'Dios mío', un viaje de emociones a través de la expresión corporal

Entrevistado a propósito de la presentación de la obra el próximo sábado en el Teatro de la Ciudad "Esperanza Iris", el director de la pieza señaló que se trata de una propuesta que está dentro de la corriente de teatro gestual contemporáneo, que él denomina teatro corporal, donde las fronteras entre la danza y el teatro se diluyen para convertirse en arte escénico.

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Con la puesta en escena “¡Dios mío!”, Shanti Oyarzabal lleva al espectador a transitar de un estado a otro mediante la expresión del cuerpo, con sensaciones y emociones que le evocarán diversas asociaciones.

Entrevistado a propósito de la presentación de la obra el próximo sábado en el Teatro de la Ciudad “Esperanza Iris”, el director de la pieza señaló que se trata de una propuesta que está dentro de la corriente de teatro gestual contemporáneo, que él denomina teatro corporal, donde las fronteras entre la danza y el teatro se diluyen para convertirse en arte escénico.

“Cada espectador se lleva cosas diferentes y la propuesta escénica trata de abarcar diferentes emociones, pero sobre todo integrar todos los elementos del hecho escénico como la voz, el movimiento, la acción, la emoción, la sensación, la escenografía, la iluminación, el sonido y la música”, comentó.

El director apuntó que la gente está acostumbrada a separar el teatro y la danza, aunque actualmente cada uno, sobre todo la danza está incursionando en el terreno del teatro.

Añadió que lleva más de 30 años “en este espacio o tierra de nadie, entre el teatro y la danza; lo que a mí me interesa es la expresión del cuerpo en el espacio y para ello utilizo elementos como la expresión sonora, el texto, el movimiento y la infinidad de posibilidades que tiene la expresión del cuerpo”.

Consideró que esta vertiente se puede definir como teatro corporal, del cual hay muy poco en México, aunque ha habido interés de muchos grupos o colegas, pero todavía no se reconoce como una disciplina específica diferente al teatro tradicional o la danza contemporánea.

Oyarzabal detalló que el elenco, compuesto por 12 actores y bailarines, están presentes todo el tiempo en el escenario y que durante los 80 minutos que dura la obra, el público va a transitar de un estado a otro sin lograr entenderla de una manera racional, por el contrario, la percibirá a través de sensaciones y emociones.

La obra está oscilando constantemente entre el orden y el caos, este último entendido como los cambios abruptos que trastocan la normalidad de las cosas a las que se está acostumbrado.

El miembro del Sistema Nacional de Creadores del Fonca indicó que esta propuesta se compone de ocho escenas entrelazadas y cada una tiene una propuesta diferente, pero la transición entre una y otra hace que la pieza se digiera fácilmente.

En este caso, dijo, la creación de la obra ha sido como un collage: juntar diferentes escenas que aparentemente están inconexas y darle un sentido propio, el cual despierta otro tipo de asociaciones en el espectador.

“Es decir, desde el principio el espectador no entiende lógicamente, pero está sintiendo lo que está pasando todo el tiempo, por eso la obra tiene una fuerza expresiva muy grande”, indicó.

Precisó que la coherencia está dada no por el texto, sino por el movimiento y la escenografía que comprende 100 abrigos que están en el techo del escenario y eso le da una consistencia a la obra, que revela lo absurdo del comportamiento humano.

“Es como un caleidoscopio de situaciones, algunas escenas son simultáneas, aparece una infinidad de sentimientos y de emociones, el espectador está transcurriendo por un viaje de emociones que van desde el pánico, la alegría y la euforia, hasta la tristeza, el cariño y la ternura; todo ese tipo de manifestaciones de sentimientos se van encadenando a través de la expresión del cuerpo”, puntualizó.