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Sapere aude!

Héctor Zagal 10/Mar/19 08:39
Sapere aude!
Aristóteles decía que los jóvenes estudien música y dibujo para que pueden descubrir la belleza en el mundo - Reuters

Cuando me preguntan en qué trabajo, suelo responder “me pagan por hacer lo que me gusta, escribir, leer y hablar de historia y de filosofía”. Soy afortunado, pues buena parte de mi trabajo consiste en divulgar la cultura. En un país donde millones de personas apenas ganan lo suficiente para sobrevivir, yo puedo contarme en aquellos que pueden vivir bien.

No se vaya a mal interpretar, “vivir bien” no quiere decir pasearse impunemente en Europa tras haber saqueado un país. La vida buena no es exactamente lo mismo que la buena vida. El “vivir bien” es una idea de la ética aristotélica y tiene que ver con el equilibrio de nuestras emociones y con el despliegue de nuestras capacidades.

Según Aristóteles, la finalidad de la política no se limita a garantizar la supervivencia de los ciudadanos y a defenderlos de la violencia; tiene también el propósito de promover el óptimo desarrollo humano. ¿Qué quiere decir esto? Aristóteles lo pone de esta manera. Conviene que los jóvenes estudien música y dibujo para que pueden descubrir la belleza en el mundo. Aristóteles pensaba que la finalidad de las artes no se limitaba a conseguir un empleo que nos permita vivir de tocar el piano o de pintar retratos. Las artes también enseñan a disfrutar de un atardecer o del canto de los grillos.

En un país sumido en la violencia y carcomido por la ambición, es bueno recordar que vida plena no es sinónimo de tener una camioneta de lujo. La plenitud no consiste en el poder, el dinero, la fama. Ciertamente, “primero comer, luego filosofar”. Pero eso no hace que el arte, la filosofía, la historia sean superfluos.

La divulgación de la cultura no es la panacea contra la violencia y corrupción; pero cualquier estrategia contra ellas que no integre la formación cultural y estética como uno de sus ejes, está condenada al fracaso. El arte y las humanidades nos enseñan a disfrutar del mundo de una manera distinta a la mentalidad consumista y acumuladora. Compartir con otros el gusto por la lectura o por la música, no disminuye el placer del leer o escuchar. Los bienes de la cultura, a diferencia de un pastel, no disminuyen cuando se comparten. Dicho de otra manera, la cultura no se reparte, se comparte. A diferencia de lo que sucede con un pastel de chocolate, la 9º Sinfonía de Beethoven no se reparte en rebanadas.

En 2009 se transmitió el primer programa de El Banquete. Ayer celebramos el inicio del año décimo de transmisiones. Han sido unos años de aprendizaje, de diversión, de estudio. Muchas gracias a MVS Noticias por este espacio. Muchas gracias a quienes escuchan el programa y a quienes leen esta columna, muchas gracias al equipo que hace posible cada transmisión. Cuando el egoísmo, el engaño y la violencia dominan el mundo, hay que atreverse a pensar que el mundo puede ser de otra manera. La disrupción más honda, el cambio más radical consiste en atreverse a pensar que ni la mentira ni la injusticia tienen la última palabra.

Sapere aude!

¡Atrévete a saber!

@hzagal