diciembre 02, 2021
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Sombras sedientas

¿Te imaginas cómo podría un vampiro pasar inadvertido entre la sociedad? Descubre los diferentes vampiros famosos a lo largo de las décadas.

Héctor Zagal
Sombras sedientas
Vampiros en nuestra época/ pexels

El vampiro más famoso de la historia es Drácula.

Quizás en unas décadas se le acerque Edward Cullen, pero esa es otra historia. El Conde Drácula es una invención del irlandés Bram Stoker, pero, como toda gran invención, está conformado por varias creencias antiguas, leyendas, folclore y algo de historia.

El Drácula de Stoker está inspriado en Vlad Tepes, príncipe rumano del siglo XV. Fue conocido como El Empalador de Valaquia debido a que el empalamiento era su método de tortura y ejecución predilecta.

Dicen, además, que disfrutaba de la sangre de sus víctimas. Vlad Tepes era conocido como Vlad Dracul porque pertenecía a la Orden del Dragón, un grupo de militares cristianos que se enfrentaban a los enemigos de la Iglesia, como los turcos, por ejemplo. 

Imagen ilustrativa/Foto: Pixabay

Toker no inventó a los vampiros, sino a un tipo específico de vampiro. Antes de Drácula estuvo Jure Grando, quien atemorizó a los habitantes de la región de Istria, en la actual Croacia, durante el siglo XVII. Probablemente las leyendas de Jure Grando y de otros de su tipo inspiraron a John Polidori, médico personal de Lord Byron, y autor de “El vampiro” (1819). Carmilla, la sensual vampiresa de Sheridan Le Fanu en la novela homónima de 1876, es otro sanguinario ejemplar previo al vampiro de Stoker, cuya novela fue publicada el 26 de mayo de 1897. 

El Conde Drácula tiene un conjunto de rasgos vampíricos que se han plasmado en el imaginario colectivo: aristocrático, extranjero, no puede entrar a una habitación sin invitación, vive de noche, no puede viajar sin llevar consigo un poco de la tierra de su patria –la única en la que puede descansar–, no tiene sombra ni se refleja en los espejos. ¿A qué se debe esta sobrenatural ausencia de reflejo y de sombra? Una creencia popular muy antigua hace de los espejos devoradores de almas. Pensemos en Narciso.

El mito nos dice que Narciso, enamorado de reflejo, se ahogó intentando poseerse a sí mismo. Hay, pues, algo de peligro en aquellas superficies que contienen nuestro reflejo, como si pudieran contener nuestra alma.

En algunos lugares, los espejos de una casa son cubiertos cuando se vela a un muerto para que su alma no quede atrapada. También se cree que es peligroso para los vivos compartir su reflejo con el del cadáver.

Los espejos son como ventanas a otro mundo; uno donde existe todo lo que existe en éste, pero de manera distorsionada. Quizá por ello el temor a quedar atrapados en ellos, como si fuesen portales a una dimensión desconocida. 

Los espejos ponen en peligro nuestra alma. Los vampiros, al menos en la versión de Stoker, no tienen reflejo. Por tanto, los vampiros no tienen alma. Esta ausencia fortalece su carácter sobrenatural y su relación con el mundo de las tinieblas. Los vampiros  son una entidad viva que ha dejado de ser humana. La falta de alma también está relacionada con la falta de sombra.

En la Grecia antigua la sombra estaba relacionada con el alma. Recordemos que el Hades, el inframundo griego, era un reino de sombras, de fantasmas. La sombra no es una mera silueta proyectada en el suelo cuando el cuerpo impide el paso de la luz, sino una manifestación visible del alma de una persona. Si los vampiros carecen de alma, entonces tampoco pueden tener sombra.

Imagen ilustrativa/Foto: Pixabay

Este detalle fue ignorado por Fracis Ford Coppola en su adaptación cinematográfica (1992) de la novela de Stoker.

¿Recuerdan la escena en que la sombra de Drácula parece ser independiente del Conde e intenta atacar a Jonathan Harker? Si bien este elemento no es fiel a la fuente literaria en la que está basada la película, lo cierto es que el vampiro no es una entidad fija. La presencia de la sombra del Conde nos permite pensar en el vampiro desde una perspectiva distinta.

Quizás Drácula aún tenga alma, pero ésta pertenece al reino de las sombras, de la muerte, y sólo puede tener cierta corporeidad robando vitalidad a otros a través del consumo de sangre. Las sombras del Hades, según nos cuenta Homero en la “Odisea” en el canto XI, se animan después de beber la sangre de animales sacrificados. Sólo así recuperan parte de su vitalidad e identidad. 

La idea del vampiro se amolda a cada época. En una era como la nuestra, de tanto contenido visual, ¿cómo podría un vampiro hacerse pasar por una persona común sin Instagram? 

Sapere aude! ¡Atrévete a saber!

@hzagal

(El autor es conductor del programa “El Banquete del Dr. Zagal y profesor de Filosofía en la Universidad Panamericana)

*Las opiniones expresadas en esta sección son de exclusiva responsabilidad del autor y no necesariamente representan la opinión de MVS Noticias