noviembre 28, 2021
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Ojo por ojo

La pena de muerte es un tema que divide opiniones, sin embargo desde las primeras civilizaciones existen diversos castigos que fueron muy similares a dicha ley.

Héctor Zagal
Ojo por ojo
'Ojo por ojo' es una limitante de justicia en diversos países/ fotos: Pixabay

Lamentablemente, la pena de muerte sido una práctica común en casi toda sociedad humana sin importar el momento histórico. El Código de Hammurabi (1750 a.C.) castiga 25 crímenes con la muerte, entre ellos, levantar acusaciones falsas (¡gulp!), construir una casa defectuosa que mate al dueño,  robar. Este Código tiene un espíritu que pretende total reciprocidad respecto al crimen cometido y el castigo. Por ejemplo, si un hombre mata a una mujer embarazada, se debe matar a su propia hija. Ojo por ojo…

Pero el Código de Hammurabi no es el único impregnado de este espíritu; en el libro bíblico del Éxodo  encontramos que “se exigirá vida por vida, ojo por ojo, diente por diente, mano por mano, pie por pie, quemadura por quemadura, herida por herida, golpe por golpe.” En la Atenas de Dracón (s. VII a.C.) se promulgaron leyes que castigaban delitos que ahora se consideran menores, como el robo, con la pena de muerte. Durante la Edad Media, en Inglaterra, la traición a la Corona se castigaba de un modo terrible: el culpable era arrastrado por un caballo hasta el patíbulo, allí era ahorcado sin matarlo, después era emasculado, eviscerado, decapitado y descuartizado. Los restos, además, eran exhibidos. 

Conocemos las causas para aplicar la pena de muerte en el México prehispánico gracias a las diversas fuentes que recogieron las 20 ordenanzas de Nezahualcóyotl (1402-1472), tlatoani de Texcoco. Algunos de los crímenes castigados con la muerte eran el adulterio, invasión de tierras, traición en la guerra, difamación, emborrachamiento, sodomía, asesinato y hechicería para hacer daño a otros. En la Nueva España se aplicaba el derecho castellano y la legislación de Indias, donde también se aplicaba la pena de muerte. Además, hay que recordar que en Nueva España también se estableció el Tribunal de la Fe y Santo Oficio de la Inquisición por lo que los crímenes en contra de la fe católica también eran castigados.

Se calcula que actualmente 53 de los 195 países del mundo contemplan la pena de muerte en sus códigos penales; aunque algunos no la aplican desde hace varios años. Pero las ejecuciones en países como China, Estados Unidos, Arabia Saudita, Irán e Iraq aún se practican. En México se abolió totalmente la pena de muerte en 2005. 

Aunque la pena de muerte siga existiendo, lo cierto es que los métodos de ejecución han cambiado. En la actualidad se busca que la muerte del condenado sea rápida, sin dolor y sin intenciones de humillación. La humillación de quien recibía la pena de muerte era uno de los factores esenciales de las ejecuciones en el pasado. Pensemos simplemente en la crucifixión, un método de ejecución practicado por los asirios y “perfeccionado” por los romanos. Se aplicaba únicamente a esclavos y extranjeros, no a ciudadanos romanos. Por ello Jesús fue crucificado. En cambio, Pablo, romano de nacimiento, fue decapitado. La crucifixión pretendía alargar la agonía del condenado a muerte, pero también humillarlo ante los otros. Las ejecuciones han dejado de ser un espectáculo público. Aunque en Estados Unidos, por ejemplo, aún pueden asistir algunas personas a presenciar la ejecución de reos. Los asistentes son determinados por la Corte. 

Los métodos actuales para aplicar la pena de muerte, como la inyección letal y la cámara de gas, pretenden llevar a cabo las ejecuciones de la manera más humanitaria posible. La guillotina, ese símbolo de la Revolución francesa, pretendía lo mismo. ¿Cuándo se imaginan que fue la última vez que se utilizó la guillotina? El 10 de septiembre de 1977 en Marsella, Francia. La silla eléctrica, por muy terrible que parezca, aún es legal en algunas partes de Estados Unidos. 

Así como la pena de muerte existe y ha existido a lo largo de la historia, así también han existido argumentos y movimientos en su contra. Uno de los principales argumentos es que nadie tiene derecho sobre la vida de otra persona, ni un individuo ni un Estado. Además, la pena de muerte no parece disminuir los crímenes. A favor de la pena capital se ha dicho que así como el médico corta un miembro gangrenado para salvar al resto del cuerpo, así el Estado tiene que salvaguardar el orden de una sociedad al deshacerse de los individuos que atenten contra ella. 

¿Qué opinan? Yo estoy en contra de ella. Confieso, sin embargo, que al leer sobre ciertos crímenes, la sangre me hierve.  Pero luego pienso en lo que decía Gandhi, “Ojo por ojo, y el mundo quedará ciego”.

Sapere aude! ¡Atrévete a saber!

@hzagal

(El autor es conductor del programa de radio “El Banquete del Dr. Zagal” y profesor de Filosofía en la Universidad Panamericana)

*Las opiniones expresadas en esta sección son de exclusiva responsabilidad del autor y no necesariamente representan la opinión de MVS Noticias