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Proteger la ley de bioseguridad

Arturo Barba 22/Feb/19 07:33
Proteger la ley de bioseguridad
La biotecnología es una ciencia multidisciplinaria orientada al estudio, modificación y uso de los sistemas biológicos como microorganismos, plantas y animales.

De la tinta de Arturo Barba

La Ley de Bioseguridad de Organismos Genéticamente Modificados de 2005 fue una legislación ampliamente analizada, consensuada y discutida por investigadores de universidades y centros de investigación públicos, organizaciones civiles de científicos, asociaciones ambientalistas, empresarios y comunidades de campesinos de casi todo el país. A lo largo de varios meses e incluso años, se logró establecer una de las legislaciones en la materia más robustas del mundo, tan es así que varios países han utilizado como modelo dicha legislación mexicana.

Algunos señalan que es demasiado restrictiva, incluso excluyente, lejos de las posibilidades de los investigadores e instituciones mexicanas; otros aducen que debería ser prohibitiva en aras de supuestos “potenciales riesgos”. Aún así, es una legislación de avanzada, ya que establece mecanismos permanentes de mejora basadas en evidencias y análisis científicos.

No fue nada fácil legislar sobre la materia. En el 2002 el Senado de la República firmó el Protocolo de Cartagena y con ello se comprometió a establecer un marco jurídico para el manejo de los organismos genéticamente modificados (OGM) o transgénicos. Muchos fueron los obstáculos que se enfrentaron: en primer lugar, los legisladores y funcionarios tuvieron que ser alfabetizados sobre el tema; en segundo lugar, la ley debía proteger la riqueza biológica, pero a la vez permitir aprovecharla con base en los avances científicos y tecnológicos.

En tercer lugar, esta legislación ocurrió a principios del siglo XXI, cuando en el mundo venían ocurriendo importantes avances en el campo de la biotecnología aplicada a la agricultura, la salud, el medio ambiente, la tecnología y la ciencia básica. Asimismo, en grandes sectores industriales se incrementaron las inversiones en el campo de la biotecnología. Se calcula que, a nivel internacional, la llamada bioeconomía contribuirá con más de 300 mil millones de dólares al crecimiento económico de los próximos 10 años.

El hoy jefe de la oficina de la presidencia de la república, Alfonso Romo Garza, construyó parte de su imperio al fundar la empresa biotecnológica Seminis y actualmente ha creado otra, llamada Syntethic Genomics, junto con Craig Venter, impulsor de la decodificación del genoma humano y creador de vida artificial.

La Ley de Bioseguridad permite regular las actividades de investigación y uso, liberación experimental, comercialización, importación y exportación de organismos genéticamente modificados y, a la vez, prevenir, evitar o reducir los posibles riesgos que estas actividades pudieran ocasionar a la salud humana, al medio ambiente, a la sanidad animal, vegetal, acuícola, y a la diversidad biológica.

De igual manera, define los principios y la política nacional en materia de bioseguridad de los OGM, y establece la creación y el funcionamiento de la Comisión Intersecretarial de Bioseguridad de los Organismos Genéticamente Modificados (CIBIOGEM), a través de la cual las Secretarías que la integran (Salud,  Medio Ambiente, Agricultura, Hacienda, Educación y Economía) colaboran de manera coordinada desde el ámbito de sus competencias.

A lo largo de casi tres lustros, los 124 artículos de esa ley se han enriquecido y establecen los diversos mecanismos de análisis, consulta y actualización basada en la evidencia científica y no en creencias, intereses particulares o posiciones políticas.

Sin lugar a dudas, uno de los principales obstáculos que enfrentó la Ley de Bioseguridad fue el desconocimiento de lo que son los transgénicos. Satanizados por la ignorancia, se asoció a los transgénicos a las causas de todos los males de la agricultura nacional. Incluso hay quienes dicen, sin prueba científica alguna, que podrían ser los responsables de diversos padecimientos en la salud. Pero hasta ahora solo son parte de las “teorías de la conspiración”.

Sin embargo, hay que resaltar que la Ley de Bioseguridad es mucho más amplia que los trasngénicos. La transgénesis es solo una tecnología disponible gracias a la biotecnología. Hay muchas más y están surgiendo nuevas tecnologías como la de edición genética o CRISPR y la biología sintética, que están revolucionando la ciencia actual.

La biotecnología es una ciencia multidisciplinaria orientada al estudio, modificación y uso de los sistemas biológicos como microorganismos, plantas y animales. Para ello, parte del conocimiento y la manipulación del componente básico de la vida: el ácido desoxirribonucléico o ADN.

México es un país inmensamente rico en biodiversidad biológica, es una de las cinco naciones megadiversas del planeta y esa riqueza puede y debe ser aprovechada mediante el responsable y sostenible uso de la biotecnlogía.

En 1973, con el desarrollo de la técnica de recombinación in vitro del ADN, también conocida como ADN recombinante, en la que participó un científico mexicano (Francisco Bolívar Zapata), la biotecnología pudo aislar genes específicos de un organismo y transferirlos a otro, generándose lo que se conoce como transgénico. Con esta técnica, desde hace más de 35 años la bacteria Escherichia coli transgénica produce insulina humana que millones de personas diabéticas en el mundo se inyectan para su tratamiento contra la diabetes.

Hace más de 50 años, gracias al conocimiento ancestral de comunidades indígenas, se observó que en el barbasco, planta popularmente conocida como gordolobo, existían principios activos que fueron aprovechados para obtener hormonas que derivaron en el posterior desarrollo de la píldora anticonceptiva y el surgimiento de la revolución sexual de los 60. Así, con los avances biotecnológicos, se obtuvo la diosgenina que se utiliza no solo para los diversos métodos anticonceptivos, sino también para producir hormonas, esteroides anabólicos, cortisona, entre muchos otros. Hasta ahora se han identificado más de mil 200 compuestos activos en el barbasco. Sin embargo, las principales beneficiarias han sido las grandes empresas farmacéuticas trasnacionales; México no ha sabido aprovechar su riqueza biológica.

Estos son solo unos ejemplos del enorme potencial de la biodiversidad mexicana que puede ser aprovechado con los avances biotecnológicos. De ahí la importancia de mantener y proteger la Ley de Bioseguridad.

El pasado 8 de febrero, ante la Cámara de Senadores se presentó la iniciativa de Ley de Humanidades, Ciencias y Tecnologías en la que, sin justificación alguna, sin argumento, sin fundamento científico, se propone “derogar” la Ley de Bioseguridad y Organismos Genéticamente Modificados, una de las primera leyes promulgadas por todas las fuerzas políticas y en la que participaron algunos de los actuales legisladores de Morena. Dicha derogación debe eliminarse. No se puede supeditar el avance de un país en la bioeconomía a los prejuicios de unas cuantas personas.

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