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Serpientes, escaleras y aviones

De la tinta de Héctor Zagal.

Héctor Zagal Domingo 19 De Enero, 2020 · 10:05 am
Serpientes, escaleras y aviones
Andrés Manuel López Obrador, presidente de México, anunció esta semana que se analiza rifar el avión presidencial - Especial

Había un hombre que iba todos los días a rezarle a la figura de un santo. De rodillas le decía “Querido santo, por favor, por favor, por favor, ayúdame a ganar la lotería”. Nada. Hace lo mismo al siguiente día. Nada. Pero insiste una y otra vez. Finalmente, el santo le contesta: “Hijo mío, por favor, por favor, por favor, compra primero un billete de lotería”. Para ganar, hay que jugar. Ahora, no por comprar el boleto de lotería tenemos asegurado el premio. Pero sí tenemos asegurada la posibilidad de ganarlo. La suerte, caprichosa como ella sola, no se va con todos los que la invitan, pero ignora a quien no la corteja.

Esta semana, el presidente López Obrador declaró que el avión presidencial “se vende, se renta o se rifa”, pero él no va a subirse en él. Si se sortea en la Lotería Nacional, lo que se obtenga se destinará a comprar equipo médico. Y quien gane, pues, gana el avión presidencial. Las redes sociales no tardaron en llenarse de ‘memes’ sobre esta posibilidad.

No sé qué tan afortunado o desafortunado sería quien se gane el avión presidencial, pero lo cierto es que habrá sido por suerte. La fortuna puede ser buena o mala, depende de quién la reciba, en qué momento, bajo qué condiciones. La suerte es un tema curioso. La buscamos, pero nos gusta pensar que la encontramos en lugares específicos; en el hipódromo, en el casino, en la lotería. No pensamos que pueda entrometerse en nuestra vida. Nos gusta creer que controlamos nuestra existencia. Al menos cuando de buenos resultados se trata; pues cuando algo en lo que nos esforzamos mucho no sale como lo esperabamos, culpamos a la mala suerte.

A veces pienso que la vida tiene mucho de juego de serpientes y escaleras. Un mal paso, un tropiezo, nos precipita a la ruina. Y un paso afortunado, nos lleva directo a la gloria. En el camino podemos encontrarnos con serpientes o con escaleras; por lo tanto, avanzar es una apuesta. Nos puede ir muy bien o nos puede ir muy mal. No está en nuestro control en qué cara cae el dado. Hace unos días, por ejemplo, estuve a punto de toparme con un tiroteo en periférico sur de CDMX. Me salvé por mera casualidad. Olvidé algo en mi casa, regresé y me retrasé unos minutos. Los justos para no hallarme en la escena. Tuve suerte.

Sobre la fortuna nos puede hablar Boecio (c. 480 – 524/525). Fue un romano cristiano que acumuló honores y poder. Lamentablemente, esta buena fortuna le valió muchas envidias y lo acusaron de traición. Fue encarcelado, torturado y decapitado. Desde la cárcel escribió su obra más famosa “De la consolación de la Filosofía”. En esta obra dialoga con “la Dama Filosofía” y le cuenta todas sus desgracias. La Filosofía le responde que el único responsable de su sufrimiento es él, pues ha confiado demasiado en la fortuna, que es inconstante.

Sin embargo, esto no significa que estemos exentos de responsabilidad. Lo que sí podemos controlar es nuestra respuesta ante lo que nos lance la vida. Para ello hay que ejercitarnos en la virtud, que no es sino adueñarnos de nuestras emociones y pasiones. Es sorprendente lo que podemos lograr si somos dueños de nosotros mismos. Antes de comprar boletos de lotería, apostemos por la formación de nuestros deseos e impulsos.

Sapere aude! ¡Atrévete a saber!

@hzagal