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Reforma electoral III

De la tinta de Arturo Espinosa Silis

Arturo Espinosa Silis Miércoles 22 De Mayo, 2019 · 09:55 am
Reforma electoral III
En los últimos años, actores políticos y autoridades electorales, han realizado acciones y adoptado criterios que desdeñan la labor ciudadana realizada el día de la jornada electoral.

Uno de los pilares del sistema electoral mexicano es la ciudadanización del proceso electoral, esto que tantas veces hemos escuchado pero que no siempre entendemos. Nuestras elecciones se caracterizan porque el día de la jornada electoral son los y las ciudadanas quienes se encargan de instalar las casillas, recibir los votos, contarlos y posteriormente plasmar los resultados en las actas de escrutinio y cómputo, a partir de las cuales la autoridad electoral realiza el cómputo que dará los resultados definitivos.

Estos ciudadanos, que muchas veces son nuestros vecinos –y quienes para el día de las elecciones han dedicado ya varios días y horas a capacitarse y a participar en simulacros–, trabajan el domingo de la jornada electoral por más de 12 horas para que podamos emitir nuestro voto de manera libre y secreta, y en la noche y los días posteriores, conozcamos quiénes fueron los ganadores y serán nuestros próximos gobernantes o representantes. Por cierto, los funcionarios de las mesas directivas de casilla son capacitados a su vez, por otros ciudadanos a quienes el Instituto Nacional Electoral contrata especialmente meses antes de la elección, para que salgan a buscar y a enseñar a quienes estarán en las casillas qué deben hacer ese día y cómo deben contar los votos.

A pesar de que desde 1990, esta ciudadanización ha sido uno de los pilares de nuestro sistema de elecciones y la propia autoridad electoral lo ha puesto de ejemplo en otros países, en México lejos de buscar incentivar la participación ciudadana con medidas como el que los funcionarios de casilla puedan de manera justificada ausentarse en sus trabajos el día posterior a los comicios (buscando reponerles el día de descanso que dedicaron a las funciones electorales), en los últimos años, actores políticos y autoridades electorales, han realizado acciones y adoptado criterios que desdeñan la labor ciudadana realizada el día de la jornada electoral.

Basta con dos ejemplos para mostrar lo infravalorada que está la participación ciudadana en el desarrollo de elecciones: en más de una ocasión los y las candidatas que resultan perdedores en los comicios, en la ya conocida inaceptabilidad de la derrota, terminan culpando de cometer un fraude electoral o de incurrir en errores deliberados en el conteo de los votos a quienes se desempeñaron como funcionarios de casilla. Esto lleva al otro ejemplo de cuando se desdeña la labor ciudadana, que son los interminables recuentos de votos que la autoridad electoral ordena en un afán de privilegiar la certeza pero que, a su vez, desincentiva la labor ciudadana de contar los votos realizada el día de la jornada electoral, y que suele prolongarse por varias horas.

Ello, naturalmente se refleja en las dificultades que muchas veces enfrenta la autoridad electoral para encontrar ciudadanas y ciudadanos dispuestos a participar como funcionarios de casilla en los comicios posteriores.

Por todo lo anterior y ante el afán reformador de algunos legisladores y legisladoras, del cual he escrito las últimas semanas, me parece que cualquier modificación constitucional o legal en materia electoral que se realice no debe olvidar que el centro de nuestro sistema electoral no son los partidos políticos, mucho menos las autoridades electorales, sino los ciudadanos y las ciudadanas. Cualquier reforma que se pretenda debe buscar adoptar medidas que incentiven la participación ciudadana en la vida democrática del país, empezando por la organización de las elecciones.