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Los ídolos incómodos

De la tinta de Sergio Almazán

Sergio Almazán 6/Abr/19 10:04
Los ídolos incómodos
La diputada Ma. Teresa Arreola del Partido Verde Ecologista de México ha tomado la tribuna para solicitar el retiro del monumento de Colón en la Ciudad de México / Ilustrativa

Hace 55 años la enorme escritora Elena Garro publicó un volumen de cuentos “La semana de colores” donde incluye un provocador cuento La culpa es de los tlaxcaltecas;se trata de un relato irónico de realismo mágico sobre la condición femenina estereotipada mezclada con aires de la conquista, del papel de la mujer y la herencia española de dominio. Su protagonista Laura Aldama viaja –entre sazones y guisos– al pasado colonial donde se encontrará con su amor mexica. Una historia simbólica sobre Malitzin, Cortés y los tlaxcaltecas quienes en aquel 1519 contribuyeron a la entrada de los españoles a las tierras Tenochcas.

 Lo que 500 años más tarde escuchamos, son las expresiones más extremas sobre el suceso que cambió la historia y la civilización, aquel encuentro donde se sentó en la Ciudad de México el mestizaje. Ese que nos dio riqueza en muchos sentidos y le dio al viejo continente, también un fuerte y decisivo valor a su cultura y sociedad. De ahí que escuchar declaraciones, propuestas y opiniones de quienes “representan a los mexicanos” desde los curules y partidos argumentando, exigiendo y categóricamente defiendo un falso histórico nacionalista es ante todo un acto irresponsable de patriotismo.

¿Requerimos las pasiones históricas en nuestros días?… En sesión la diputada Ma. Teresa Arreola del Partido Verde Ecologista de México ha tomado la tribuna para solicitar el retiro del monumento de Colón en la Ciudad de México, así como retirar las nomenclaturas de ciertas calles de alcaldías como Tláhuac, Miguel Hidalgo y Cuauhtémoc que llevan los Hernán Cortés o Cristóbal Colón a quienes los ha calificado como participes “crueles, violentos y de actitudes agresivas contra los indígenas” en tiempos de conquista.

Quitar monumentos no cambia la historia, y al mismo tiempo, representa un fatalismo nacionalista que no abona a una construcción histórica, cultural y social en la actualidad. Sin advertir su ignorancia del suceso histórico que suma a grupos prehispánicos que ayudaron, apoyaron y acompañaron la entrada, conquista, dominio y persecución de mexicas, como fue el caso de los tlaxcaltecas quienes sostenían de tiempo atrás pugnas y luchas violentas con los tenochcas. Uno no justifica lo otro, pero en los afanes históricos sumemos todas los frentes para contar con un documento completo, integral de la historia.

Mirarnos con 500 años de distancia con respecto a la conquista, el mestizaje, el surgimiento de la etapa novohispana, la colonia, la independencia, la reforma, la revolución, el modernismo y el México contemporáneo exige de nuestra parte y los dirigentes políticos, servidores públicos, intelectuales ayudar a que la sociedad concilie su pasado, reconstruyamos la identidad, el orgullo nacional sin divisionismos o falsos históricos.

Esos ídolos o monumentos que incomodan a quiene dicen representarnos en los partidos, curules y gobiernos no resuelven lo que estamos viviendo a nivel de relación social: corrupción, inequidad, rezago educativo, cultural y social en zonas marginas e indígenas del país, la extrema violencia y la falta de oportunidades en todos los sectores de la población.

 La culpa no es histórica, no confundirnos, las causas del estado de deterioro en que se encuentra el país es prueba de una forma sistemática de la desigualdad social de gobiernos del siglo XX. La discriminación, el abuso de poder, la violencia de género y homofobia, no son producto de los ídolos de bronce llamados Cortés o Colón. La culpa como la solución a las expresiones discriminatorias y abusivas del poder que experimentan grupos indígenas, vulnerables, mujeres, pobres u homosexuales no depende de un monumento o una disculpa sino de una política que evidencia su irresponsable práctica de gobierno culpando ídolos y sucesos históricos, mestizaje y personajes.

Estar frente a los 500 años de la llegada de Cortés a la antigua ciudad mexica debe de representar la oportunidad para reescribir la historia oficial sin pasiones extremas. Exigen los nuevos tiempos, una historicidad rigurosa, profunda, alejada de pasiones nacionalistas, dimensionar las acciones, los personajes, los sucesos y el resultado de esas dos miradas entrecruzadas: Cortés y Moctezuma en aquel 1519.

Los ídolos no deben incomodarnos, los sucesos históricos deben de ser motivo de reflexión antes que de juicios. La historia no se cambia se entiende, dimensiona y se explica no se culpan hechos, lejos está buscar víctimas y victimarios. Sino responsabilizarnos con la historia.

Abramos la discusión @salmazan71