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Los últimos Jedi: El Emporio contraataca

De la tinta de Sergio Zurita.

Sergio Zurita Viernes 15 De Diciembre, 2017 · 07:37 am
Los últimos Jedi: El Emporio contraataca
Foto: Reuters

Antes de ver Los últimos Jedi, el nuevo episodio de la saga de Star Wars, leí la crítica de Peter Travers en Rolling Stone.

El gran acierto de Travers es comparar a Luke Skywalker con Próspero, el personaje central de La Tempestad.

La Tempestad es la última obra escrita por Shakespeare y es, en cierto modo, la más autobiográfica de todas. Próspero era el duque de Milán hasta que sufrió una traición. Decepcionado de la vida, decide irse a refugiar a una isla desierta con su hija y sus libros de conjuros. Próspero es capaz de dominar espíritus (a su servicio tiene uno, que habita los aires. llamado Ariel) y bestias horripilantes como Calibán, que vive bajo tierra.

Un día, los enemigos de Próspero pasan cerca de su isla en un barco y él provoca una tempestad que los hace naufragar y quedar al alcance de sus manos para vengarse.

En sus últimos años de vida, Shakespeare se retiró del teatro y volvió a su pueblo natal. Es fácil imaginarlo como Próspero, atravesando el mismo proceso que él: primero la sed de venganza y, finalmente, la paz consigo mismo.

Así de fascinante me pareció la idea de ver a Luke Skywalker, el joven lleno de sueños hace 40 años, convertido en un viejo amargado. Y esa es la idea de Los últimos Jedi, pero este Luke parece un adolescente berrinchudo metido en el cuerpo de un viejo. No tiene sabiduría.

Decir que entrena a la joven Rey en la disciplina Jedi no es vender trama. Es lógico, al final de la película anterior, que eso va a pasar: The Force Awakens era casi una calca (una buena calca) de la original Star Wars de 1977, así que era de suponerse que ésta sería la nueva versión de El Imperio contraataca. Y lo es. Pero en chafa.

El entrenamiento de Yoda al joven Luke era misterioso y tenía destellos del maestro del cine japonés Akira Kurosawa. Hay toda una secuencia con Luke, perdido en la selva de su propia mente, que recuerda el estilo de Kurosawa en la soberbia cinta Kagemusha, la sombra del guerrero. Esa escena tiene su propia versión con Rey en Los últimos Jedi, pero es sólo un dulce visual sin profundidad.

Por desgracia, esa es la tónica de casi toda la película. Los consejos de Luke a Rey suenan al peor libro de autoayuda. Los nuevos mundos y personajes parecen salidos de una mente infantiloide, vegetarianoide y ecologistoide. Una pesadilla, para acabar pronto.

Además, suceden demasiadas cosas. La única escena realmente estupenda es una en la que un personaje le dice a Luke: “Ah, joven Skywalker, todavía mirando al horizonte en vez de estar en el aquí y el ahora”.

Esa frase hace referencia a la toma favorita de George Lucas, que ocurre en los primeros minutos de la primera película: Luke ve en el horizonte los dos soles de su planeta y se pregunta qué habrá más allá. Su anhelo de aventura se hace presente.

Pero eso es lo único que vale la pena. Lo demás son chistoretes baratos, monitos hechos específicamente para vender juguetes y subtramas en las que los héroes y los villanos se van achatando hasta convertirse en criaturas bidimensionales, sin vida.

Pienso en George Lucas, recluido en su rancho como un Próspero moderno. Ojalá que no vea esta película, porque le van a dar ganas de que le regresen su legado, pero Mickey Mouse (negro como Darth Vader) y el Emporio Disney van a contraatacar. “No me interesa la versión Disney de Star Wars”, dijo Quentin Tarantino cuando Lucas les vendió la saga. Tenía toda la razón.

*Las opiniones expresadas en esta sección son de exclusiva responsabilidad del autor y no necesariamente representan la opinión de MVS Noticias