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Proteger o ¿reprimir?

De la tinta de Sergio Almazán.

Sergio Almazán Sábado 6 De Junio, 2020 · 09:59 am
Proteger o ¿reprimir?
Manifestación en las inmediaciones de la Fiscalía General de Jalisco, para exigir la liberación de los detenidos durante los disturbios generados en el centro histórico de Guadalajara / EFE

Entre el jueves y el viernes hemos sido testigos de actos de violencia en Guadalajara y Ciudad de México. En el caso de la ciudad tapatía, el origen de la manifestación –que no debe de perderse el motivo de expresión y denuncia- la muerte del joven Giovanni López quien hace un mes fue detenido por policías de Ixtlahuacán de los Membrillos un poblado al norte del Lago de Chapala, en Jalisco. El argumento era que no portaba cubrebocas, el descenlace: murió por contusiones en la cabeza.

Al recoger el cuerpo en el Servicio Médico Forense de Guadalajara, sus familiares se percataron que Giovanni presentaba, además un impacto de bala en una pierna. Eso es lo que conocemos, lo que las redes sociales comenzaron a circular hace una semana en el contexto del movimiento #BlackLivesMatter –por el asesinato de un afrolatino en Estados Unidos.– Ahí están los antecedentes que se extendieron como pólvora cuando el caso de Giovanni  visibilizó el abuso de la autoridad, el uso de la fuerza policiaca no para cuidar sino para reprimir, hasta provocar la muerte en Jalisco; la impunidad con que actuaron los policías en un estado al que su gobernador ha manifestado una acción represiva ante la pandemia, ante la manifestación pública y ante su política de gobierno. Se trata de una forma de ejercer el poder, de ejecutar su función pública. Este hecho retrata de cuerpo entero al gobernador, la policía y la política estatal en Jalisco.

Ante la evidencia, las autoridades no actuaron con apego, responsabilidad y Derechos Humanos para esclarecer la muerte del joven. Dice la familia en declaraciones en la redes sociales, que trataron de comprar su silencio “con cien mil pesos”. Llegó al espacio público este caso, que seguramente no es el único acto de abuso de autoridad que haya cometido la policía de Jalisco y tampoco el último. Si se ha extendido la cadena de abusos, corrupción e impunidad de las autoridades para con la familia quiere decir, que no actúan sola, que responden a una política de gobierno, una manera de ejercer el poder desde la máxima autoridad estatal.

Ayer por la noche los noticieros transmitían las imágenes de una manifestación violenta, donde un grupo de jóvenes se enfrentaron con un también enfurecido y represor cuerpo policiaco. Las imágenes hablan de dos fuerzas en pugna. Manifestantes violentos y una policía mucho más. La agresión mutua debe ser investigada y sancionada con apego a la ley. La manifestación es un derecho humano de la sociedad, la represión y la violencia no.

Otro de los ángulos que retrata al gobernador de Jalisco, el señor Alfaro, es su declaración del jueves por la noche, con una ciudad violentada, unas calles vandalizadas, un asesinato sin clarificar. Con ese escenario, desde su silla empoderada de autoridad suprema advierte “los disturbios registrados  este jueves fueron provocados por los sótanos del poder de la ciudad de México”. Así responde ante sus ciudadanos el señor gobernador. Es el ejemplo de una personalidad represora antes de previsora. Golpea y luego juzga, señala, antes de asumir los serios problemas que tiene con su policía, con el uso y abuso de la fuerza y el alto índice de violencia que enfrente Jalisco por diversas células de crimen organizado, de policías y de sistema de justicia corruptas.

No es así como se resuelve y atiende un problema de impunidad, de abuso del poder, de impartición de justicia a ciudadanos de a pie. No distraerse, lo que tenemos es un joven muerto por la represión policiaca del estado de Jalisco. Ese es el centro y única razón que debe tener ocupado al señor gobernador.

Mientras en la ciudad de México, el otro extremo. Un grupo de encapuchados, otra vez, toman las calles, vandalizan comercios, espacios públicos, hacen destrozos a edificios y agreden reporteros, Violentan las calles por espacio de una hora en la periferia de la embajada de Estados Unidos en Paseo de la Reforma y ni un solo policía ni fuerza de la Secretaria de Seguridad Ciudadana acude a detener, repeler los disturbios. Es la otra cara de un mismo conflicto: la violencia en el espacio público. No se trata de una manifestación, se trata de una vandalización y la jefa de gobierno como el secretario de seguridad de la ciudad de México no dan la orden, no aplican el operativo que define su órgano institucional para el que fue creado. Vivimos en tiempos donde sólo nos movemos por los extremos, el péndulo social oscila entre el poder represivo y la ingobernabilidad. Ambas posturas tan dañinas y peligrosas para el ciudadano.

 

Abramos la discusión: @salmazan71

*Las opiniones expresadas en esta sección son de exclusiva responsabilidad del autor y no necesariamente representan la opinión de MVS Noticias