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Prince: el recuerdo de lo inolvidable

De la tinta de Sergio Zurita

Sergio Zurita Viernes 9 De Junio, 2017 · 06:47 am
Prince: el recuerdo de lo inolvidable
Foto: Prince

Hace 2 días (el 7 de junio, para ser exactos) Prince habría cumplido 59 años.

En abril pasado, cuando murió, escribí lo que viene a continuación. Con el paso del tiempo, las palabras resuenan de otra manera. Espero que les guste:

La canción “Let’s Go Crazy” de la obra maestra Purple Rain (1984) comienza con Prince diciendo esto:

“Amados hermanos, nos encontramos aquí reunidos para pasar por esto que llamamos vida. Vida, palabra eléctrica que significa ‘para siempre’ y eso es muchísimo tiempo… Pero yo estoy aquí para decirles que hay algo más: el más allá, un mundo de felicidad interminable donde siempre se ve el sol, día y noche. Así que cuando le llames a ese psiquiatra en Beverly Hills, ya sabes, el Dr. Todovaaestarbien, en vez de preguntarle cuánto tiempo te queda de consulta, pregúntale cuánto queda de cordura. Porque en esta vida, las cosas son mucho más difíciles que en el más allá. En esta vida estás solo”.

 

Hoy, estas palabras resuenan con una fuerza incomparable. Ayer por la mañana, Prince fue encontrado muerto en su estudio de grabación, Paisley Park, cerca de Minneapolis. La pérdida es irreparable, pero hay motivos para no estar tan tristes. Lo que dice “Let’s Go Crazy” se conecta con otros puntos de la impresionante carrera discográfica de Prince. En Graffiti Bridge (1990), otra obra maestra, la canción que da título al álbum dice: “Todo mundo quiere encontrar el Puente Graffiti/ Una razón para creer que el Cielo existe”. La verdad es que a Prince, como a George Harrison, nunca le gustó mucho este mundo material. No es casual que, cuando Harrison ingresó póstumamente al Salón de la Fama del Rock & Roll, Prince estuviera ahí para ejecutar el solo de guitarra de “While My Guitar Gently Weeps”, que en la grabación original del Álbum Blanco de los Beatles fue interpretado por Eric Clapton. Prince supera a Clapton por mucho, tanto en técnica como en sentimiento. Ya no digamos en teatralidad.

Prince era majestuoso desde su nombre. No era un “nombre artístico”. Así se llamaba. Su nombre de pila era Prince Rogers (así, con “s” al final) y su apellido era Nelson. Pero esos otros nombres eran lastres que tenía que soltar para que quedara claro, desde el principio de su carrera, que había llegado el faro que indicaría el camino a seguir durante la década de los 80 y gran parte de los 90. Prince nunca siguió corrientes musicales; las inventaba. En la reseña de Graffiti Bridge de Rolling Stone, el crítico Paul Evans lo llamó “el Picasso del Pop”. Dio en el clavo: como Picasso, Prince no buscaba; encontraba. Picasso dominaba todos los estilos pictóricos, se los apropiaba y luego los convertía en otra cosa. Lo mismo hacía Prince con los géneros musicales. Era capaz de producir el funk más lujurioso, el soul más espiritual,, el pop más pegajoso y el folk más cálido, para luego transformarlos en un género musical que sólo él podía crear.

No es exagerado decir que Prince fue el músico popular más completo de la segunda mitad del siglo XX. Tocaba la guitarra como Jimi Hendrix fusionado con Carlos Santana, y el piano como Ray Charles y Stevie Wonder; bailaba como James Brown y cantaba con una voz que iba del cielo al infierno en un segundo: pasar del grito descarnado al final de “Darling Nikki” al falsete celestial de “The Beautiful Ones” en el mismo disco es algo difícil de creer.

Quién sabe qué les dan a los músicos en Minnesota, porque son bajitos de estatura, muy delgados y de pocas palabras: estoy hablando, por supuesto de Bob Dylan y Prince. Ambos son, por supuesto, genios. Supongo que debe ser muy tortuoso ser un genio. Lo que sí me consta es lo difícil que es ser fan de un genio. Las excentricidades de Dylan sólo las conozco como parte de la historia del rock, pero las de Prince las viví: cuando cambió su nombre por un símbolo impronunciable, cuando se volvió cristiano y dejó de cantar “Sexy MF” y otros himnos pecaminosos, cuando se escribió en la cara la palabra “Esclavo” porque estaba enojado con su compañía discográfica y sacó varios discos malísimos sólo para zafarse de su contrato. Todo eso era frustrante. Pero cuando salía del laberinto de su locura, el resultado eran canciones hermosas. La mejor de todas, si me ponen a elegir una sola, es la insuperable “The Question of U”.

Aún no se sabe la razón de su muerte, pero murió en su estudio de grabación, trabajando hasta el final, como Picasso. Dije que debe ser muy tortuoso ser un genio. Supongo que Prince debía sentirse solo todo el tiempo, “porque en esta vida estás solo”. Se acabó la soldad, dulce príncipe. Sólo espero que ahora estés sintiendo la lluvia púrpura caer sobre ti, en un abrazo eterno.

*Las opiniones expresadas en esta sección son de exclusiva responsabilidad del autor y no necesariamente representan la opinión de MVS Noticias