¿Deseas recibir notificaciones?
Radio
Webcam
Buscar
Obscuro
Link Copiado
A A

Té, chá y un voto espiritual

De la tinta de Héctor Zagal.

Héctor Zagal Domingo 11 De Octubre, 2020 · 07:00 am
Té, chá y un voto espiritual
Hoy Héctor Zagal nos pregunta ¿Qué prefieren: té o café? ¿O aceptan con gusto cualquiera de los dos? / Foto: Casa Perris

¿Qué prefieren: té o café? ¿O aceptan con gusto cualquiera de los dos? Creo que elegir una bebida u otra depende del estado de ánimo, de la hora del día, del clima. En México probablemente seamos más cafeteros, pero ¿quién le haría el feo a un té de manzanilla? Ahora, sin afán de corregir a nadie, en estricto sentido el té de manzanilla no es té, sino una tisana. Sólo puede llamársele té a una infusión de hojas y brotes de la plante del té, Camellia sinensis, originario de Asia oriental. Sería hasta 1560, gracias al portugués Gaspar da Cruz, que Europa tendría noticias del té. Sin embargo, en los escritos del padre Da Cruz el té era llamado chá. Ambas palabras son populares actualmente. ¿Saben de qué depende esta variación? Les cuento.

Aunque hay excepciones, puede decirse que existen dos maneras de referirse al “”. Un caso es “” en español, similar a “tea” en inglés, “tee” en alemán y “thee” en neerlandés. Otra manera es, por ejemplo, “chay” en ruso, similar a “chá” en portugués y “chaay” en hindi. Ambas versiones provienen de China, pero la dicotomía lingüística se debe a las dos rutas comerciales de las hojas de té: por tierra y por mar. Aquellas palabras que son similares a “té” se diseminaron por el mundo gracias al comercio marítimo de los holandeses. En cambio, las palabras similares a “chá” han recorrido el mundo por tierra. El  carácter chino para “té” y “chá” es el mismo, sin embargo, su pronunciación varía según la región.

La pronunciación “chá” era ocupada por las regiones de la Ruta de la seda, y eventualmente se transformó en el “chay” persa, desde donde se diseminó tanto hacia Europa del Este como hacia la costa oriental de África. En cambio, la pronunciación similar a “té” proviene de las costas del sureste asiático. Esta pronunciación llegó a Europa gracias al comercio holandés con China en el siglo XVII. Así, los lugares a donde llegó el té vía marítima lo conocieron con la pronunciación “té”, propia de la región de Fujian. La excepción es el portugués pues aunque también Portugal comerció con China vía marítima –aún antes que los holandeses–, lo hizo con la región de Macao, donde el carácter chino para té era pronunciado “chá”. Una de las excepciones a las dos maneras comunes para referirse al té es “lakphak”, en birmano, pues en Birmania el té crece naturalmente.

Así como el café empezó a ser apreciado gracias a la energía que proporcionaba, así también el té. Cuenta la leyenda que el té fue descubierto alrededor del 2 700 a.C. en China. Cuentan que el emperador Shen Nung, preocupado por consumir agua limpia, insistía en que toda el agua que bebiera fuera hervida antes. Cuando al agua estaba a punto de hervir, unas hojas de un árbol cercano cayeron en la taza del emperador, dándole al agua un extraño color marrón. El emperador, intrigado, decidió probar el brebaje. Después de unos sorbos, cesaron los dolores y achaques que habían estado molestando al emperador. Una suerte de frescura y vitalidad llenó al emperador. Así, cuenta la leyenda, se descubrieron las bondades del té.

Otra leyenda cuenta  que el príncipe hindú Bhodidharma –conocido en China como Ta-mo, y Daruma, en Japón– viajó desde el sur de la India hacia China para predicar el budismo. Antes de iniciar su viaje, el príncipe se prometió a sí mismo que no dormiría durante nueve años, mismos en los que se dedicaría a predicar y meditar, no más. Después de cinco años, el príncipe estaba dando las últimas. Tambaleándose por el camino, decidió masticar unas hojas de un árbol cercano. Resultó que el árbol era de té y las hojas le dieron la energía suficiente para cumplir con su promesa. Desde entonces no sólo predicaba las bondades del budismo y la meditación, sino también las del té.

Otra versión cuenta que el príncipe Bhodidharma se quedó dormido mientras meditaba y soñó con la mujer a la que había amado antes de emprender su viaje espiritual. Sintiéndose culpable por haberse dormido, el príncipe se arrancó los párpados y los enterró en la tierra. Nunca más volvió a pegar el ojo… Tiempo después volvió a pasar por el lugar donde había mutilado su rostro y descubrió que donde había enterrado sus párpados, había crecido un árbol. Cortó algunas de sus hojas, las masticó, y sintió cómo un golpe de energía recorría su cuerpo.

¡Auch!

Sapere aude! ¡Atrévete a saber!

@hzagal

*Las opiniones expresadas en esta sección son de exclusiva responsabilidad del autor y no necesariamente representan la opinión de MVS Noticias