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¿Por qué seguir arrodillándonos ante Washington?

De la tinta de Mina Magallón

Mina Magallón Martes 30 De Abril, 2019 · 07:46 am
¿Por qué seguir arrodillándonos ante Washington?
Hoy una de las causas de nuestra barbarie y salvajismo es el vivir encerrados en la idea porfirista de que solo existen dos fronteras, dos problemas internacionales, el de los Estados Unidos y si acaso el de Guatemala.

En las notas anteriores escribimos sobre las interminables caravanas que vienen de Centroamérica a la frontera del norte en busca de mejores horizontes. Creo que hoy una de las causas de nuestra barbarie y salvajismo es el vivir encerrados en la idea porfirista de que solo existen dos fronteras, dos problemas internacionales, el de los Estados Unidos y si acaso el de Guatemala. Esto lo entiende hoy el analfabeta, el inmigrante indocumentado, el cocinero, etc.

Últimamente, en los más importantes círculos de la opinión pública, surge el dicho, el antiguo sentir que México no tiene más problemas que los que se producen en Washington, ni más deber internacional que la resolución de los asuntos que se plantean en Washington. Se comprende hasta qué punto es estrecha la mentalidad de ciertos orientadores de opinión publica cuando se advierte esta terquedad que se repite una y otra vez cuando pregonan que Washington es el culpable de todos nuestros males.

Ya no estamos en los tiempos en que se ninguneaba a Guatemala a fin de tener excusas para arrodillarnos ante el poderoso país del norte.  Si fuera cierto que nuestra cancillería no tiene otros problemas que los que se discuten en Washington, entonces sería lógico el que la cancillería debía de cerrar sus puertas, porque cuando México llega a la degradación de pensar que no tiene otro vecino mas que el poderoso vecino del norte y nada a sus alrededores vale más que México liquide sus asuntos exteriores y se dedique a luchar simplemente por subsistir.

Todos los pueblos tiranizados no conciben otra cosa más grande que vivir bajo un cacique y no conocen más patria que el triste terreno ajeno donde viven y pasan solo para morir. La opinión pública ya no la dirigen los sabios de ayer que tomaban modelos de tiranía a la Porfirio Diaz, profundamente antihispana, que todavía no perdonan a Simón Bolívar y buscan con vivir bajo un Iturbide con sus eternos y malditos cuartelazos, y una serie de tiranuelos que se suceden unos a otros en la presidencia.

Por fortuna, hoy en México, en todo México, se sabe que una ofensa hecha a nuestro vecino del sur es una ofensa hecha en la propia carne de México. Toda la gente joven se interesa hoy por todo lo que es latinoamericano.

Todos sabemos que sí nos importa, profundamente, todo lo iberoamericano, que la única política salvadora es sacar a esta raza mexicana que se siente pequeña frente al gigante del norte, para transformar nuestro corazón por todo el continente. Necesitamos purificar nuestro ambiente de odio y de sangre en el que vivimos.

Busquemos nuestro lado latinoamericano, no sigamos creyendo que no tenemos nada que aprender del sur, dejemos de pensar que todo lo que no se encuentra en el norte es una especie de selva lacandona. Abramos los ojos hacia el sur y veamos que sí existe democracia, como en Costa Rica, que son un modelo de libertad pública, de respeto a la vida, y de bienestar seguro, donde nunca han tolerado, donde ni siquiera saben lo que es un cacique, un secuestro, o 43 desaparecidos. Asomémonos a Argentina con vida civilizada y un bienestar general que ni siquiera podemos imaginar nosotros hoy en México, en donde la educación pública es mejor y más eficaz que la que se tiene en los Estados Unidos.

Entendamos que se puede vivir muy bien y de manera civilizada viviendo en el sur, que se puede progresar, aunque se hable el castellano, aunque se tenga una tradición local, una tradición criolla, o indígena, aunque no quieren que se sepa, qué otro fin, sino el de justificar el arrodillarnos frente al país del norte. ¿A qué viene ese constante afán, de denigrar a los centroamericanos, solo porque son nuestros vecinos débiles, y solo porque ellos respetan a México?  Pero hoy nadie les corresponde.

Ya es tiempo de que toda la gente proteja al centroamericano con la misma energía con la que protestamos en momentos de peligro y dejar de arrodillarnos más ante el gigante del norte.  ¿En dónde hallaremos fe si comenzamos negando una parte de nuestra sangre?.

Recordemos que el pueblo mexicano es latinoamericano.  Sigamos la tradición ibérica que produjo el mestizaje, dando su carácter, fijando su responsabilidad y definiendo su porvenir. El norteamericano solo se quedó con el blanco y exterminó al indígena de piel roja y negra; y hoy lo sigue exterminando en la sorda lucha económica más eficaz que la conquista armada.  El amurallamiento de los del norte frente a “tu casa es mi casa” de los del sur es tal vez el porvenir.  Los latinoamericanos somos el mañana mientras que los blancos del norte son el ayer.

Correo:  mgmagallon@aol.com

Twitter:  @MinaMagallon

Facebook:  Mina Magallon