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Nihil novum sub sole…

De la tinta de Héctor Zagal

Héctor Zagal Domingo 27 De Octubre, 2019 · 11:54 am
Nihil novum sub sole…
Foto: Ilustración

El crimen gobierna Morelos. Yautepec, en otro tiempo un pueblo encantador, hoy luce triste a pesar del sol radiante y la abundancia de flores. Los vecinos temen salir por las noches y, en cuanto se pone el sol, se recogen en la precaria seguridad de sus casas. Los delincuentes roban y secuestran a su antojo. Los agricultores más prósperos se ven obligados a pagar derecho de piso, de lo contrario, su vida y propiedades corren peligro. El gobernador brilla por su ausencia. Los alcaldes poco pueden hacer, pues carecen fuerzas capacitadas y armadas para enfrentar a los criminales. En los pueblos hay cómplices e informantes de los criminales. Incluso hay quienes admiran y envidian las “hazañas” de los ladrones.

Todo mundo sabe donde tienen su guarida, pero nadie se atreve a ir por ellos. De vez en vez, el gobierno federal envía algunos soldados, pero sus armas son inferiores a las de los criminales y prefieren evitar los enfrentamientos. Eso sí, que a ningún ciudadano se le ocurra criticar al gobierno, porque entonces caerá sobre él toda la frustración de la autoridad, que es el hazmerreir de los ladrones. Algunos ciudadanos tienen puestas sus esperanzas en el Presidente. Es lo único que les queda, esperar.

En Puebla la situación tampoco es mejor. La carretera entre Veracruz y México es peligrosísima. Viajeros y comerciantes son víctimas de robos que se efectúan con precisión sorprendente. El gobernador de Puebla parece más preocupado por las apariencias que por la eficacia. El comercio resiente los robos, pero las quejas de los particulares no son escuchadas ni en el Palacio de Gobierno de Puebla ni en Palacio Nacional.

La capital de la república tampoco marcha bien. En verano, las lluvias inundan la ciudad y la convierten en un inmenso lodazal. En la época de secas, el polvo hace que el aire de México sea irrespirable. Lo peor de todo es que los robos con violencia también proliferan. Los ladrones entran a las mansiones y se llevan los valores de los ricos. Los pobres tampoco gozan de mejor suerte. Hay barrios a los que la autoridad no se atreve a ingresar. Y por si fuese poco, hay indicios de falsificación de monedas.

Las malas lenguas dicen que detrás de los robos en el camino entre México y Veracruz, de los robos en la capital y de la falsificación de moneda hay alguien muy poderoso, alguien que se mueve en los círculos más altos de la política mexicana. Sólo así se explica que las autoridades no tomen cartas en el asunto y lleguen al fondo.

Si les interesa saber un poco más de estas dos historias, les recomiendo que lean las novelas “El Zarco”, publicada entre 1886 y 1888, de Ignacio Manuel Altamirano (1834-1893). El autor narra las tropelías de un bandido apodado el Zarco, que comandaba la banda los Plateados, y cuyo refugio eran las ruinas de la hacienda de Xochimancas, allá por Yautepec, Mor. El presidente del que se habla es don Benito Juárez. La otra novela se llama “Los bandidos de Río Frío” de Manuel Payno (1810-1894). Fue publicada por entregas entre 1889 y 1891. Uno de sus personajes claves es el siniestro Coronel Relumbrón, quien detrás de su fachada de político decente y padre de familia, esconde una vida de corrupción, rapiña y crimen. Y que conste que yo solo hablo de literatura mexicana del siglo XIX. Si no me creen, lean las novelas que cito.

Sapere aude! ¡Atrévete a saber!@hzagal