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¿Una ciudadanía moral?

De la tinta de Sergio Almazán.

Sergio Almazán 19/Ene/19 09:26
¿Una ciudadanía moral?
Andrés Manuel López Obrador, presidente de México, presentó la Cartilla Moral

En días pasado el gobierno de López Obrador presentó La Cartilla Moral como una lectura sugerida a los nuevos tiempos y la antesala de la su ideario de Constitución Moral. En un mundo dominado por la ciencia, por la tecnología y el poder, la moral, aquel conjunto de principios que definieron el actuar social, la conducta y las normas en sociedad desde lo individual y colectivo que busquen el bien. Y no habría ser humano en sano juicio que no busque el bien… ¿Por qué entonces resultó tan polémica la Cartilla en los medios y las redes sociales?

Decía la pensadora de origen sirio Ikram Antaki: “la gente más peligrosa es la que rehace la historia, que desempolva los ritos para renovarlos”. Quizá el origen del malestar cibernético de la Cartilla Moral es que se extrae de los archivos memoriosos de hace 75 años, surgida por la pluma de uno de los intelectuales más importantes de la postrevolución que fue Alfonso Reyes. En aquellos años, México debía construir su concepto de Nación después de la lucha armada de 1910; la sociedad mexicana era prácticamente analfabeta, en marcada desigualdad, vivía en pobreza y con enormes dudas sobre el concepto de política, democracia y lejos estaban los derechos humanos, la equidad de género, la diversidad sexual, religiosa, política o cultural.

Es aquí donde la buena intención termina en un fracaso de proyección. Los ideales del pasado no son las guías del presente. Es verdad, necesitamos un reordenamiento de los principios y valores que conformen el interés personal y el colectivo. Los últimos tiempos, hemos sido avasallados por la violencia, la fuerza,la discriminación, la corrupción, la inequidad, la vida en extremo, la ruptura del ecosistema y la política antidemocrática que requerimos de argumentar y definir, rehacer y reorientar el destino de lo humano.

Fernando Savater dijo hace unos años que no ha muerto la moral ni los valores, que incluso prácticamente son los mismos, el problema es quién los enseña. La lealtad, el bienestar o el amor no podría tener el mismo sentido para un sicario o un corrupto que para un luchador social o una madre. Por ello, la Cartilla Moral representa la oportunidad de una reflexión más de fondo que de formas. No es con un decálogo como se orienta, se promoverá o trazará un nuevo mexicano en ese concepto más amplio de ciudadano del mundo.

Todos, a partir de nuestros ideales, de nuestra instrucción, afinidad, intereses y principios queremos el bien. Ese concepto tan manoseado y manipulable pero que descansa en un eje: el bien es sentirme seguro con el otro. Ahí es donde la civilización, la transformación social no embona con aquello que pertenecía a los grupos pequeños, a las primeras sociedades, la civilización. La civilización nos hizo egoístas, ensimismados, por ello, el abuso, la violencia, la corrupción y la muerte fueron los ejes que nos han guiado en el fin del pasado siglo XX y parece ser el monstruo del presente: ¡el otro es nuestro enemigo!

Quizá el origen de la urticaria que nos produce la Cartilla Moral es por tres razones: 1. Nos hemos vuelto nihilistas: solo miramos por nosotros, sin respuesta ni contacto con los otros. 2. El bien se ha convertido en una empresa débil contra la transparencia del mal que nos guía con sus fantasmas y sombras. 3. Por que el otro desaparece o no se nombra: la diversidad se olvida cuando se trata de mi bien personal.

Una Cartilla Moral para el México actual deberá contener igualdad en la titularidad de garantías políticas, asistencia social pareja y una igualdad de obligaciones para acatar las leyes que la misma sociedad moderna se propone. Es decir, la Constitución Moral deberá contener los principios del ciudadano como sujeto de libertad política y responsabilidad social. El otro como eje para construir una sociedad moral.

Abramos la discusión: @salmazan71