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Mi amigo Obdulio, el conejito de Pascua y la pandemia

De la tinta de Héctor Zagal

Héctor Zagal Domingo 12 De Abril, 2020 · 09:39 am
Mi amigo Obdulio, el conejito de Pascua y la pandemia
Pascua en la Basílica de Guadalupe

Para los cristianos romanos y los evangélicos, la Semana Santa termina hoy con el Domingo de Resurrección. Ayer por la noche, la iglesia católica encendió los cirios pascuales, símbolos de Cristo resucitado. En México, ayer, sábado de gloria, también tocaba la quema de judas. La situación no lo permitió. Dejaremos para el año próximo esta pintoresca costumbre. La próxima semana santa compraré muchos judas de cartón para apoyar a los artesanos. Sería una pena que se perdieran esos diseños de diablos y charros gordinflones. Esta semana santa fue, para todos, una semana santa muy peculiar. El papa Francisco ofició la solemne vigilia pascual en la desierta e imponente basílica de San Pedro.  Caleta y Caletilla en Acapulco estaban vacías. Sólo el mercado de la Viga en CDMX estaba a reventar. En resumen, un espectáculo desolador.

La Pascua se celebra de diversas maneras a lo largo y ancho del mundo cristiano. Aunque empieza a volverse popular la búsqueda de huevos de chocolate en México, esta tradición está más arraigada en el mundo anglosajón. La historia de esta costumbre tiene orígenes paganos. En inglés, la Pascua es llamada Easter. Según algunos, el nombre proviene de Ostara, deidad celta de la primavera. Según otros, el nombre deriva del nombre de Astarté, la diosa sumeria de la fertilidad, también conocida como Inanna, Ishtar y Astarot. No es raro que las festividades cristianas desplazaran ritos paganos. En cualquier caso, abundan las celebraciones religiosas en torno a la primavera en el hemisferio occidental.

No se sabe con exactitud cuándo y dónde se originó la costumbre de decorar y regalas huevos. Lo que sí sabemos es que los primeros cristianos fijaron un tiempo de penitencia de cuarenta días para purificar el alma antes de la conmemoración de la pasión y resurrección de Cristo. En la edad media, la penitencia era tan estricta que el viernes santo no se podía comer carne, huevos ni lácteos. Así nació la costumbre de guardar y decorar los huevos que las gallinas ponían el viernes santo para comerlos pasados el ayuno. Y ya puestos por este camino, los huevos cocidos evolucionaron a huevos de chocolate. Claro que, como el chocolate es mesoamericano, los huevitos de Pascua son muy posteriores al siglo XVI. Menuda diferencia. Yo me comería al horno al conejito de Pascua, si el animalito me regalara huevos cocidos en lugar de huevos de chocolate.

¿Y de dónde salió el conejito de Pascua? No se sabe a ciencia cierta. Según una leyenda, el primer animal que vio a Jesús resucitado fue un conejo. Por ello se dice que cada Domingo de Pascua, este conejito se encarga de repartir huevos decorados para recordarle al mundo la resurrección de Cristo.

En Alemania y Austria, algunos decoran las ramas de los árboles con huevos de Pascua. Un hombre llamado Volker Kraft empezó a decorar un manzano en su jardín en 1965 con apenas 18 huevos de Pascua. A partir de entonces decidió decorar su manzano cada año añadiendo más y más huevos. Así lo hizo hasta que, en 2016, decidió detenerse y donar su colección. Al final, él y su familia colgaron hasta 10 mil huevitos.

La Pascua también tiene su lado gastronómico. En países como Rusia, Grecia y España, se preparan panes especiales para celebrar. El kulitsch es un pan tradicional ruso de forma cilíndrica alta, relleno de frutas confitadas y aromatizado con azafrán y cardamomo. Dicen que representa el Gólgota, monte donde fue crucificado Jesús. En Grecia, se acostumbra preparar masa trenzada, tsoureki, pan de Pascua, condimentado con cáscara de naranja y con la resina amarga de una especie de árbol del Mediterráneo. Sobre este trenzado se colocan huevos teñidos de rojo, que representan la sangre de Jesús. En algunos lugares de España, se comen las monas de pascua, una suerte de rosquilla adornadas con huevos duros. Tradicionalmente, los padrinos se la regalaban a sus ahijados y el número de huevos del pan correspondía a la edad del niño. Actualmente, en lugar de huevos duros se usan huevos de chocolate. ¿Y en México? Es curioso que un país con tanta riqueza gastronómica como la nuestra, no exista una comida típica de Pascua. ¿O sí? ¿Ustedes la celebran con algún platillo tradicional?

No quisiera terminar sin una pequeña reflexión para quienes son cristianos. Jesús fue ejecutado de la peor manera. Sus enemigos se regodearon con su muerte y sus amigos lo abandonaron. Sólo su madre, algunas mujeres y un adolescente, el apóstol Juan, lo acompañaron mientras agonizaba en la cruz. Pero, para los cristianos, la muerte, el desastre, la derrota, la enfermedad, las epidemias, las injusticias no tienen la última palabra. Los cristianos ortodoxos (que, dicho sea de paso, celebran la Pascua con un calendario diferente), se felicitan en Pascua de una manera muy bonita.  “¡Cristo ha resucitado!”, dice uno. Y el otro responde: “¡En verdad, ha resucitado!”.

Ya les he platicado de mi amigo Obdulio. Además de ser gourmet y un poco cínico, es un ateo consumado. Pues hace unos días hablé con él para preguntarle cómo le pintaba todo. Y él me respondió: “La verdad, de la fregada y lo que viene será peor. En una de esas, y me muero en la fase 3. Y no sabes la envidia que me dan los cristianos”. “¿Por qué?”, le pregunté. “Pues porque ellos creen que, ya sea que en esta vida o en la otra, las cosas tendrán un final feliz”. Mi amigo Obdulio tiene un punto. Los cristianos profesan una fe que les asegura que, a pesar de todo, ni la injusticia, ni el dolor,  ni la muerte nunca tendrán la última palabra. Cristo resucitó.

Sapere aude! ¡Atrévete a saber!

@hzagal

*Las opiniones expresadas en esta sección son de exclusiva responsabilidad del autor y no necesariamente representan la opinión de MVS Noticias