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Un salto gigante para la humanidad (VIDEO)

De la tinta de Arturo Barba

Arturo Barba Viernes 19 De Julio, 2019 · 07:50 am
Un salto gigante para la humanidad (VIDEO)
“¡Houston, aquí Base de la Tranquilidad, el Águila ha aterrizado!”. Era la conquista por fin lograda que haría estallar la ovación de los miles de trabajadores y más de 3 mil 500 periodistas de todo el mundo reunidos en la estación espacial.

“¡Un pequeño paso para el hombre, pero un salto gigante para la humanidad!” fue la frase de Neil Armstrong que desde la Luna retumbó en 600 millones de teleespectadores en la Tierra quienes observaban en vivo la borrosa transmisión televisiva de la llegada del hombre a nuestro satélite natural, hace 50 años.

Eran las 21:56 horas en la Ciudad de México cuando se emitió la expresión más conocida en la historia de la ciencia y la tecnología. Fue el 20 de julio de 1969 cuando, luego de un viaje de tres días que le tomó al Apollo 11 recorrer los 404 mil 384 kilómetros de distancia y un día más orbitando en la Luna, Armstrong y Edwin F. Aldrin alunizarían a bordo del Módulo Lunar Águila en una zona ecuatorial llamada Mar de la Tranquilidad.

“¡Houston, aquí Base de la Tranquilidad, el Águila ha aterrizado!”. Era la conquista por fin lograda que haría estallar la ovación de los miles de trabajadores y más de 3 mil 500 periodistas de todo el mundo reunidos en la estación espacial.

Una de las fotos más famosas del Apollo 11 fue la de Buzz Aldrin en el suelo lunar. El primer módulo en alunizar fue el Águila, una versión “G”, con siete metros de alto, nueve de ancho y 15 toneladas de peso. Fotos: Cortesía de la NASA.

El Módulo Lunar se mantuvo 21.6 horas en la superficie del satélite; Armstrong y Aldrin realizaron una caminata de 2 horas 31 minutos, tiempo en el cual desplegaron la bandera estadounidense, instalaron varios instrumentos científicos y recolectaron 20 kilogramos de rocas y muestras de suelo.

En tanto, Michael Collins, desde el Módulo de Comando Columbia, se mantuvo orbitando la Luna, a la cual le dio 30 vueltas, y dirigió buena parte de las comunicaciones de los astronautas en la superficie lunar con la Tierra. En total, la aventura del Apollo 11 sería de 8 días, 3 horas con 18 minutos, del 16 al 24 de julio de 1969.

Los riesgos eran mayores y las posibilidades de éxito de la misión apenas eran del 50%. “Sabíamos que sería un gran momento, pero no sabíamos lo que podría pasar con el Módulo Lunar, pues nunca había volado ni siquiera estando en la Tierra. Había muchas cosas que apenas conocíamos y muchas que podrían haber salido mal”, mencionó Armstrong en un documento conmemorativo de la Agencia Estadounidense del Espacio y la Aeronáutica (NASA).

El lugar del alunizaje

“Aquí hombres del planeta Tierra fijaron por primera vez su pie sobre la Luna. Julio 1969 DC. Venimos en paz para toda la Humanidad”, dice una placa que se quedó con la base de aterrizaje del módulo Águila en el Mar de la Tranquilidad. Pero la Tierra no estaba tranquila, vivía en medio de la Guerra Fría donde las carreras espacial y armamentista eran arenas de una conflagración no solo entre dos potencias, sino entre dos bloques ideológicos y económicos que dividían al mundo y que marcaron el destino de la tecnología espacial del siglo XX.

Así se cumplirían los sueños predichos en infinidad de obras de ciencia ficción, como las de Julio Verne, quien un siglo antes, en su famosa obra De la Tierra a la Luna, predecía el suceso: “En cuanto a los yanquis, no abrigaban más ambición que la de tomar posesión de aquel nuevo continente de los aires para enarbolar en la más erguida cresta de sus montañas el poderoso pabellón, salpicado de estrellas de los Estados Unidos de América”.

Se conseguiría el reto trazado por John F. Kennedy en 1961, en momentos en que la Unión Soviética estaba a la delantera de la carrera espacial, luego de enviar el primer satélite artificial (el Sputnik I), a un ser vivo al espacio (la perra Laika, en el Sputnik II), y a un humano, el cosmonauta Yuri Gagarin.

“Esta nación debe alcanzar la meta antes de que termine esta década, de hacer llegar a un hombre a la Luna y regresarlo sano y salvo a la Tierra (…) Ningún otro proyecto en este periodo impresionará más a la humanidad ni será más importante para la exploración del espacio de largo alcance, y ninguno será tan difícil y costoso”, expresó Kennedy.

Ocho años y 20 mil millones de dólares después, bajo el programa Apollo de la NASA, se conseguiría el cometido y el ser humano dejaría su huella en la superficie de la Luna, marcando el inicio de una nueva etapa en la emocionante aventura espacial y una nueva era tecnológica y científica.

Siempre la Luna

Pocas cosas han maravillado tanto a la humanidad como la Luna, fuente de inspiración para la creación de historias, mitos, cultos, canciones y poemas. Los antiguos egipcios la llamaban Isis; los fenicios, Astarté; los griegos la adoraron bajo el nombre de Febe; los aztecas la conocían como Coyolxauhqui y los mayas, Ixchel.

El 20 de julio de 1969 Neil Armstrong y Buzz Aldrin dejaron sus huellas en la Luna a lo largo de más de dos horas de caminata. Foto: Cortesía de la NASA.

Diversas mitologías la imaginaron inmóvil y colgada a una bóveda de cristal, la acumulación de vapores exhalados por la Tierra, o un globo hecho de queso y habitado por un conejo. La ignorancia la culpó de cataclismos, revoluciones, terremotos, diluvios, pestes, etc.

La llegada del hombre a la Luna contribuyó a derrumbar muchos de estos mitos sobre la composición y formación de la Luna, de la Tierra y del Sistema Solar.

La clave del proyecto Apollo fueron los cohetes espaciales Saturno, desarrollados por Wernher von Braun, científico nazi que se hizo capturar por Estados Unidos durante la Segunda Guerra Mundial y quien fue artífice de los proyectiles V2.

Los Saturno V han sido los cohetes más grandes y potentes desarrollados hasta ahora, con una altura de 112 metros, un peso con combustible de más de 3 mil toneladas, y un empuje de 4 millones de kilogramos en el despegue.

Los cohetes Saturno V han sido los más grandes construidos hasta ahora, con un peso de 2 millones 267 mil kilogramos y una altura de 112 metros. Foto: Cortesía de la NASA.

El programa Apollo envió al espacio vuelos no tripulados y tripulados; tres de ellos los Apollo 7, Apollo 9 y el Apollo-Soyuz, fueron en la órbita terrestre; las misiones Apollo 8 y Apollo 10, orbitaron la Luna; y otras seis naves, las Apollo 11, Apollo 12, Apollo 14, Apollo 15, Apollo 16 y Apollo 17, llevaron a dos astronautas cada uno a la superficie lunar. El Apollo 13 tuvo averías y fracasó, aunque sus tres tripulantes regresaron con vida a la Tierra.

De esta manera, 12 son los seres humanos que pusieron sus pies en nuestro satélite natural y han podido dormir en él antes de regresar a casa: Neil Armstrong, Edwin Aldrin, Charles Conrad, Alan Bean, Alan Shepard, Edgar Mitchell, David Scott, James Irwin, John Young, Charles Duke, Gene Cernan, y Harrison Schmitt.

Una magnífica desolación

El horizonte lunar asombró de inmediato a Armstrong, era un enfrentamiento ante un territorio nunca explorado por ser vivo alguno: “Es una magnífica desolación”, exclamó. Décadas después, el legendario astronauta lo recordaría: “Me sorprendieron muchas cosas, entre ellas el horizonte lunar y la imagen de la Tierra; aunque la lógica me habría dicho que se hacen nubes de polvo al aterrizar, en la Luna no se produjo ninguna debido a la falta de atmósfera, era sorprendente la falta de polvo”.

Armstrong era licenciado en ingeniería aeronáutica y piloto de caza en la Guerra de Corea; desde el proyecto espacial Gemini mostró grandes cualidades, pues durante una prueba, con la nave fuera de control y a punto de estrellarse, con temple sereno tomó el control del aparato y la hizo aterrizar suavemente. Dicen que a partir de entonces fue seleccionado para la aventura lunar.

Dudas y mitos milenarios sobre la composición y origen de la Luna se disiparon con su llegada. Antes del proyecto Apollo, se pensaba que era simplemente una acumulación gigante de ruinas dejadas en los inicios de la formación del Sistema Solar; esencialmente, un meteorito enorme.

Cuando la Unión Soviética lanzó el Sputnik, los norteamericanos estaban en shock, los rusos los habían superado en el espacio. Tenían dos opciones: aceptar la derrota o aceptar el desafío.

Once años antes, el presidente estadounidense Dwight Eisenhower firmaría la ley de creación de la NASA (1958), que estaría dedicada no sólo a la investigación aeroespacial sino también a la educación de la ciencia y de las matemáticas, así como la enseñanza del posgrado. La comunidad científica estadounidense se uniría en esta meta.

Una vez que tocaron el suelo lunar, Neil Armstrong y Edwin Aldrin realizaron una larga serie de actividades que les tomaría más de dos horas; llevaron a cabo experimentos sobre mecánica de suelos de la Luna; analizaron restos de meteoros que la han impactado; instalaron sismógrafos, midieron los campos magnéticos y el viento solar; colectaron muestras de material lunar; tomaron fotografías panorámicas de la región cerca de la zona de aterrizaje y del horizonte lunar, entre otras.

La imagen de la Tierra desde la Luna fue la mayor atracción para los astronautas del Apollo 11. Foto: Cortesía de la NASA.

Al regresar a la Tierra, la cápsula del Comando Lunar Columbia, con los tres astronautas a bordo, se incorporó a la atmósfera a una velocidad de 40 mil kilómetros por hora y cayó sin ningún contratiempo al Océano Pacífico. Después de la cuarentena, serían recibidos como héroes por millones de personas.

La inversión realizada rindió frutos y hoy en día es posible utilizar estas aplicaciones en diversos campos como la medicina, biología, ingeniería, aeronáutica, nuevos materiales, computación e informática. Algunas de las tecnologías desarrolladas y que ahora son de uso común y se encuentran en los sistemas de purificación de diálisis y de orina, para ser reciclada; sensores para la medición de gases peligrosos; materiales de construcción que permiten ahorros de energía, y telas resistentes al fuego usadas por los bomberos y los soldados.

Comentarios y sugerencias: @abanav y abanav@gmail.com