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México sin partidos

Sergio Almazán 9/Mar/19 10:11
México sin partidos
En cien días que está cumpliendo como presidente Andrés Manuel López Obrador su ideal democrático perfila su deber ser con tres ideales planteados / Foto: Reuters

En la tinta de Sergio Almazán.

Hace poco más de tres décadas que el pensador italiano Giovanni Sartori planteó una tesis para Europa: El ideal democrático no define la realidad democrática y viceversa. Nada que la actualidad no explique por sí misma esta idea tan provocadora que generó ruido entre los círculos intelectuales y los políticos de su época.

Según Sartori, dos fuerzas mantienen la tensión social de esto que el mundo  moderno ha querido vender como democracia: el empuje del deber (los ideales, las proyectos de partido y nación, las promesas de campaña) y la resistencia del ser (las ideología sociales, partidistas y políticas,  los hechos y los deseos de los dirigentes y los sueños de los votantes) . Son dos fuerzas en constante tensión y que por momentos parecen coincidir pero siempre mantienen los movimientos en la cancha política. A veces provocan tiempo extra o arbitrajes impositivos.

En cien días que está cumpliendo como presidente Andrés Manuel López Obrador su ideal democrático perfila su deber ser con esos tres ideales planteados: evidenciar la corrupción, la austeridad republicana y la cancelación de la construcción del nuevo aeropuerto del país –si bien éste no podría ser llamado un ideal, su obsesión por ejercer todo su poder frente a los empresarios involucrados. se convierte de una decisión en un ideal: “nadie por encima de la ley”–.  Son cien días en que el ejercicio del poder oscila entre el empuje del deber y la frágil resistencia del ser.

Lo que quizá Sartori no logró advertir en su postulado conceptual de la democracia es:  la evidencia que estamos asistiendo es a la autodemocracia. Países como Francia, España en menor medida y México están siendo gobernados por un presidente que llega al poder en solitario, sin más apoyo ni ideología que la propia, por el autoempuje del deber. Somos testigos y partícipes en esta llamada 4ta. Transformación que por primera vez, no tenemos partidos, México se quedó sin líderes políticos ni contrafuerzas, ni frenos, ni resistencias,… en síntesis no hay réplica. No hay democracia.

El mismo presidente es el líder, el mesías, el contenedor de un proyecto de gobierno, una forma única, unipersonal y en solitario de dirigir a este país tan golpeado por dirigentes, partidos, sindicatos, empresarios, movimientos y líderes,  que ahora en López Obrador el ciudadano a pie ha depositado toda su fe, su esperanza y hasta su resistencia. No hablan del partido, de la dirigencia morenista, de un equipo, sino que se habla y se refiere el ciudadano a él: AMLO como si fuera el único, el abuelo, el tata, el líder, el solitario en el palacio, sin otra autoridad, sin otro más que él como la encarnación absoluta del salvador.

¿Y los adversarios?, ¿Donde está la oposición? Esa ya no existe. Las tres fuerzas o “partidos políticos” que hasta las pasadas elecciones del 2017 se presentaban como contrincantes, desaparecieron en la práctica, aunque sus registros, sus curules, sus siglas y edificios sigan en pie.

El PRI cada vez más anulado, desprestigiado y señalado con altos índices de corrupción, a grado tal que se ha pedido la salida del partido, del pasado presidente del país. El PAN dividido y con profunda crisis de credibilidad, así como de legitimidad frente a la sociedad. Y El PRD es quizá, de los tres partidos, el que prácticamente ya desapareció, sus agremiados se han ido cambiando a modo de camiseta y no representa nada para la sociedad, solo la sombra de acomodaticios partidistas en curules sin contrafuerza ni réplica. Ahí están desde el exjefe de gobierno de la ciudad que aferrado a su curul mira las evidencias de una crisis urbana llena de corrupción que dejó su ejercicio político.

Es decir, en cien días, AMLO es el único líder social convertido en el estandarte del deber y ser todopoderoso, su partido es él mismo, su fuerza descansa en su figura y su autodemocracia. ¿Cuál sería el costo de esta manera política de continuar sin partidos ni oposición? En cien días o menos, el país se quedó sin partidos políticos. A refundar la nación y quizá sea mejor hacerlo sin ellos.

Abramos la discusión: @salmazan71