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¿Una (nueva) historia oficial?

De la tinta de Sergio Almazán.

Sábado 21 De Septiembre, 2019 · 10:18 am
¿Una (nueva) historia oficial?
Pobre de nuestra cultura e historia que se encierra en el vicio nacionalista de su pasado. Sabiendo que la enorme riqueza mexicana incluye la híbrida expresión de sus culturas prehispánica, colonial y moderna / Foto Ilustrativa

Después de una crisis política, militar, de una guerra o un conflicto internacional toda nación que busque conciliarse con su gesta recurre a construir un relato oficial de lo acontecido. Aprovechando la circunstancia, reajusta los entramados históricos a fin de contribuir a un discurso oficial del destino de la nación.

En México, desde el siglo XIX, al finalizar la lucha de independencia se recurrió a crear un discurso oficial del acontecimiento. En 1881 recordemos que el presidente Manuel González encomienda a Vicente Riva Palacio -nieto de Vicente Guerrero e hijo de Mariano Riva Palacio– a escribir la historia de lucha en la intervención francesa, del II Imperio y del  periodo juarista con el triunfo de la República.  El resultado, un acercamiento historiográfico y un primer borrador a la creación de un relato oficial a la historia nacional, plasmado en la obra: México a través de los siglos; donde es clara la postura liberal y el cambio de discurso –de conservadores y religiosos, al crítico y liberal–. Al inicio del siglo XX la obra de Riva Palacio fue fundamental para “crear una ideología crítica a la herencia española.

Más tarde, Lucas Alamán, Enrique de Olavarría y Julio Zárate buscaron matizar aquel primer intento de construcción histórica de Nación Mexicana al borrar los juicios de valor que el propio Riva Palacio había enmarcado su enorme y profunda investigación de la cultura e historia prehispánica, colonial y liberal. Díaz retomó esta obra y junto con los “Científicos”como Manuel Romero Rubio, González Cossío, Ignacio Mariscal entre otros, reconstruyeron el discurso oficial, desapareciendo en la historiografía oficial el mundo indígena. En contraparte,  El Ateneo de la Juventud  llevó a otro terreno la propuesta: crear un discurso de oponentes, buenos y malos que trazaron la historia de México. Enarbolaron los principios revolucionarios y crearon un nuevo relato oficial de la historia patria donde el revisionismo se hizo desde el mundo prehispánico con tintes víctima de lo que se llamó “la conquista” y los tres siglos de “dominio” español hasta la independencia a cargo de un criollo y un indio que libertaron a México del yugo gachupín.  Prueba de ello, el muralismo como un discurso no sólo plástico sino didáctivo posrevolucionario que diera forma y dircurso oficial al concepto de Nación.

Un discurso oficial que “transformó” la manera de entender, trazar y comprender la historia mexicana de los contrarios, de las pugnas entre buenos y malos, traidores y libertadores. El México histórico construyó, antes que visiones críticas, “ídolos” para adorar, “perversos” para odiar y una visión victimizadora del país al que Octavio Paz refirió en El laberinto de la soledad”. La primera mitad del siglo XX las instituciones posrevolucionarias construyeron una forma legitimad del poder y la cultura nacional, las tradiciones y el discurso oficial revolucionario que descanso descarada y cínicamente en la conformación del Partido Revolucionario Institucional (PRI).

El alemanismo en la segunda mitad del siglo XX hasta el neolibaralismo salinista en que la insurrección del EZLN se rompió con el relato oficial de la historia patria sin indígenas, sin mirada a las raíces de los pueblos y las tradiciones que eran sólo un muestrario en museografías y estampas en fechas claves. En contra parte, a lo que hemos asistido en nuestros días a propósito del interés por crear un nuevo discurso oficial de la historia nacional es una sobrevaloración a la cultura desde –y casi exclusivamente– las expresiones de los grupos indígenas como revaloración del discurso de Riva Palacio; por doquier se expone, se habla, se discute, se exhibe lo indígena como el valor supremo de nuestra identidad y no cabe duda alguna, que la raíz de nuestras expresiones actuales están trazadas, en momentos definidas en las manifestaciones tradicionales de nuestros pueblos, lenguas y expresiones originarias que dan identidad.

Pero el peligro que podemos caer es el chovinismo en un mundo que se expresa internacional, diverso, colectivo, trasnacional, trasfronterizo, global. Hacer sólo un retrato reducido de lo indígena como pureza cultural, histórica y valor genuino es negarnos el proceso histórico, la trascendencia y la riqueza que la multiculturalidad, mestizaje y diálogo con otras culturas, otras civilizaciones han aportado a lo que hoy llamamos culturas híbridas.

La ceremonia del grito en nuestro país, es un claro ejemplo y la oportunidad en que un mandatario en turno pone en escena su política sobre la historia oficial que enarbola, que promueve y en el caso del actual presidente López Obrador busca construir para la posteridad. Un relato oficial de la historia patria donde el eje son las comunidades indígenas como retrato incluyente por donde se crea la paz, la política cultural, la identidad, casi de folclore en desfile de atuendos y bordados al viejo estilo oficial lopezportillista,  pero al hacerlo excluye todo lo otro que es cultura, historia y patria: las culturas urbanas, las historias modernas y neoliberales que también han enriquecido esta Nación como son las artes internacionales que ya no se ven en los museos, en las ferias o los festivales literarios o de cultura.

Pobre de nuestra cultura e historia que se encierra en el vicio nacionalista de su pasado. Sabiendo que la enorme riqueza mexicana incluye la híbrida expresión de sus culturas prehispánica, colonial y moderna. ¿Es esta la “nueva” historia oficial?

Abramos la discusión: @salmazan71