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¡Oaxaca de Toledo!

En la tinta de Sergio Almazán

Sergio Almazán Sábado 7 De Septiembre, 2019 · 09:50 am
¡Oaxaca de Toledo!
Un papalote para Francisco Toledo / Luis Hernández Navarro

Francisco Toledo quien nació en Juchitán, Oaxaca aquel 1940, entre el olor de los comales cocinando tlayudas, mezcla de mezcales y juego eróticos de toda esa zoología onírica que convirtió en arte. Las calles de Oaxaca tienen no sólo los pasos del pintor juchiteca Francisco Toledo, sino sus huellas: trabajó en su reedificación, en su patrimonio, en su belleza que se extendía desde el Museo de Arte contemporáneo de Oaxaca, hasta el exconvento de Santo Domingo, pasando, pero su presencia es más alta, en los azules y únicos cielos oaxaqueños, el pintor, grabador y escultor echo a volar sus papalotes con esa lúdica zoología de insectos y morfologías cuasi oníricas.

Todo Oaxaca, París, Veracruz, Inglaterra, Suiza y Alemania saben, admiran, conocen y respetan el trabajo artístico de Francisco Toledo, quien estuvo siempre escondiéndose de los reflectores. Vivía entre las calles y la serranía de Teotitlán del Valle, hurgando en los mercados, yendo y viviendo en el centro histórico de la capital oaxaqueña como el hijo pródigo, el más popular de sus habitantes. Hizo todo por preservar, promover y mantener el patrimonio cultural, intangible, memorioso y artístico de su tierra con rescates de zonas textileras en el Centro de Artes de san Agustín (CaSa) en Etla, donde intervino el espacio con la maestría de su privilegiada vista y estética, toda vez que impulsó el tradicional oficio de tejedoras con fibras prehispánicas.

Tan único que combinaba entre insectos vivaces y fálicas figuras con rostros y juegos provocadores, aves miradas inquietantes. Amorfos humanos y murciélagos tan humanos. No por nada, el crítico y ensayista Naief Yehya lo llamó “El artista de las asombrosas filias”. Porque al ser tan humano eran más pasional, instintivo, sexual y artístico. Basta ver su zoología fantástica –a propósito de su mirada a la obra de Borges–; las ilustraciones al Nuevo catecismo para indios remisos de Carlos Monsiváis, con ello entendemos sus filias y su fe, su defensa y sus perversiones, su fe y su redención.

Defensor de la naturaleza, opositor a los transgénicos, a las franquicias de comida rápida, a la privatización de la tradición oaxaqueña como es la Guelaguetza, al tren maya; su propuesta acercó a la identidad, al respeto natural, al derecho al arte y a la vida libre sin prejuicio y sin devociones más que a las artes que son la otra sexualidad como la llamó Toledo.

A este juchiteca le debemos el poderoso y enigmático arte visual al viejo, tradicional y sublime estilo de las artes gráficas, que acercaban y dialogan con sus espectadores. Como dijo Monsiváis: “si logramos recocer a Toledo en la calle o la prensa es porque ya nos pico uno de sus insectos”; y efectivamente esa es la grandeza de este pintor, su enorme capacidad para hacerse presente en la mirada, el gusto, el respeto, el cariño, la empatía y admiración de todos, porque su obra dialoga, explora, provoca, invita, incita, excita y enamora sin prejuicios, ni distinciones. Se trata del artista para todos.

Es un caso (casi) único en las artes porque Francisco Toledo es un artista artesanal o un artesano artista que en madera, textiles, papel, algodón, cerámica, concreto, yeso, oro y plata se expresó con las técnicas básicas del artista y las profundas e íntimas del artesano. Sus murciélagos, hormigas, conejos, gatos –como la urna para Carlos Monsiváis– venados, lagartijas, monos o falos animaban un juego que tomaba vuelo en su compromiso con las causas como los 43 papalotes que echó a volar por los jóvenes de Ayotzinapa. Ése y eso pero, muchísimo más es el mundo Toledo, era Francisco el juchiteca que nunca traicionó su tierra, su raíz y su pasión.

 

Oaxaca de Juárez es ahora también de Toledo y Juchitán de Francisco.

 

Abramos la discusión: @salmazan71