencia de que el alma permanece aunque el cuerpo muera)iban a un cielo del inframundo acorde con el tipo de muerte que le había tocado vivir.

Orly Mazabel Frid Sábado 29 De Octubre, 2011 · 19:11 pm
Los lugares a los que iban los difuntos de acuerdo a creencias prehispánicas
Los lugares a los que iban los difuntos de acuerdo a creencias prehispánicas

Dentro de la cosmovisión prehispánica no existía la idea de premiar o castigar actos de la vida terrena, sino que el fallecido iba a un “más allá”(creencia de que el alma permanece aunque el cuerpo muera) acorde con el género de muerte que le había tocado vivir.

Tlalocan o paraíso de Tláloc, dios de la lluvia. A ese lugar iban los que morían en circunstancias relacionadas con el agua: los ahogados, los que morían por caerles un rayolos que morían por enfermedades como la gota o la hidropesía , la sarna, y los niños sacrificados al dios.

El Tlalocan era un lugar de pleno, para la paz y abundante en futos. Los muertos predestinados a Tláloc se enterraban, como las semillas, para germinar.

El Omeyocan, paraíso del sol,dónde reside  por Huitzilopochtli, el dios de la guerra.

A este lugar llegaban guerreros muertos en combate, los presos que se le sacrificaban y las mujeres que morían en el parto. Estas mujeres tenían la misma categoría que  los guerreros, ya que habían librado una gran batalla, la de dar vida, y se les enterraba en el patio del palacio, para que estuvieran con el sol desde el cenit hasta su ocultamiento por el poniente.

Dentro del sincretismo mesoamericano llegar al Omeyocan era considerado un honor y un privilegio, era considerada “la mejor de las muertes”.

El Omeyocan era un lugar de satisfacción permanente, en el que se celebraba al sol y se le festejaba con música,danzando y cantando. 

Los muertos del Omeyocan, después de cuatro años, volvían al mundo, transformados en aves de plumas coloridas e irradiaban belleza.

El Mictlán, ahí residían  quienes morían de muerte natural,y los dioses que lo habitaban eran Mictlantecuhtli y Mictecacíhuatl, señor y señora de la muerte. Era un sitio  con ausencia de luz y del cuál era imposible salir.

El camino para llegar al Mictlán era difícil y lleno de obstáculos peligrosos, para llegar a él debían transcurrir cuatro años.

Los espíritus llegaban al Chicunamictlán, lugar donde descansaban o desaparecían las almas de los muertos. Para recorrer este camino, el difunto era enterrado con un perro, el cual le ayudaría a cruzar un río y llegar ante Mictlantecuhtli, a quien debía entregar, como ofrenda, atados de teas y cañas de perfume,algodón (ixcátl), hilos colorados y mantas. Al llegar al Mictlán se les otorgaban cuatro flechas y cuatro teas atadas con hilo de algodón.

 Chichihuacuauhco, era el lugar donde estaban los niños muertos, había un árbol de cuyas ramas goteaba leche, para que se alimentaran. Los infantes que llegaban ahí volverían a la tierra cuando se destruyese la raza que vivía ,porque de la muerte renacería la vida.