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Soporte, comodidad y libertad

De la tinta de Héctor Zagal.

Héctor Zagal Domingo 17 De Noviembre, 2019 · 10:50 am
Soporte, comodidad y libertad
El feminismo ha denunciado a un sutil opresor bajo la ropa, considera Héctor Zagal - Archivo

La ropa, además de cubrir, tiene una función simbólica. No sólo nos protege del frío, el sol o la lluvia; la ropa indica sexo, edad, estilo de vida, gustos y deseos. Nosotros, ciudadanos comunes, ya tan lejanos de las monarquías, tenemos códigos de vestimenta muy relajados. Hasta cierto punto somos libres de vestirnos como se nos dé la gana. No obstante, el feminismo ha denunciado a un sutil opresor bajo la ropa. Y sí, en algunos casos, literalmente oprime, en otros, da soporte o resalta un par de atributos: el brassier.

La denuncia feminista va más allá de la prenda. Lo que se denuncia es el control del cuerpo femenino a lo largo de la historia. Cada época tiene ciertos valores estéticos que sirven de modelo o imposición. Los senos han sido víctimas de estos cánones. Por ejemplo, en civilizaciones antiguas, como la egipcia, las mujeres dejaban sus senos expuestos. En la antigua Grecia, las mujeres cubrían sus cuerpos para disimular las curvas, pero no existía una prenda especial para los senos. Durante la Edad Media se buscó constreñir los pechos, buscando un torso plano. En el siglo XVI apareció el corsé, que ceñía el cuerpo desde las caderas hasta el pecho, resaltaba la cintura y aplastaba el vientre.

El corsé ha sido denostado, tanto por las complicaciones médicas que puede provocar, como por ser considerado un medio de opresión contra la mujer. Si se usa durante mucho tiempo y muy ajustado, hay riesgo de respiratorios, costillas rotas, desórdenes gástricos, deformaciones en la columna.

La Primera Guerra Mundial (1914-1918) desincentivo el usó de corsé; escaseaba el metal para fabricar armas y los corsés ocupaban valiosas varillas metálicas. Para la siguiente guerra mundial, las mujeres necesitaban mayor movimiento, pues se habían vuelto parte de la fuerza laboral. El corsé fue remplazado por el brassier. Además, el corsé no permitía lucir los vestidos de la nueva moda.

Aún así, el brassier fue considerado otro instrumento de opresión, pues pretende moldear el cuerpo femenino según el ideal en turno. Durante el concurso Miss Universo de 1968, un grupo de feministas protestó quemando públicamente sus brassieres. Las feministas tenían un bote llamado “basurero de la libertad”. A él arrojaron tacones, pinzas para el pelo y otros utensilios semejantes.

Los tiempos cambian, pero el cuerpo sigue siendo una cuestión política. La sociedad continúa imponiendo sus cánones de belleza. Esta imposición es especialmente brutal en el caso de la mujer; pero también lo varones sufren, aunque en menor media, esta opresión sobre el cuerpo. ¿Es la ropa un instrumento de opresión y de control? Sí, en muchos casos. ¿Deberían prohibirse los brassiers? No lo creo. La mejor postura es aquella que respeta la libertad de cada individuo. La ropa interior es decisión del portador, no del público y de los políticos.

(Escrito en colaboración con Karla Aguilar)

Sapere aude!

@hzagal