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Raquetazos y canastas

Héctor Zagal Domingo 3 De Marzo, 2019 · 08:09 am
Raquetazos y canastas
James Naismith, profesor de educación física en Canadá, inventó el baloncesto en 1891 - Archivo

El deporte más popular en México es el fútbol. El beisbol también es bastante popular en algunas estados del norte y del sureste del país y seguramente lo será mucho más dada la afición de presidente López Obrador a este deporte. Sin embargo, el basquetbol, también tiene lo suyo.

James Naismith, profesor de educación física en Canadá, inventó el baloncesto en 1891. En aquellos tierras es imposible ejercitarse durante los largos inviernos. Seguramente, Naismith ya no sabía qué hacer con sus estudiantes encerrados y tuvo una idea ingeniosa. En las paredes del gimnasio, colgó canastas de duraznos y puso a sus estudiantes a tirar pelotas. Como todas las grandes ideas, resulta simple una vez que se le ocurre a alguien. Las reglas vinieron después. La NBA no llegaría sino 1946.

¿Y qué deporte les parece fifí? ¿Qué tal el abierto de tenis que se ha jugado por estos días en Acapulco? Pues hubo un tiempo en que príncipes y reyes jugaban al tenis. Las reglas del juego, obviamente, eran diferentes, pero la esencia era la misma: una cancha, una red, pelotas. Al principio, se utilizaban las palmas de las manos, pero ya para el siglo XVI se habían popularizado las raquetas.

Francisco I, rey de Francia, era entusiasta del tenis y lo promovió en la corte lo que no le impidió, dicho sea de paso, ser el mecenas de grandes aristas del Renacimiento, cómo Leonardo da Vinci.

¿Saben quién también era aficionado a este juego y, por cierto, un buen jugador? Nada más y nada menos que Enrique VIII. Si, aquel rey de muchas esposas. Seguro se las ligaba jugando al “Royal Tenis”. Pero no todo fue coqueteo durante sus partidas. Enrique recibió la noticia de la ejecución de su esposa Ana Bolena mientras jugaba tenis. El asunto poco le importó y prosiguió la partida tranquilamente. Él mismo había fabricado la condena de Ana para poder casarse con Juana de Seymour, quien falleció poco después de darle al rey el anhelado hijo varón.  Con su habilidad para el deporte, Enrique VIII hace justicia a aquel dicho, “bueno en el juego, malo para el amor”.