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Música para una fístula real

De la tinta de Héctor Zagal

Héctor Zagal Domingo 26 De Enero, 2020 · 10:28 am
Música para una fístula real
Foto: Ilustración

Luis XIV de Francia (1638-1715), conocido como el Rey Sol, hizo de la corte francesa la cuna de la elegancia y la etiqueta. Para ello transformó el refugio de caza favorito de su antecesor, Luis XIII, en el opulento Palacio de Versalles. Aunque era el centro glamuroso de la época, probablemente olía muy mal. La escasez de letrinas acostumbró a los nobles a realizar sus necesidades en los pasillos y jardines del palacio. ¿Por qué tan quitados de la pena? Vaya, el mismo rey recibía a sus cortesanos mientras estaba sentado en el retrete real. Al aire se añadía el muy personal perfume de Luis XIV quien, dicen, no se bañó más de tres veces en toda su vida. Aunque el baño diario no era un hábito de la Francia de entonces, probablemente aquello no es más que una exageración.

Los perfumes y ungüentos aromatizados eran muy populares en esa época. Pero los humores corporales eran la menor de las preocupaciones de Luis XIV. A principios de 1686, cuando el rey tenía 48 años, comenzó a quejarse de un pequeño bulto que estaba creciendo en el perineo. ¡Auch! La molestia era tanta que el monarca no podía sentarse, andar a caballo o defecar sin dolor. Para colmo, la dieta de los aristócratas era escasa en fibras. El pan “integral” era de pobres y la ingesta de carne era mucha. Mejor ni imaginarse el suplicio del Rey Sol. Los médicos reales le prescribieron enemas; de poco sirvieron. Después de una exploración más detallada, se concluyó que se trataba de una fístula.

Los médicos reales querían evitar la cirugía a toda costa, pero de nada sirvieron los remedios. Ni siquiera hoy, en pleno siglo XXI, es posible escapar de la cirugía para curar las hemorroides severas. El problema no era la destreza del cirujano, sino la falta de esterilización. Las infecciones estaban a la orden del día. Después de que las aguas termales, último recurso, fracasaran para aliviar los males del rey, se optó por la cirugía. El encargado de velar por el Real Trasero fue Charles-François Félix de Tassy. Antes operar al rey, Tassy se dedicó a operar cuantas fístulas se encontrara para perfeccionar su técnica. En el camino, se le murieron algunos pacientes; pero como eran plebeyos, aquello no pasó a mayores. Así se la gastaban en aquellas épocas.

Gracias a  es experiencia, diseñó un bisturí especial. Finalmente, en noviembre de 1686, fue el turno de Luis XIV. La operación se realizó en Versalles y estuvieron presentes Louvois, el general de Guerra, Madame Maintenon, esposa de Luis XIV, su confesor, y otros médicos.

Unos cortes aquí, unos cortes allá, y listo. Dicen que no se quejó en ningún momento. ¡Todo sin anestesia!  El rey pudo recibir embajadores al día siguiente y en pocas semanas volver a andar a caballo. Tal fue el júbilo de saber que el rey estaba bien, que el compositor real Jean Baptiste Lully se encargó de poner letra y música a la alegría del pueblo (sic). La canción exclamaba ‘Gran Dieu, sauve le Roi’ (Gran Dios, salva al rey). Pueden escucharlo en youtube.


Cuenta la leyenda que esta melodía fue conocida por Händel (1685-1759) y lo inspiró para componer el famoso canto de ‘God Save the King’ para Jorge I de Inglaterra. Así que ya saben, una fístula real puede estar detrás de este soleme himno.

 

Sapere aude! ¡Atrévete a saber!

@hzagal