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Vacuna de la Universidad de Oxford genera anticuerpos y células T contra COVID-19

De la tinta de Arturo Barba.

Arturo Barba Viernes 18 De Diciembre, 2020 · 06:35 am
Vacuna de la Universidad de Oxford genera anticuerpos y células T contra COVID-19
Vacuna contra el coronavirus / EFE

Dos dosis en los ensayos de Fase 3 de la potencial vacuna de la Universidad de Oxford, llamada ChAdOx1nCov-19, inducen la generación de anticuerpos y células T contra el coronavirus SARS-CoV-2, informan los investigadores responsables de su desarrollo en dos artículos científicos publicados en la revista Nature Medicine de esta semana.

La potencial inmunización hecha de la proteína espiga o de pico del coronavirus genera la producción de anticuerpos neutralizantes que protegen contra la infección del coronavirus, así como la respuesta de las células T –también conocidas como linfocitos T o glóbulos blancos–, que protegen al organismo humano contra la enfermedad.

“Una dosis de refuerzo de la vacuna induce respuestas más fuertes de anticuerpos”, señala el artículo. “Estos datos respaldan el régimen de vacunas de dos dosis que ahora se está evaluando en los ensayos clínicos de Fase 3”. Katie Ewer, del Instituto Jenner de la Universidad de Oxford, señaló que este análisis de las respuestas inmunitarias de ChAdOx1nCoV-19 respalda aún más el potencial de esta vacuna para inducir protección contra la enfermedad COVID-19 y proporciona una garantía adicional de la seguridad de este enfoque.

Uno de estos artículos describe la planificación del diseño de los ensayos de Fase 3 para investigar dos programas de dosis de refuerzo: una dosis estándar seguida de una segunda dosis estándar y una dosis estándar seguida de una dosis más baja, analizada para determinar si esta estrategia podría implicar un “ahorro de dosis”.

Los investigadores detallaron que las respuestas inmunes en adultos de 18 a 55 años, hasta 8 semanas después de la vacunación con una dosis única de ChAdOx1nCoV-19 generaron una producción de anticuerpos IgG1 y IgG3, así como células T CD8. En conjunto, estos resultados sugieren un perfil inmune favorable inducido por la vacuna, que apoya su progresión en ensayos de fase 2/3 para evaluar su eficacia.

Además, los investigadores demostraron una mejor respuesta del sistema inmunológico con una dosis de refuerzo que induce respuestas de anticuerpos más fuertes que una dosis única, lo que respalda la decisión que se tomó previamente de pasar a un régimen de vacuna de dos dosis inyectables en el ensayo clínico de Fase 3.

Hace un mes, los mismos investigadores reportaron una eficacia superior al 95% de la vacuna en todos los grupos de personas inlcuidos aquellos mayores de 65 años.

Las investigaciones demuestran que la vacuna desencadena muchas funciones diferentes de los anticuerpos que pueden ser importantes en la protección contra la enfermedad. “Utilizando estas técnicas inmunológicas avanzadas, podemos comprender mejor los diferentes mecanismos de los anticuerpos que contribuyen a la protección proporcionada por esta vacuna”.

En el segundo artículo, los autores reportan una extensa investigación de las respuestas de células T y anticuerpos generadas por ChAdOx1nCoV-19. Por ejemplo, las proteínas conocidas como citocinas o citoquinas, que permiten que las células T generen “señales” de protección al resto de nuestro sistema inmunológico, lo que induce la generación de citocinas Th1 más estables, en lugar de citocinas Th2.

Los investigadores sostienen que es importante señalar la eficacia de la segunda dosis, que además de que genera reacciones secundarias mucho más leves que la primera dosis, lo que podría ser útil para reforzar el efecto de la vacuna con futuras dosis, en caso de ser necesario.

Asimismo, los científicos señalan que la potencial vacuna indujo la reacción de un subconjunto de células T, que se sabe que son particularmente eficaces para eliminar las células infectadas por el coronavirus durante la infección. Este tipo de respuesta de glóbulos blancos en combinación con el perfil de anticuerpos respalda a la ChAdOx1nCoV-19 como una vacuna segura.

Esta potencial inmunización no utiliza virus atenuados, como suele usarse en técnicas convencionales en la producción de vacunas, sino una pequeña parte del material genético del virus SARS-CoV-2 que se llama ARN, concretamente el gen que produce la glicoproteína “S” que forma las espigas o espinas –que le dan la apariencia de corona– y que usa el virus para invadir las células humanas a través de un receptor molecular que se encuentra en la superficie de las células humanas llamada enzima convertidora de angiotensina 2 (ACE2).

Para transportar esta proteína del coronavirus al interior de las células humanas se utiliza otro virus como vehículo o vector, un adenovirus modificado genéticamente que causa la gripe común y que es inofensivo.

Esta proteína de la espiga funciona como antígeno que, al ser expuesto al organismo humano, genera una respuesta del sistema inmunitario humoral, es decir, antes de que invada las células, y también una respuesta inmunológica celular una vez que invade a las células. De esta manera, cuando el organismo se expone al virus real, las células inmunitarias de la persona vacunada identifican la proteína espiga y están preparadas para combatirlo.

La Universidad de Oxford contó con recursos económicos del gobierno británico y llevó a cabo un convenio con la empresa farmacéutica trasnacional AstraZeneca para la producción de la vacuna a gran escala una vez que se obtenga, y que llamarán AZD1222.

Una parte de la maquila de una porción de la producción de esta vacuna se llevará a cabo en México a través de una filial de la farmacéutica trasnacional, y se espera que en el primer trimestre de 2021 se concluya la Fase 3 de experimentación clínica que se lleva a cabo entre 50 mil personas y se apruebe por los organismos reguladores nacionales e internacionales.

Una ventaja de esta vacuna sobre la que desarrollaron BioNTech y Pfizer es que no requiere refrigeración en ultrafrío, se puede conservar en cualquier refrigerador a 2 grados Celsius durante más de 40 días.

 

Diputados analizarán nueva ley incompleta de ciencia

La nueva propuesta de ley de ciencia y tecnología que es incompleta, que pretende concentrar decisiones en el Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología (Conacyt) y que además elimina la obligación del Estado mexicano de otorgar cuando menos el 1% del Producto Interno Bruto (PIB) a la investigación y el desarrollo tecnológico, será analizada por la Cámara de Diputados.

La iniciativa llena de intenciones carece de los “cómos” para aplicar la ley, pero tiene una única novedad: incorpora “el derecho humano a la ciencia”.

La mayor parte de las contribuciones de la comunidad científica que ha participado en consultas llevadas a cabo por el Foro Consultivo y los diputados quedaó fuera de la iniciativa y busca fortalecer el papel del propio Consejo –una institución de tercer nivel– por encima de algunas secretarías de estado como la de Educación Pública, la de Agricultura o Salud.

Cabe señalar que el Conacyt solo ejerce el 30% del presupuesto otorgado al ramo científico y tecnológico, pero con esta iniciativa se pretende otorgar facultades que invaden las decisiones exclusivas de las dependencias federales que ejercen el 70% del presupuesto al sector.

Asimismo, se elimina gran parte de la responsabilidad del Estado mexicano de impulsar la comunicación y divulgación de la ciencia, siendo un rubro vital para el acceso de la sociedad mexicana al conocimiento y es uno de los vínculos más importantes entre los diversos sectores sociales, económicos y políticos en torno a los avances científicos y tecnológicos.

La iniciativa dice que tendrá como objetivo general impulsar el avance del conocimiento y fortalecer la soberanía nacional, así como “contribuir al desarrollo integral del país y al bienestar del pueblo de México”. Como si se tratara de una graciosa concesión, el documento indica que “la política de Estado deberá salvaguardar la libertad de investigación, así como la autonomía de las universidades e instituciones públicas de educación superior autónomas”.

Asimismo, se incluye un concepto que bien podría agregar el presidente Andrés Manuel López Obrador a su diccionario de términos neoliberales y que utiliza de  manera constante la directora general del Conacyt, María Elena Álvarez-Buylla, y  que, por lo tanto, ha quedado plasmado en varios de los artículos de la iniciativa redactada desde su oficina; se trata del término “epistemología”.

Por ejemplo, en el artículo 9 se dice que el Estado fomentará “el rigor epistemológico”. La epistemología es una rama que estudia la naturaleza del conocimiento desde un punto de vista filosófico, esto quiere decir que la ley no impulsará el “rigor científico” sino que fomentará esa especialidad de la filosofía.

Urge que los diputados, con las aportaciones de la comunidad científica, modifiquen y mejoren una iniciativa llena de huecos, vaguedades, y que prácticamente no explica cómo el gobierno mexicano asumirá su responsabilidad de impulsar el desarrollo científico y tecnológico del país.

En futuras colaboraciones abordaré más elementos de esta iniciativa que, me temo, pasará sin ninguna modificación en los órganos legislativos dominados por los morenistas, lo cual resultará en graves problemas de gobernanza y financiamiento para la ciencia mexicana.

Comentarios y sugerencias: @abanav y abanav@gmail.com

*Las opiniones expresadas en esta sección son de exclusiva responsabilidad del autor y no necesariamente representan la opinión de MVS Noticias