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Prostitución y autodeterminación

De la tinta de Héctor Zagal.

Héctor Zagal Domingo 1 De Marzo, 2020 · 11:23 am
Prostitución y autodeterminación
La prostitución es tan vieja como la cerveza. ¿No me creen? En Babilonia, allá por el 1790 a.C., el Código de Hammurabi ya regulaba la producción y calidad de la cerveza / Foto Especial

El día a día se sufre o se disfruta, en gran medida, por el trabajo. A menos que seamos herederos de una cuantiosa fortuna, el dinero llega a  cambio de nuestra creatividad, nuestra fuerza de trabajo o algún producto o servicio. Hay profesores, banqueros, médicos, cocineros, policías, zapateros, albañiles. Bueno, no acabaría de mencionar la enorme diversidad de trabajos. Pero, ¿qué pasa cuando una persona decide vender su propio cuerpo para brindar placer sexual a quien lo solicite? No estoy hablando, evidentemente, ni de la trata de personas ni de la esclavitud sexual. Me refiero a la libre gestión del cuerpo.

La prostitución es tan vieja como la cerveza. ¿No me creen? En Babilonia, allá por el 1790 a.C., el Código de Hammurabi ya regulaba la producción y calidad de la cerveza y también se refería a un tipo de prostitución muy particular. Como parte de las muestras de hospitalidad, varias mujeres acudían al templo de Militta, algo así como la Afrodita babilónica, para practicar el sexo con extranjeros. Se sabe poco de esta extraña costumbre.

En la Grecia clásica podemos distinguir tres tipos de prostitución, las pornai, las aleutridas y las heteras. Las pornai eran mujeres que trabajaban en burdeles cuya entrada era reconocible gracias a las figuras fálicas con las que se anunciaban. También solían exhibirse con poca ropa en la entrada al burdel para alentar a los potenciales clientes. Las aleutridas eran reconocidas por tocar muy bien la flauta (sin albur) y amenizar los banquetes con su música. Las heteras eran acompañantes bien educadas, capaces de mantener una conversación interesante e ingeniosa con los varones. Podemos decir que eran escorts. Esto no es una nimiedad, pues a diferencia de la mayoría de las mujeres griegas, las heteras habían logrado emanciparse y tener un lugar social importante. Sin embargo, su cultura estaba al servicio del varón; es decir, su educación no era para ellas, sino para entretener al cliente.  Grecia era machista.

Por otro lado, tampoco era raro que los burdeles fuesen atendidos por esclavas que eran brutalmente explotadas por sus dueños. No todo en Grecia era filosofía. La inhumana esclavitud era una institución común en el mundo antiguo.

También existía la prostitución masculina. Eran los “pornoi”, muchachos cuya clientela era en su mayoría masculina. En Atenas, si un ciudadano practicaba la prostitución, perdía el derecho a hablar en la Asamblea política; pero no era un delito practicarla.

Vamos a Roma. Entre los romanos, las prostitutas eran conocidas como “lupae”, es decir, lobas. Sí, parece que los nefastos “mirrreyes” son herederos accidentales de los romanos al referirse a sus efímeras conquistas con la despectiva expresión “lobukis”. Parece que las prostitutas romanas solían asomarse por las ventanas de los lupanares (casas de prostitución) y aullar para guiar a los varones hacia sus guaridas.

En el México Tenochtitlán, las prostitutas eran conocidas como “alegradoras”. En España, y en otras partes de Europa, la prostitución femenina era tolerada desde el siglo XII. Ante los males del incesto, la homosexualidad y el adulterio, la prostitución era considerada un mal menor que podía evitar la comisión de los primeros. Esta tolerancia implicó la aplicación de ciertas limitantes. En la España del Siglo de Oro (1492-1659), estaba prohibido que las huérfanas practicasen la prostitución. Esta medida evitaba la explotación sexual, aunque no siempre se respetó. Asimismo, los burdeles estaban perfectamente regulados.

El tema es complejo y delicado, no hay duda. Sin embargo, en un país verdaderamente liberal, las personas puedan hacer lo que quieran consigo mismas, cuerpo incluido. Siempre y cuando, claro, no cause ningún daño. Ahora, la cosificación del ser humano atenta contra su dignidad. Cierto, pero, dicen algunos, cuando una persona se prostituye libremente, no se está cosificando, sino que está ejerciendo su libertad y autonomía. ¿Será? ¿Qué piensan ustedes? ¿Hasta qué punto podemos disponer de nuestro propio cuerpo?

Insisto, no es un tema sencillo. Pero en la medida en que la sociedad prohíbe y castiga la prostitución, quienes se dedican a ella seguirán recurriendo a lugares sórdidos y hostiles. Esta clandestinidad sólo los convierte en blancos de abusos y los deja en situación de vulnerabilidad. Aquí es donde entran los padrotes o pimps. Ellos viven de la prohibición.

Lo que sí me queda claro es que es injusto que una pesona se dedique al sexoservicio por falta de oportunidades laborales. Un asunto es seguín este camino por necesidad, por pobreza, y otro por elección. En cualquier caso, no lo olvidemos, el amor nunca se compra…

Sapere aude! ¡Atrévete a saber!

@hzagal

*Las opiniones expresadas en esta sección son de exclusiva responsabilidad del autor y no necesariamente representan la opinión de MVS Noticias