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Soul y la chispa de vivir

De la tinta de Héctor Zagal.

Héctor Zagal Domingo 17 De Enero, 2021 · 07:00 am
Soul y la chispa de vivir
La historia de Soul nos muestra un Gardner esforzado, comprometido con su música y piano, escribió Héctor Zagal / Foto: Archivo

¿Ya vieron la película ‘Soul’ de Pixar? Se estrenó vía ‘streaming’ el 25 de diciembre del año pasado. Si no la han visto, les advierto que vienen algunos ‘spoilers’. La historia nos acerca a la vida de Joe Gardner, profesor de música en una secundaria pública de Nueva York. Aunque Gardner tiene un empleo estable, su sueño es ser un músico de jazz. Sin embargo, no ha tenido suerte. Su madre aprovecha cualquier oportunidad para convencerle de que es preferible tener seguridad económica que perseguir su sueño. Justo cuando está a punto de ceder, a Gardner le llega su oportunidad de unirse a una banda de jazz. Como la vida no es toda color de rosa, ese mismo día Gardner muere. O casi. La buena noticia es que Gardner descubre que sigue existiendo después de su mortal accidente, pero la mala es que va directito hacia el “Gran Después”. El mejor día de su vida también fue el último.

Intentando escapar de este destino, Gardner va al “Gran Antes”, donde las almas se preparan antes de llegar a la Tierra, a la vida. Allí las almas adquieren ciertos rasgos de personalidad, aficiones y habilidades. Sin embargo, sólo pueden viajar a la Tierra hasta que encuentren su “chispa”. Gardner se hace pasar por un instructor (sí, en el Gran Antes hay almas viejas que ayudan a las nuevas a completar su entrenamiento para vivir) para agandallarse el pase a la Tierra de su alma pupila. Pero no todo es tan fácil, pues le toca instruir al alma más difícil de todas: 22. Esta alma ha estado en el Gran Antes durante milenios, sin que nadie haya podido ayudarle a encontrar su chispa. Lleva tanto tiempo preparándose para vivir que ha experimentado de todo: ser astronauta, bombero, músico, médico, bibliotecario, abogado, etc. Pero no encuentra su chispa.

El resto de la película seguimos a Gardner y a 22 en la Tierra. El primero conseguirá unirse a la banda de jazz; pero, por alguna razón, no se siente satisfecho. 22, en cambio, descubre el placer de vivir. Y entonces, sólo entonces, 22 está lista para vivir.

La película juega con la diferencia entre la “chispa” de vivir y los objetivos. Veamos: el objetivo de Gardner es formar parte de una banda de jazz, pero cuando lo consigue, resulta que no es como lo imaginaba. ¿Por qué? A lo largo de la película vemos que Gardner, tan absorto en su objetivo, como un caballo de carreras con anteojeras, pasaba de largo ante la oportunidad de hablar con su madre para pedirle su apoyo y confianza, no disfrutaba el talento de sus alumnos, su experiencia de la amistad era superficial y ya ni siquiera se detenía a disfrutar el sabor de la pizza. ¿Alguna vez se han descubierto tan apresurados por reemprender el trabajo o tan preocupados por alguna situación, que comen de manera, digamos, automática? Claro que la vida está atravesada por conflictos que merecen nuestra atención, sin embargo, me parece que la cuestión no es desaparecer el conflicto o ignorarlo, sino evitar que éste nos consuma de tal manera que dejemos de vivir. Mejor dicho, que dejemos de ser conscientes de que estamos vivos, de que respiramos, que la comida tiene sabores deliciosos, que una charla sincera con un amigo nunca es tiempo mal invertido, que no hay dos atardeceres iguales.

Algunos han querido ver en esta película una suerte de oda a la mediocridad porque deja de lado la cuestión del éxito y del trabajo. No me lo parece. La historia misma nos muestra un Gardner esforzado, comprometido con su música y piano. Es decir, los objetivos no están peleados con el gozo de las pequeñas cosas, como a veces solemos llamarles. No es que disfrutar plenamente el café de la mañana resuelva nuestra vida o siquiera sea suficiente para realizarnos como personas, sino que es la condición de posibilidad para disfrutar del proceso. Sin cuidar nuestra capacidad de gozo y de asombro ante lo cotidiano, seremos incapaces de reconocer lo extraordinario de nuestra existencia.

La “chispa”, la consciencia de ser un individuo capaz de sentir, desear y lograr, no llega con el éxito o tras muchos sacrificios, sino que los hace posibles. Sin ella, el éxito puede golpearnos de frente y no lo reconoceríamos.

¿Qué opinan?

Sapere aude! ¡Atrévete a saber!

@hzagal

(El autor es conductor del programa “El Banquete del Dr. Zagal y profesor de Filosofía en la Universidad Panamericana)

*Las opiniones expresadas en esta sección son de exclusiva responsabilidad del autor y no necesariamente representan la opinión de MVS Noticias