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Si el brexit fuera mexicano

De la tinta de Arturo Espinosa Silis

Arturo Espinosa Silis Miércoles 2 De Octubre, 2019 · 10:53 am
Si el brexit fuera mexicano
Lo primero que habría que notar es que, a diferencia de otros países, en México apenas estamos empezando a familiarizarnos con los mecanismos de la democracia directa / Foto Ilustrativa

La semana pasada escribí “Brexit: la democracia a prueba” sobre lo que ha estado ocurriendo en el Reino Unido a partir de que en el referéndum de 2016, las y los electores optaron por dejar la Unión Europea. En ese mismo texto cuestionaba la pertinencia de adoptar decisiones de gran trascendencia para un Estado a través de figuras de democracia directa, y también, si nuestra democracia tendría la fortaleza institucional para hacerle frente a las disyuntivas sociales, políticas e incluso constitucionales generadas en torno a una decisión de esta magnitud. Esto me llevaba a la pregunta ¿qué pasaría en México ante un escenario similar?

Lo primero que habría que notar es que, a diferencia de otros países, en México apenas estamos empezando a familiarizarnos con los mecanismos de la democracia directa, y si bien, hay algunos ejemplo sobre la instrumentación de estos ejercicios en las entidades (casi todos con muy baja participación), a nivel federal nunca se ha realizado una consulta popular con base en la legislación para ello.

En este punto, vale la pena precisar que las llamadas «consultas» a las que convocó el entonces Presidente electo antes del inicio de su gestión, solo pueden considerarse como ejercicios informales de participación ciudadana, pues ninguno de éstos se realizó bajo los estándares democráticos mínimos. De éstas, la más notoria fue aquella sobre la continuidad o la cancelación de la construcción del Nuevo Aeropuerto Internacional de México, cuyo resultado ya conocemos.

Siguiendo con esta reflexión, no pueden soslayarse las muchas lecciones que ha dejado el brexitpara las democracias contemporáneas. Quizá la primera, es la necesidad de que haya un órgano revisor o validador de la temática a consultar, que sea independiente de la instancia que la propone. En el caso de México, se prevé que la Suprema Corte de Justicia de la Nación tenga ese rol.

Otra lección aprendida, es que no se puede escatimar en los esfuerzos por informar a la población sobre las diferentes implicaciones que tendrían una decisión u otra, de manera que se entienda con toda claridad la importancia que reviste la consulta en cuestión y a pesar de esto, dado que invariablemente habrá un grupo de la población desconforme, prever cómo se enfrentarán las resistencias para ejecutar la decisión adoptada por mayoría.

Dicho lo anterior, si un evento así se suscitara en México sería casi imposible contar con una campaña informativacomo la descrita, pues el modelo de comunicación política es sumamente restrictivo, y para el caso específico de las consultas, la ley señala que será la autoridad electoral la que determine la forma de hacer la campaña informativa, la cual siempre deberá ser imparcial. A esto, habría que añadirle que seguramente habría que enfrentar campañas de desinformación que buscarían sesgar la decisión de la gente.

Finalmente, para que las decisiones derivadas de la consulta popular se ejecuten se requiere no solo de la voluntad ciudadana, sino también de la política, la cual conlleva acuerdos y consensos que no siempre son fáciles de lograr. Reino Unido lleva tres años sin conseguirlos. En México, ante el poco talante democrático de nuestros políticos, la constante voluntad de anteponer los intereses personales a los colectivos y la casi nula aceptabilidad de la derrota, presentaría a los encargados de la ejecución de la decisión una muy difícil tarea, especialmente si consideramos que la tendencia ha sido por apostar al debilitamiento institucional en lugar de a su fortalecimiento.

Volviendo a la pregunta original sobre qué pasaría si tuviéramos una situación como el brexit en México, considerando solo algunas situaciones o elementos del caso original extrapolados al contexto mexicano, parece complejo que una democracia participativa actualmente funcione de manera idónea. Quizá por ello, es que se ha optado por hacer consultas a la ciudadanía fuera del marco constitucional y legal, a partir de la voluntad de un grupo de personas.

@EspinosaSilis