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Uruguay: una democracia plena

De la tinta de Arturo Espinosa Silis

Arturo Espinosa Silis Miércoles 27 De Noviembre, 2019 · 10:00 am
Uruguay: una democracia plena
La robusta tradición democrática de Uruguay lo coloca como un país atípico en América Latina / Foto Reuters

En varios países de la región, y particularmente en México, estamos acostumbrados a que cuando los resultados en una elección son cerrados, empiezan un conjunto de acciones que ya se siguen casi como una fórmula, la receta para crear una conflicto postelectoral: las y los contendientes se anuncian como triunfadores, posteriormente no se aceptan los resultados, se culpa a la autoridad electoral de un fraude que nadie puede demostrar, el asunto se lleva a los tribunales correspondientes y, si al final el resultado no es el deseado, entonces se hacen movilizaciones en las calles para ejercer mayor presión social y política. La excepción a la regla en el continente: Uruguay.

La robusta tradición democrática de Uruguay lo coloca como un país atípico en América Latina. Allá los procesos democráticos se respetan, las reglas se cumplen y la determinación de la autoridad la acatan actores políticos y ciudadanía. La más reciente muestra de su naturaleza democrática la vimos el domingo pasado, cuando se llevó a cabo la segunda vuelta de la elección presidencial. Ante lo cerrado de los resultados ha sido imposible declarar un ganador de la elección, lo que llevó a que los dos candidatos que compitieron optaran por esperar los resultados oficiales, y lo mismo hicieron el resto de los actores políticos y la ciudadanía. Aunque en nuestro contexto esta situación pueda parecer extraña, en Uruguay se vive una normalidad democrática en la que se confía en las instituciones y se respeta el marco legal de la elección.

Es importante notar que esta normalidad democrática en Uruguay es de larga data. En 1927 fue el primer país del conteniente que permitió que las mujeres votaran en un ejercicio plebiscitario, y en 1932 se reconoció constitucional y legalmente que las mujeres pudieran votar en una elección nacional.

Las y los uruguayos han hecho de los ejercicios de democracia directa parte de su cotidianidad democrática: lo mismo han utilizado los referéndums y plebiscitos para aprobar su Constitución (1917) que para abandonar la dictadura (1980) o para declarar el acceso al agua potable como un derecho humano (2004). En estas últimas elecciones, mediante plebiscito rechazaron propuestas en materia de seguridad que incluían la creación de una Guardia Nacional.

Y aunque Uruguay no ha estado exento de abusos de poder por parte de sus gobernantes, de corrupción en el ejercicio de la función de gobierno, ni de las dictaduras militares que fueron la norma en el continente a mediados del siglo XX, han entendido que son los cauces legales e institucionales los que los han llevado a construir la única democracia plena del continente, en la que si no están de acuerdo con las reglas, éstas pueden cambiarse, por las vías y mediante los procedimientos constitucionales y legales, y que sí, la ciudadanía merece ser consultada sobre diferentes temas, pero siempre mediante ejercicios democráticos, llevados a cabo por la autoridad electoral bajo estándares democráticos mínimos que garanticen que la participación ciudadana sea auténtica.

En estos tiempos de transformación y de búsqueda de construir una democracia plena, vale la pena tener como ejemplo a países que ya son democracias plenas y no a quienes son regímenes híbridos o autoritarios.

@EspinosaSilis