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Riesgos democráticos en Baja California

De la tinta de Arturo Espinosa Silis

Arturo Espinosa Silis Miércoles 31 De Julio, 2019 · 09:54 am
Riesgos democráticos en Baja California
La ampliación del mandato de Jaime Bonilla como gobernador de la entidad, aprobada por Congreso local, es uno de los atentados más graves en contra de la democracia que se han dado en el país.

Baja California es una entidad muy significativa para la democracia mexicana, pues fue el primer gran triunfo electoral de la oposición en México, rompió con la hegemonía del partido único en el gobierno. Con el triunfo del PAN en la elección a la gubernatura de 1989, Ernesto Ruffo Appel se convirtió en el primer gobernador del país emanado de un partido distinto al PRI. Esto significaba que las reformas emprendidas a partir 1977 estaban logrando su cometido: impulsar una mayor pluralidad política y eventualmente permitir una transición hacia la democracia.

Hoy, 30 años más tarde, el escenario es el opuesto. De materializarse lo que se está intentando hacerse en Baja California, estaríamos siendo testigos del principio del fin de la democracia mexicana, después de esto, cualquier atropello democrático sería parte de la nueva normalidad. La ampliación del mandato de Jaime Bonilla como gobernador de la entidad, aprobada por Congreso local, es uno de los atentados más graves en contra de la democracia que se han dado en el país.

La tentación de perpetuarse en el poder y la de hacer un uso abusivo de éste, son dos de los enemigos de la democracia en cualquier parte del mundo y resultan especialmente peligrosos en el contexto actual, pues hoy en día los mayores ataques a la democracia no se dan por la vía de la violencia o a través de golpes militares; sino en contextos en donde quien los perpetúa, accedió al cargo en cuestión por la vía de la elección popular, lo que les da el poder para hacer los cambios necesarios para satisfacer su interés personal y buscar concentrar más poder.

Lo que estamos viendo en Baja California es un intento burdo por satisfacer intereses personales, por permitir que un individuo se adueñe del poder por más tiempo de lo definido por las normas y decidido por los votantes. Lo más grave de esto es quizá que este ataque a las instituciones democráticas se haya logrado con la complicidad de las fuerzas políticas y de un conjunto de actores políticos. Hoy sabemos que, si bien, fueron las y los legisladores quienes aprobaron la modificación constitucional, previamente los magistrados electorales locales habían intentado hacer la modificación a golpe de sentencias. Asimismo, diversos registros han surgido en los que se da cuenta de que líderes en el PAN y del PRI –además de los de Morena claro está–, conocían desde enero de este año que se planteaba la posibilidad de modificar el periodo de duración de la gubernatura a pesar de que el proceso electoral se encontraba en curso.

Esto deja ver, que a pesar de lo que algunos declaren en la prensa, existe una confabulación política para dañar la democracia en Baja California, para evadir la voluntad ciudadana y permitir que una persona electa por dos años permanezca en el poder durante cinco, ampliando su mandato a más del doble. El mayor riesgo de ello es que el descalabro a la democracia ya se hizo, y de no hacer valer el orden constitucional, esta trapacería podrá servir de ejemplo para otros gobernadores y gobernadoras, o incluso para el mismo Ejecutivo federal para modificar el pacto democrático a su conveniencia.

La democracia necesita demócratas, y en este caso, ni el gobernador electo ni quienes le abrieron las puertas, ya sea para aprobar la ampliación del mandato o para consentirla, lo son. Por ahora, solo podemos esperar que los actores políticos nacionales sepan estar a la altura de la defensa necesaria de nuestra democracia.