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Tom Petty y sus westerns del Oriente

De la tinta de Sergio Zurita

Sergio Zurita Viernes 6 De Octubre, 2017 · 06:53 am
Tom Petty y sus westerns del Oriente
Tom Petty, artista de rock

En la tarde del pasado lunes circuló la historia de que Tom Petty había muerto. Luego se informó que no se podía confirmar su muerte, pero sí que había sufrido un infarto. Más tarde se dijo que estaba vivo, pero conectado a una máquina que lo mantenía respirando artificialmente, “sin respuesta cerebral”. Luego pasaron horas en las que nadie sabía nada hasta que, por fin, se confirmó su muerte.

Durante la espera, pensé que toda esa historia podía ser una canción compuesta por el propio Petty: un hombre que es declarado muerto, luego vivo, luego vivo y muerto al mismo tiempo (como el gato de Schrödinger), luego, ni vivo si muerto, sino en una especie de limbo, hasta que, por fin, muerte completamente.

Sí, sonaba a una canción de Tom Petty, el maestro de los finales abiertos y las canciones magistralmente inconclusas. Si su sonido no fuera tan norteamericano como el pay de manzana, podría pensarse que se trata de un poeta oriental, contándonos pequeñas fábulas y haciendo versos con imágenes tan poderosas, que son capaces de hablarle a cualquier persona en cualquier momento.

He aquí un ejemplo:

Dos pistoleros salieron a la calle y uno dijo:

“Yo ya no quiero pelear”.

Y el otro pistolero lo pensó y dijo:

“Sí. ¿Por qué estamos peleando?”.

Voy a tomar el control de mi vida,

Voy a tomar el control de mi vida ahora mismo.

Y la multitud que se había reunido para el duelo

Fue defraudada, todo mundo chifló y abucheó,

Y un extraño le dijo a su señora: “Éste es el último duelo

Al que me obligas a venir.

Voy a tomar el control de mi vida,

Voy a tomar el control de mi vida ahora mismo”.

Y los dos pistoleros se fueron del pueblo cabalgando y

Nunca se volvió a saber de ellos, 

Y no ha habido ningún duelo durante mucho tiempo,

Tal vez nunca, pero nadie lo sabe con certeza.

Voy a tomar el control de mi vida,

Voy a tomar el control de mi vida ahora mismo.

La canción, llamada “Two Gunslingers”, viene en el disco Into The Great Wide Open, el octavo álbum de Tom Petty & The Heartbreakers, que apareció el 1991. Todo el álbum está lleno de canciones así: westerns que más bien parecen easterns, porque si bien las anécdotas parecen ubicadas en el Viejo Oeste, la filosofía que contienen podría provenir del Lejano Oriente (tal vez por eso, Petty y el místico George Harrison se querían tanto).

La gran aportación de Petty como letrista es la austeridad, el decir más con menos. Algunas de sus letras se acercan al haikú. Los haikús son poemas de origen japonés de tan solo tres líneas. El gran maestro del haikú fue Matsuo Basho (1644-1694). Pero, como ejemplo, he aquí hay uno bellísimo de Octavio Paz:

Hecho de aire

entre pinos y rocas

brota el poema.

El disco anterior a Into The Great Wide Open fue Full Moon Fever de 1989, el primero que Petty hizo sin los Heartbreakers, que se ofendieron terriblemente. El único Heartbreaker que sí estuvo en ése y en todos los discos de Petty fue su inseparable Mike Campbell, un guitarrista que hasta Bob Dylan manda llamar a sus sesiones de grabación. Por cierto, Dylan dijo respecto a la muerte de Petty: “Estoy devastado. Para mí, Tom era lo máximo”. De hecho, hubo una gira en 1987 en la que Petty y los Heartbreakers eran el grupo de acompañamiento de Dylan.

Pero estábamos en Full Moon Fever, uno de los discos más venidos de los años 80 y uno de los 100 mejores de esa década según Rolling Stone. En ese disco viene una de las mejores canciones, no sólo de Petty, sino de toda la era del rock: la misteriosa “A Face in the Crowd”, que aborda un tema inquietante: lo difícil que resulta concebir que una persona clave de nuestras vidas haya sido, en algún momento, un desconocido:

Antes de que todo esto sucediera,

En otro lugar, en otra ciudad,

Tú eras sólo un rostro en la multitud,

Deambulando por la calle,

Un rostro en la multitud,

Salido de un sueño, caído del cielo,

Hacia mi corazón, hacia mi vida,

Y eras sólo un rostro en la multitud….

La brillante producción de Jeff Lynne hace que la canción se vuelva estremecedora, por momentos escalofriante. ¿Y si no nos hubiéramos conocido? Ese pensamiento puede ser un temor o un deseo, o ambas cosas al mismo tiempo, como Tom Petty vivo y muerto.