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México amargo*

De la tinta de Guille Gómora

Guille Gómora Miércoles 29 De Mayo, 2019 · 07:39 am
México amargo*
Lo que sucede en el estado que gobierna Silvano Aureoles es alarmante, el poder fáctico del crimen organizado es real.

Retomo el título del libro escrito por Manuel Mejido, en la década de los setenta, no sólo porque refleja fielmente lo que hoy sucede en nuestro país, sino porque los temas que ahí relató, lamentablemente siguen vigentes: pobreza, desempleo, inseguridad, abandono del campo, migración del campo a la ciudad y fuera del país e indolencia de las autoridades, entre otros.

Pareciera que nada ha cambiado, sólo los actores políticos, pues las deudas sociales persisten. Basta con mirar hacia el bajío o sureste mexicano para confirmar el gran reto que tienen los gobiernos locales y el federal.

Michoacán está al borde de un estallido social que podría afectar a sus vecinos de Guerrero y Jalisco, además de contaminar otros frentes, como el del magisterio, o la inseguridad que en Veracruz, Tamaulipas y Chihuahua sigue cobrando vidas inocentes ante la inacción de las autoridades.

Lo que sucede en el estado que gobierna Silvano Aureoles es alarmante, el poder fáctico del crimen organizado es real. Atestiguamos una lucha abierta por el control de la plaza con la participación activa de los ciudadanos en ambos bandos. En un frente están el Ejército, la Marina y la Policía; en el otro, pobladores que sirven a los grupos delincuenciales por obligación o convicción, pues no han encontrado respuesta a sus demandas entre quienes los gobiernan.

La amenaza de los grupos de “autodefensa” de seguir tomando municipios, incluida la capital, Morelia, es un abierto desafío y obliga al replanteamiento de la estrategia de seguridad, pues la incorporación del pueblo al lenguaje de la “lucha de clases” deriva, a decir de los especialistas, en una “guerrilla urbana” con un liderazgo sin ideales sociales, sino criminales.

En menos de una semana hemos visto que la zona conocida como Tierra Caliente en Michoacán está a punto de explotar, el incremento de la presencia de las fuerzas federales agitó el avispero y hoy reina la desconfianza en los frentes de batalla, ubicando a la entidad en un estado de excepción, aunque su gobernador intenté endosar el problema al Ejército y nadar de a muertito.

Los índices delictivos se han multiplicado entre 2013 y 2018 y están más elevados que nunca: los homicidios dolosos (pasaron de 475 a mil 60), las lesiones con arma de fuego (de 138 a 899), las amenazas (de 355 a 2 mil 645), los secuestros (de 194 a 511) y el narcomenudeo (de cero a 2 mil 240)

Lo grupos de autodefensa operan en 33 municipios, controlan más de la mitad del territorio michoacano. Regiones bajo el control de La Familia, Los Caballeros Templarios y hora el Cártel Jalisco Nueva Generación, lamentablemente coludidos con la policía local.

¿Hasta cuándo seguirá el caos y la ingobernabilidad, en Michoacán? La entidad se ha convertido en tierra de nadie y la inseguridad rige las actividades de los ciudadanos, a grado tal que antes de preguntar por las condiciones climatológicas averiguan si no habrá balaceras y podrán salir de sus casas para acudir a sus labores o la escuela.

El “México amargo” que hoy registra nuestra historia, sólo confirma, como diría Luis Donaldo Colosio en su discurso de 1994, que hay un país con sed de justicia y hambre. Quien no lo quiera ver, entender y, sobre todo, atender, deberá asumir las consecuencias políticas y sociales. Hoy los ciudadanos no quieren más discursos, exigen acciones concretas.

@guillegomora