noviembre 28, 2021
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Testigos pendientes

Testigo viene de testiguar no en tanto persona que ha testiguado, sino en tanto que es “lo dicho de testiguar”, es decir, aquello que se depone, se declara o se afirma.

Héctor Zagal
Testigos pendientes
Testigo viene de testiguar no en tanto persona que ha testiguado, sino en tanto que es “lo dicho de testiguar” / Foto: Ilustrativa

Mientras más se repita algo, más verdadero parece; si muchos lo dicen o lo piensan, algo de verdad debe tener. Probablemente existe una razón psicológica detrás de este fenómeno. Quizás aceptamos sin chistar aquello que defiende la mayoría por una necesidad de pertenecer a una comunidad. Ir en contra de la mayaría es una posición peligrosa; “uno contra todos” fácilmente se convierte en un “todos contra uno”. Y no, este artículo no es sobre política, ni sobre partidos o bandos. Quedan ustedes, estimados lectores, como testigos de mi declaración.

Volvamos a lo repetido por muchos. No me refiero sólo a aquello que en el día a día escuchamos en boca de varias y variadas personas, sino también a aquello que una y otra vez aparece en la ‘web’. ¿Les ha pasado que buscan la fuente de alguna anécdota histórica curiosa (o dudosa) pero lo único que encuentran es que la fuente es “algunos dicen”? Tras visitar varios sitios en busca de “aquellos que dicen”, que cuenta, advertimos que se han pasado la tarea entre ellos. Unos sitios tienen escritores honestos que ponen el vínculo de  su fuente. Pero al darle ‘click’, resulta que llegamos a la página que ya visitamos más de una vez y que tiene información de otros sitios. ¿Quién le ha copiado a quién?

El trabajo de investigación científica es duro. Seguir la pista de una historia o una etimología es hacerla de arqueólogo cibernético. A veces no se llega a ningún lugar y hemos de salir del mundo virtual y acercarnos al real, al que está empolvado en estantes. ¿Les suena el diccionario Corominas? Son varios, pero el autor es el mismo, Joan Corominas (1905-1997). Si les interesa la historia de las palabras castellanas, les recomiendo sumergirse en alguno de sus diccionarios. En el mar de etimologías populares y falsas, sus diccionarios son un puerto seguro desde el cual trazar nuestra ruta de expedición. Recientemente me senté a revisar el Breve diccionario etimológico de la lengua castellana de Corominas en busca de la palabra ‘testigo’ para sacudirme la duda de si las palabras testículo y testigo realmente estaban relacionadas. Y es que la explicación más popular de por qué en castellano decimos testigo para referirnos tanto a varones como mujeres es que en la antigua Roma los varones que daban testimonio juraban por sus testículos. Hasta ahora, no he encontrado una fuente clásica que dé fe de que así juraban los varones en la antigua Roma. En cambio, sí hay registro de juramentos por Hércules y Júpiter, por ejemplo. Si el juicio tenía razones militares, se podía jurar sobre una espada en posición amenazante. Ahora, presentarse en la corte no era una cuestión viril únicamente; las mujeres también podían dar testimonio, pero juraban por su cabellera y por Cástor y Pólux. Es decir, dar testimonio no es una cuestión de testículos.

Pero, ¿por qué hay testigo y no ‘testiga’? Bueno, parece que testigo, en estricto sentido, no refiere a una persona. Testigo viene de testiguar no en tanto persona que ha testiguado, sino en tanto que es “lo dicho de testiguar”, es decir, aquello que se depone, se declara o se afirma. (Hoy, el verbo “testiguar” está en desuso, desplazado por “atestiguar). Testigo, técnicamente, es un testimonio; el resultado de la acción de testiguar. Todo esto lo pudimos haber descubierto si leíamos la entrada completa de ‘testimonio’ en el diccionario virtual de la Real Academia Española. El significado 6 de testimonio es testigo, aunque se nos advierte que este significado está en desuso.

Aunque la relación entre testigo y testículos sigue pendiente. En latín, tanto testículos como testigos son palabras homónimas. Lo cual, podrán imaginarse, se podía prestar a muchas bromas y dobles sentidos. Plauto, comediógrafo griego del siglo III a.C., bromea con la homonimia de ‘testes’, que tanto significa testigos como testículos en latín. En su comedia Anfitrión, el dios Júpiter se hace pasar por Anfitrión para acostarse con la hermosa Alcmena, esposa de éste. De esta unión nacería Hércules, pero esta es otra historia. El punto es que tras una noche de pasión con el dios disfrazado de su esposo, al día siguiente Alcmena está un poco cansada e indispuesta a repetirla. Anfitrión, que va llegando de un largo viaje, le reprocha que no quiera procurarle caricias conyugales. Alcmena le contesta que ya lo hizo ayer. Anfitrión, podrán imaginarse, sospecha de la fidelidad de su esposa. Tras enfrentarla, Alcmena, juguetona, pone como testigos de lo acontecido la noche anterior a los testículos de su esposo. Esto podría dar pie a pensar que los testículos son pieza importante de un juicio.

Los testículos pueden ser testigos, pero los testigos no dependen de los testículos.

Sapere aude! ¡Atrévete a saber!

(Héctor Zagal y Karla Aguilar, coautores de este artículo, son conductores del programa de radio “El Banquete del Dr. Zagal”.)

@hzagal

*Las opiniones expresadas en esta sección son de exclusiva responsabilidad del autor y no necesariamente representan la opinión de MVS Noticias