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¡Lotería!

De la tinta de Héctor Zagal.

Héctor Zagal Domingo 22 De Septiembre, 2019 · 12:12 pm
¡Lotería!
Sabías qué en 1861, Benito Juárez fundó la Lotería pública y prohibió que hubiese otra semejante en la República - Ilustración

¿Compran ustedes boletos de la Lotería Nacional? La lotería nació para conseguir dinero para la beneficencia. En el México del siglo XIX, había loterías privadas, promovidas por religiosos y sacerdotes. Actualmente, la lotería es del gobierno. Algunos consideran que la lotería es un impuesto voluntario: el único que no duele. En este mundo posmoderno, en el que ateísmo y el fundamentalismo religioso conviven codo a codo, la lotería sobrevive. Y es que, frente al azar, todos somos iguales. En el mundo del azar no existe el mérito.

El juego es muy importante para los humanos. Los juegos pueden simular una batalla planeada, como el ajedrez o las damas chinas; son ejercicios de estrategia. Pero también hay juegos donde manda el misterio, la suerte y el capricho, como el cubilete o la ruleta. Finalmente, hay juegos que conjugan la estrategia con la suerte, como el dominó. Sea como fuere, el juego tiene cierta función social, porque enseña a respetar un mínimo de reglas.

¿Por qué jugamos? Jugamos para entretenernos, para divertirnos, para convivir. El juego también es una manera de comunicarnos con un orden superior; por ejemplo, el juego de pelota en Mesoamérica. Era un rito en el que se jugaba la existencia del mundo. La pelota de hule simbolizaba el sol y la luna; la cancha, el cielo. Los jugadores representaban el movimiento de los astros, el cual dependía de los dioses. En ocasiones, en este juego había sacrificios humanos. La sangre alimentaría al orden cósmico.

El juego de pelota, no obstante, era sobre todo un juego de destreza, una batalla de baja intensidad. Pero en Mesoamérica también había lugar para la suerte. ¿Le suena el patolli? Al parecer, era una especie de parchís. Los jugadores de patolli se ponían en manos del azar. Los participantes oraban antes de arrojar los patolli, unos frijoles perforados, invocando a Macuilxóchitl (Cinco Flor), deidad de la música, la danza y los juegos de apuestas. Tanto el juego de pelota como el patolli fomentaban las apuestas, ya fuese entre jugadores o entre los espectadores. Se jugaban joyas, piedras, esclavos, comida, y hasta la propia libertad.

Los españoles, por su parte, trajeron consigo los naipes. Muy a pesar de las reconvenciones de los frailes y curas, los novohispanos siguieron jugando. La Corona, más avariciosa que religiosa, optó por el negocio. Dado que sus súbditos se empeñaban en seguir jugando, el Rey monopolizó la fabricación de naipes.  La impresión y comercialización de la baraja era un privilegio exclusivo de algunos pocos empresarios favorecidos por el Rey. En otras palabras, nada de libre comercio.En 1767, Francisco Xavier de Sarría, un español que había llegado a América en busca de fortuna advirtió que la pasión por el juego hacía de la Nueva España un lugar ideal para la lotería. Volvió a España a compartirle su proyecto a Carlos III. El Rey autorizó la lotería en Nueva España en 1769. El 7 de agosto de 1770, se colocó en las esquinas más transitadas de la capital el reglamento de la lotería. El 13 de mayo del 1771 se celebró el primer sorteo en estas tierras. El primer acto de beneficencia de la lotería en México fue durante el gobierno del virrey Martín de Mayorga y Ferrer (179-1783).

Tras estallar la guerra de Independencia, la Lotería decayó, pero siguió operando. En 1861, Benito Juárez fundó la Lotería pública y prohibió que hubiese otra semejante en la república. No tuvo mucho éxito. Entre vaivenes y crisis, la Lotería pública funcionó hasta 1915, cuando Venustiano Carranza la suprimió. Cinco años después, Adolfo de la Huerta la reinstauró como Lotería Nacional para la Asistencia Pública. La Lotería tuvo varias sedes antes de trasladarse, finalmente, al emblemático edificio de “El Moro” sobre Paseo de la Reforma de la Ciudad de México, inaugurado en noviembre de 1946.

¿Ustedes juegan a la lotería? Yo prefiero apostarle a mi trabajo, pero una vez al año me permito soñar y compro un “cachito” para el sorteo magno de año nuevo. A veces es sano abrirle la puerta al azar un poquito. ¿No les parece? A lo que nunca le entro, es al strip póker. Es que soy muy friolento…

Sapere aude! ¡Atrévete a saber!

@hzagal