¿Deseas recibir notificaciones?
Radio
Webcam
Buscar
Obscuro
Link Copiado
A A

Un viaje en bicicleta

De la tinta de Héctor Zagal.

Héctor Zagal Domingo 19 De Abril, 2020 · 09:08 am
Un viaje en bicicleta
En la década de los 50, el descubrimiento de Hoffman llamó la atención de investigadores del campo psiquiátrico / @alepholo

Por el momento, los viajes están relegados al ámbito de la imaginación. Leer una novela, escuchar nuestra canción favorita o seguir de cerca a los personajes de la serie televisiva del momento son una ventana a otros tiempos y lugares. Desde casa viajamos a otros mundos. Así es la vida.  Pero hoy, Día de la bicicleta, les quiero hablar sobre un viaje muy particular que ocurrió el 19 de abril de 1943. Ese día, el químico suizo Albert Hoffman (1906-2008) regresó a su casa montado en una bicicleta y bajo los efectos psicodélicos del LSD. Les cuento la historia.

Hoffman fue el primero en sintetizar la dietilamida de ácido lisérgico, o LSD para los cuates, un poderoso alucinógeno. En 1938, se encontraba estudiando los alcaloides presentes en el cornezuelo de centeno –un hongo que se hospeda en cereales y hierbas– como parte de un programa de investigación farmacéutica. Sin embargo, las propiedades del ácido lisérgico no fueron de interés y se olvidó de ellas durante unos cinco años. El 16 de abril de 1943, Hoffman volvió sobre la pista del LSD. Sin embargo, una serie de sensaciones extrañas interrumpieron su trabajo en el laboratorio. En su diario escribiría que se vio afectado por una inquietud mezclada con mareo. De vuelta en casa, mientras estaba recostado en el sillón, experimentó una “agradable ebriedad” que estimuló su imaginación. Había ingerido de manera involuntaria un poco del LSD con el que estaba trabajando, probablemente vía cutánea.

La curiosidad lo llevó a indagar más sobre las propiedades psicodélicas del LSD. Fue así que, tres días después, el 19 de abril, consumiría 0.25 mg diluidos en agua. Estaba en su laboratorio cuando se manifestaron los primeros síntomas: ansiedad, distorsión sensorial y deseos de estallar en carcajadas. Inseguro sobre lo qué ocurriría después, Hoffman pidió a sus asistente de laboratorio que lo llevara a casa. Debido a las restricciones de tiempos de guerra –aún faltaban dos años para que terminara la Segunda Guerra Mundial– el uso del automóvil estaba prohibido. Realizaron el viaje en bicicleta.

El estado de Hoffman se agravó durante el traslado. En su diario personal describió su experiencia psicodélica como una conjunción de percepciones distorsionadas, alucinaciones y ataques de pánico. Creyó que un demonio lo había poseído, que su vecina era una bruja que intentaba envenenarlo y que estaba en la antesala de la muerte. Sin embargo, estaba lo suficientemente consciente como para pedir un vaso de leche como posible antídoto contra el envenenamiento. A final de cuentas, Hoffman sabía que el cornezuelo era altamente tóxico. Temiendo lo peor, su asistente llamó a un médico, pero éste no encontró anormalidades en el pulso ni en la respiración de Hoffman. El único síntoma anormal fueron sus pupilas extremadamente dilatadas.

En la década de los 50, el descubrimiento de Hoffman llamó la atención de investigadores del campo psiquiátrico. Pero para la década de los 60, el LSD dejó los laboratorios y, lamentablemente, se volvió una droga urbana y parte de movimientos contraculturales. El anhelo de libertad de los jóvenes encontró en la experiencia psicodélica del LSD una equivocada y peligrosa ventana a otros mundos.

¿Qué opinan de este viajecito? Esperemos que pronto podamos disfrutar de viajes en bicicleta, eso sí, sin drogas de por medio. Mientras tanto, yo me quedo con los libros y con ustedes a través de mis redes.

Sapere aude! ¡Atrévete a saber!

@hzagal

*Las opiniones expresadas en esta sección son de exclusiva responsabilidad del autor y no necesariamente representan la opinión de MVS Noticias