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Monsiváis, una minoría de masas

De la tinta de Sergio Almazán

Sergio Almazán Sábado 20 De Junio, 2020 · 09:20 am
Monsiváis, una minoría de masas
Escritor mexicano Carlos Monsiváis, durante un acto en Ciudad de México / EFE

Carlos Monsiváis, a una década de su partida, se vuelve necesario y su pensamiento una de las mayores causas heredadas aún por explorar y repensar. Se hizo dueño de la urbe, a fuerza de caminatas y exploraciones por mercados de pulgas, mítines y retratos puntuales del ritual del caos capitalino. Se apropió de la plaza pública donde asistió alzando la voz, acompañando movimientos y apoyando minorías –con su presencia y convicción esas minorías eran cada vez más grandes–. Sus causas estuvieron siempre en franca convicción de los derechos humanos y animales, como los gatos. Diversidad sexual, apoyo por garantías de atención de salud a gente con VIH, a sexoservidoras y sexoservidores; promotor de la izquierda mexicana, universitarios, y el EZNL. Causas donde encausó sus pensamientos, sus reflexiones, sus crónicas, sus críticas y sus tantas ideas e ideales.

Pocas veces se da que un escritor de su altura se convierte en dominio público y es que eso era: un escritor público, presente en la escena pública y amante de los públicos. Nada le era ajeno y le valía legitimidad sus apariciones en todos los espacios por ser individual y de las masas. En todos los escenarios, saberse hacer imprescindible. Nos pertenecía porque antes ya nos había hecho parte de sus irónicas crónicas, de sus puntuales observaciones y sus mordaces descripciones.  Es quizá de los pocos casos en que su oficio poco popular lo lleva a la masiva presencia y de todos conocido. Vecinos, políticos, intelectuales, coleccionistas de la lagunilla, taxistas, estudiantes, amas de casa, policías y hasta ladrones sabían quien era Monsi. Era la estrella, después de Pita Amor más acosada de la Zona Rosa, era el intelectual más socorrido, el más mediático, el ajonjolí de todos los mítines, el presentador más presente. Era la voz y la palabra, la idea y el concepto, el ojo y la cerradura, la ventana y la chistera. Era Monsiváis el mejor de los ejemplos de equidad, de servicio y de causa. Por ello dijo en una ocasión que sólo aceptaría un Doctor Honoris Causa siempre y cuando fuera de Causa Perdida.

En estos tiempos, en que lo humano parece no ser un derecho, en donde la polarización ideológica revive las históricas discriminaciones por color, condición social e ideología, el pensamiento monsivariano precisa revisarse, releerse, revisitarse con la urgente necesidad de reformar las instituciones, las relaciones entre las personas y contribuir a lo más inmediato y primario de todos los derechos humanos: la equidad social y como ocurrió en las épocas juaristas: ilustrar el pensamiento.

El éxito totalizador de la polarización social que se evidencia en los discursos no sólo políticos sino de la mesa y vida cotidiana: el pobre, el prieto, el jodido, el amlover vs. el fifí, la mafia del poder; los corruptos, se apunta en algo que Monsiváis ya describía en su obra Días de Guardar (1970): “Es simple pero eficaz, el efecto ensoñador en la prensa rosa y los círculos sociales donde los apellidos se dejan ver, se dejan oír, y a fuerza de su repetición auditiva y visual nace el linaje. Para ello sirven las revistas de sociales, de moda, los eventos privados de sociales a diferencia de los eventos masivos sin apellido, sin rostro, multitud al fin al cabo. Lo masivo no diferencia, lo privado, lo confinado distingue. Justo lo que se rompió, la frontera de cristal de los otros, lo ajeno, lo lejano se estrechó en su brecha ante pandemias que fragilizan lo que creíamos robusto como el linaje.

Monsiváis se volvió de dominio público por ser puente y puerta, cruce y acceso a los otros, a los diversos, a los anónimos en un linaje llamada multitud, demasiada gente, izquierda, causas, derechos, minorías, luchas sociales e inteligencia. Temas que hemos abandonado en el laberinto de las polarizaciones, en los temores de la presencia de los diferentes, de los otros, de los distintos.  No aprendimos en todo este tiempo nada de cultura popular, de sociedad diversa, de equidad y derechos humanos. Quizá la crisis sanitaria por esta pandemia, que destapó nuestros más ruines sentimientos humanos nos haga volver a lo que llamó Monsiváis: las minorías que son cada vez más.

*Las opiniones expresadas en esta sección son de exclusiva responsabilidad del autor y no necesariamente representan la opinión de MVS Noticias