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Soy Misógino feminista

De la tinta de Sergio Almazán. 

Sergio Almazán Sábado 25 De Noviembre, 2017 · 09:30 am
Soy Misógino feminista
Foto: Ilustración

La frase se la he robado a Carlos Monsiváis quien con este oxímoron ­–unión de palabras o conceptos contrarios– definía una postura y compromiso vital con, hacia y por las mujeres. El cronista era un feminista declarado, fuera del clóset. Su lucha por la diversidad sexual, de género, de expresiones y culturas la manifestó en escritos, en la calle y activismo. Algo de lo cual nuestra educación masculina escapa con bastante frecuencia en su discurso, educación y práctica. En los medios, en las escuelas, en la política, en la sociedad y la cotidianidad la misoginia se expresa; la discriminación a las mujeres o a lo femenino son parte del discurso en los chistes, las conductas y los discursos.  Ante y contra esas formas me he manifestado sin violencia, me empeño en mi trabajo diario por erradicar, no solapar y denunciar actos misóginos, homofóbicos y sexistas.  Me declaro misógino feminista.

Quiero convocar desde estas líneas a conformar el colectivo misógino feminista, como un grupo a favor de la integración, el cuidado, respeto y preservación de la vida de las mujeres en este país y de las expresiones libres de discriminación, rechazo o violencia a grupos “minoritarios”. Comenzando por evitar que nuestras hijas, madres, hermanas, primas, esposas, amigas, vecinas, compañeras de trabajo vivan violencia en casa, en la escuela,  empresas y en la calle. Me lastima sumar desaparecidas, asesinadas, violentadas en cuartos de hotel por el novio, la pareja o un familiar. Escuchar y ver fotos en las redes sociales de mujeres que a nombre del amor, en manos de sus parejas pierden la vida y la sanción pública sea para ellas. Que se justifique la violencia, la muerte, la agresión a las mujeres sólo por el hecho de salir de casa, de aceptar un encuentro casual, de habitar el espacio público. Que las mujeres juzguen, critiquen, descalifiquen, sancionen conductas de otras mujeres sólo por el hecho de romper el silencio, de salir al espacio social y público o por ejercer una actividad laboral distinta. Nada justifica el asesinato de  mujeres o de hombres que viven diferente el amor, la sexualidad y la libertad.

Desde hace 36 años que América Latina marcó como el 25 de noviembre Día Internacional de la Eliminación de la violencia contra la Mujer, en Bogotá, Colombia en el Encuentro Feminista Latinoamericano y del Caribe en memoria y conmemoración a las tres hermanas Mirabal que fueron brutalmente asesinadas por los esbirros del régimen trujillista en República Dominicana en 1960. Pasarían 40 años en que su ejecución fuera asumida por Naciones Unidas como una propuesta de reivindicación y declarara el 25 de noviembre como día para trabajar con los países en reflexiones y políticas que protejan y garanticen la vida, la paz y el desarrollo sin violencia de las mujeres en el mundo.

En este día se presenta  el informe parte del Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) donde México y Centroamérica (Honduras, El Salvador y Guatemala) en este 2017, son las regiones más violentas del mundo contra las mujeres sin estar en guerra. Señala la ONU, estamos en niveles de crisis severa con respecto al feminicidio, ya que dos de cada tres mujeres en América Latina mueren a causa de su género.

Por su parte, los datos oficiales del INEGI en la última década en nuestro país, no son alentadores: han sido asesinadas 22 482 mujeres, es decir cada 4 horas ha muerto una mujer, ya sea niña, adolescente, mujer adulta o anciana a causa de la violencia. Esa muerte es consecuencia de ser mutilada, asfixiada, ahogada, ahorcada, degollada, quemada, apuñalada, o por impacto de bala. Y esto ocurre mayormente en el centro del país: Ciudad de México, Estado de México, Guerrero, Hidalgo, Morelos, Puebla y Tlaxcala que concentra el 35% de los casos de feminicidios.

Es la casa, el parque, el trabajo, la transporte público, hoteles y la calle los lugares donde se cometen estos delitos y asesinatos a las mujeres. Es decir, no hay lugares seguros para las mujeres en México. Como tampoco el registro está completo porque a veces las familias no denuncias estos tipos de agresiones y asesinatos por vergüenza, las autoridades tipifican de delitos no graves por ser cometidos por su pareja o llegan los jueces a declararlos como no intencionados o suicidios. Dejan en total desamparo a la familia de las mujeres asesinadas.

No estamos llegando a los primeros 20 años del siglo XXI con mejores condiciones de vida, inclusión y desarrollo para las mujeres en el mundo. Estamos frente a escenarios en retroceso, donde la violencia entre géneros se dispara. Se suman a la violencia contra las mujeres, los grupos “minoritarios”: homosexuales, travestis, transexuales, transgénero, la niñez y los pobres. Es decir, viejos temas sociales en nuevos mundos… Por ello, convocó a conformar el frente Misógino feminista. Por lo pronto cuidemos la vida de las mujeres de nuestra casa, familia, escuela y trabajo. Ése puede ser un buen inicio.